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Mostrando las entradas etiquetadas como Victoria Ocampo

Osi y Jadzia (historia real)

Primera parte: la distancia   Jadzia: Esta historia empieza hace más de 3 años. Yo venía de un periodo de mucha actividad como spanker (y dominante). Pero los que alguna vez buscamos gente en este ambiente sabemos cómo es. Es un viacrucis. Las páginas kinky son una rueda de la fortuna de prácticas y morbos. Y lo que queremos es algo muy puntual. 5 de abril de 2022, exactamente a las 2 de la tarde. Ese fue el primer día que chateamos con Osi. En el sitio de BDSM más irrelevante que puedan imaginar, donde jamás se te ocurriría encontrar a nadie. La mexicana de 24 años me escribe algo que se supone que es un emoji. Y así empezamos a hablar y lo seguimos haciendo durante varios días. Desde el primer momento supe que era exactamente lo que buscaba. Aunque estaba la diferencia de edad, innegable, y tampoco soy tonta (por decirlo amablemente) como para engancharme en una relación con alguien que está a 8 mil kilómetros. Así que se lo dije amablemente: “lástima que estemos tan ...

Amelia y Emma 2: la exposición de fotos

 Amelia bajó al palier de su edificio y se sorprendió al encontrar una invitación física a una exposición de fotografías. Era una muestra de 10 fotógrafas en una galería muy prestigiosa con el tema mujeres en la calle. Aunque no se habían vuelto a ver, por las noches habían estado hablando con Emma. Y no le había contado nada de esto. Pero así era Emma y era una oportunidad para verse y eso era una ocasión feliz. Llegó el día y cuando ingresó a la galería, quizás más puntual de lo razonable para ese tipo de eventos, aún no había mucha gente. Tomó un folleto y se dispuso a recorrer los pasillos sola cuando vio las fotos de Emma y la envolvió una especie de orgullo. Esa estética tan limpia y marcada, algunas veces brutal y otras con esa ingenuidad que se le colaba por todas partes. Y así de pronto la vio a ella. Radiante y, como siempre, con su amplia sonrisa de dientes perfectos. A Emma se le iluminaron los ojos. —¡Amelia! ¡Qué bueno que viniste! —Claro, no me lo iba a perder…...

Pedir el castigo

 La idea era publicar temas de discusión donde todos pongamos opiniones. Este tema en particular surgió de un intercambio con una spankee , intercambios que me encantan porque me dan la posibilidad de pensar y darle una vuelta a ciertas cosas que hace años para mi estaban clarísimas pero que desde el rol de top ya no veo tan blanco/negro. Este tema tan controvertido, de pedir el castigo, surgió de un dispositivo muy interesante (precisamente de un relato de la spankee en cuestión) que es una “libreta de faltas” que debe llevar la spankee. Y nos preguntamos varias cosas, desde cuán confiable sería esa libreta de faltas hasta qué tan posible sería llevar la libreta en una interacción real. Porque parece una genialidad que tengan que anotarlo ellas en lugar de anotarlo yo misma, sobre todo para ciertas personas que se portan muy mal y no lo aceptan. O lo olvidan convenientemente. Pero, ¿funciona en la práctica? De este tema surge otro, que es el de “pedir el castigo”. Que a veces ...

Amelia y Emma 1: la foto

 El sol de las tres de la tarde atravesaba los ventanales del bar y se proyectaba en el suelo y las mesas. Amelia estaba sentada sola y, aunque sostenía su Kindle como si estuviera leyendo, en realidad estaba mirando la hora. “Quince minutos tarde”, pensó. ¿Quién era esta chica que de la nada le sacaba una foto? ¿Y cómo consiguió su número? Sus pensamientos fueron interrumpidos por la joven en cuestión que irrumpió en el bar, con su actitud relajada y su sonrisa de oreja a oreja, se acercó y la saludó. Contradiciendo su natural tendencia a ponerse seria Amelia no pudo evitar devolverle la sonrisa. Dejó el dispositivo sobre la mesa y le hizo una seña al camarero. —Llegas tarde. —Claro que no. Amelia frunció el ceño por unos segundos y se limitó a mirarla. La joven tenía un aspecto casual pero deliberadamente cuidado, su indumentaria se percibía mucha calidad. Su cabello castaño oscuro y largo terminaba en ondas sutiles. Sus dientes eran perfectos. Amelia se distrajo un min...

