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Comunidad de Spanking

Y ¡Nos mudamos al Discord! Este blog se inició como un espacio para compartir relatos de ficción y experiencias reales entre las integrantes de la comunidad de dónde surgió este blog (comunidad de Spanking solo mujeres en Facebook) pero desde hacía un tiempo el espacio en facebook nos quedó pequeño. Discord es una aplicación gratuita de comunicación que permite a los usuarios interactuar en tiempo real mediante mensajes de texto, llamadas de voz y videollamadas. El cielo es el límite 😉😍.  ¿Por qué formar parte de una comunidad? Primero porque está cool ser parte de algo donde sabes que nadie te va a juzgar. ¡Porque somos mujeres iguales a ti! Si, a ti que estás leyendo esto... Porque te da curiosidad el spanking... O quizá porque llevas fantaseando con esto desde siempre.... Y después están todas las demás ventajas, conocer otras mujeres spankos, poder hablar con más personas que te entiendan, hacer preguntas, compartir fantasías 🔥 y quizas encontrar tu match con quién sesionar...
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El Expediente de Nath — La Negociación del Gimnasio

A las 4:47 de la tarde, Nath llevaba exactamente veintitrés minutos mirando sus zapatos deportivos. No había ninguna razón particular para mirarlos. Eran zapatos... No estaban haciendo nada interesante. Pero Nath los observaba como si, entre los cordones, pudiera aparecer mágicamente una respuesta a la pregunta que llevaba veinte minutos evitando: ¿Voy al gimnasio o no? Había trabajado un poco. Había comido. Había respondido las preguntas de la clase. Incluso había hecho una pequeña tarea doméstica que nadie le había pedido. Todo parecía indicar que había tenido un día bastante decente. Excepto por una cosa. El gimnasio. Nath agarró el teléfono. —Cinco minutos no más. Abrió un video. Cinco minutos después: —Bueno... cinco más. Abrió otro. A los diez minutos apareció Hanna en el marco de la puerta del salón. No dijo nada. Simplemente miró a Nath. Luego miró los zapatos. Luego volvió a mirar a Nath con esa expresión que Nath conocía demasiado bien: la mirada de la abogada que evalúa evid...

Amelia y Emma 4: el sobre

       Era casi mediodía y Amelia revisaba con urgencia unos papeles en su despacho. A pesar del evidente estrés, se la veía feliz. La última semana había sido increíble. Es cierto que Emma seguía tan irreverente como siempre, pero eso, aunque jamás lo admitiría en voz alta, le encantaba. “¿Me estaré ablandando?”, pensó, “Tengo que enseñarle algunos modales a la mocosa”.      De pronto, como si la hubiera invocado con el pensamiento, se abrió la puerta y apareció Emma con su sonrisa de siempre. —¡Emma! —la regañó—. No puedes entrar así, sin golpear. Este es un espacio privado. La joven circulaba por su despacho con total libertad. Amelia suspiró y la observó con expresión seria. —¡Perdón! Vamos a almorzar, porfi, ¡hoy no me vas a decir que no! —Lo siento, no puedo. Estoy ocupada y es un tema serio. Emma frunció la nariz. Amelia alcanzó a ver, de reojo, esa expresión de decepción tan propia de quien está acostumbrada a que le digan que sí a to...

Amelia y Emma 3: la visita

       Pasó un día entero en que Amelia estuvo un poco distante. Emma sentía culpa por haberla dejado plantada en la muestra de fotos, pero tampoco le parecía que fuera tan terrible, ni que lo hubiera hecho tan a propósito. Simplemente sucedió . Como fuera, necesitaba verla lo antes posible. La atracción que sentían era innegable. Salió de la cama a media mañana, se dio un baño y bajó a desayunar. Siempre había alguien de servicio en la casa, y estaba acostumbrada a que las cosas se produjeran mágicamente a su alrededor. Detrás de su actitud alegre y despreocupada, podía ser un poquito tirana . No se le antojaba nada de lo que había, así que, sin probar bocado, saludó a su madre, que estaba en la sala, con un beso en la mejilla y salió a la calle. Cuando llegó al edificio de la calle Viamonte, el conserje la observó con su apatía habitual. — Estoy buscando a Amelia… —y se detuvo un momento para pensar el apellido —tengo su tarjeta por aquí, creo que es el segun...

11. Mónica y Nora - El jueguito de móvil

Estaban siendo unas semanas las cuales Mónica tenía mucho trabajo. Llegaba muy cansada del trabajo, estaba preparando las nuevas canciones para el nuevo álbum y eso le hacía   tener que trabajar horas extras, además de levantarse tempranísimo. Las normas estaban siendo más relajadas ya que en ocasiones la vida se imponía y era difícil estar pendiente. Sin embargo, esta vez Nora no tenía tanta carga laboral y como se aburría un poco decidió descargarse un videojuego para el móvil. Era un juego muy simple pero adictivo. Iba sobre una granja dónde tenía que cuidar a las ovejas, regar los tomates, plantar calabazas, ordeñar vacas, vender huevos… Era un juego muy tranquilo y a Nora se le pasaban las horas muertas jugando sin darse cuenta. Mónica se había percatado de esto porque al llegar la noche, estando las dos en la cama la había pillado varias noches jugando. Mónica: Amor, ¿estás últimamente jugando mucho a ese juego o me lo parece a mí?. Nora: Es que es súper mono, mira, cariñ...