Instrumentos: la mano

Se podría decir, sin temor a equivocarse, que a todas las personas que les gusta el spanking les gusta dar (o recibir) palmadas con la mano. La conexión afectiva es muy fuerte y puede dejar marcas de dedos muy interesantes. Es íntima, por el contacto piel con piel y, cuando la situación lo permite, la mano tiene otros usos. No conozco a nadie que no considere a la mano entre sus favoritos (y la nombre como favorito cuando sale el tema). Tal vez habría que separarla de los demás instrumentos, porque es totalmente diferente, pero no podía empezar a hablar de instrumentos sin hablar primero de ella. La mano se relaciona además con una posición que también es la preferida, que es sobre las rodillas. Es la escena perfecta: la spankee sobre las rodillas, calzón a la altura de los tobillos y un largo rato de palmadas firmes con la mano. Funciona, además, como calentamiento previo para todo lo que va a venir después. Con respecto a la intensidad la mano es bastante amable, pero puede ser...

La palabra de seguridad

Algunos puntos de esta entrada puede que sean un poco polémicos. Digo palabra y no palabras porque, en mi opinión, el sistema de los colores del semáforo, por ejemplo, no funciona en una escena de “spanking” tradicional y esto es porque la spankee no debería controlar ni la intensidad, ni la cantidad, ni algunas otras cosas. Solo tiene una carta que puede jugar y es para detener la sesión. Entonces la palabra de seguridad, para mi, es una sola. Y puede ser cualquier cosa, siempre que sea los suficientemente poco común como para que no se use accidentalmente. Y cuando se usa debe respetarse inmediatamente, siempre y en todos los casos. Debe establecerse aunque después no se use (lo ideal sería no usarla). Su función es detener la acción si la spankee siente que quiere detenerla. Y esa función es clave porque la spanker no se va a detener por otras palabras, expresiones o reacciones (como “no”, “pará”, “basta”, “más despacio”, etc., ni por ruegos, ni por llantos) sino hasta que considere...

La mejor alumna (Parte 5)

 Mercedes estaba inmóvil. Quería mucho a Amelia, era su amiga. Atesoraba esa relación desde el primer día que se cruzaron en una muestra de arte en la calle, donde se quedaron charlando durante horas. A pesar de todo, se cruzó de brazos y no se movió. Sabía que tenía que aceptar las consecuencias, pero ahí en el departamento, con el riesgo de que su amiga, o incluso los vecinos, escucharan todo, la parálisis era brutal. Amelia la miró de frente. — No voy a repetirlo, Mercedes. —No Amelia, por favor. Haré lo que me digas, pero no aquí. — Hablemos del estado de este lugar —Amelia hizo un paneo general —Y de tu futuro en la universidad si sigues comportándote como hasta ahora. El departamento donde vivían las chicas no estaba mal y, salvo por el desorden, estaba bastante limpio. Pero el desorden era algo que Amelia no toleraba y hoy estaba más irritable de lo usual. Así que, para sorpresa de Mercedes, frunció la nariz y se puso a recoger los vasos y los restos de comida y ...

La mejor alumna (Parte 4)

La clase parecía no terminar nunca. En un intento de recuperar su estatus de buena alumna, Mercedes se había sentado adelante e intentaba simular que prestaba atención pasando la vista por la lista de bibliografía que tenía frente a ella. La silla de madera dura, sumado a que la clase duraba casi dos horas, le recordaba su charla con Amelia del día anterior. Faltar una semana no era aceptable para las expectativas de esta clase y lo sabía, aunque a veces parecía olvidarlo. No quería ni pensar en enfrentar a la profesora y mucho menos darle la nota. Pero la relación con Amelia le había cambiado la vida. Así que, intentando no pensarlo mucho y con las mejillas rojas, entregó el papel. Isabel Mujica lo leyó y no pudo evitar sonreír, Amelia podía ser cruelmente graciosa cuando se lo proponía. —Espero que hayas aprendido la lección, porque no pienso dejarte pasar ninguna más. Ni una clase, ni una entrega, ni una tardanza —agregó con total seriedad guardando la nota. —Sí, profesora —Mercedes...

La mejor alumna (Parte 3)

 Mercedes salió del departamento de calle Viamonte con la carta en la mochila. Tenía curiosidad de qué decía y no veía la hora de llegar a su departamento para sacarla y leerla. “¿Quién usa papel en estos días?”, pensó, “¿no es mucho más fácil enviar un WhatsApp?”. Pero no era lo único tradicional en el mundo de su tutora. Su cepillo era, también, de otra época. Y lo usaba con bastante fuerza. De todas maneras, se sentía feliz, aliviada. No faltar a clase y llevar un registro le parecía muy posible. Y tres semanas, una eternidad. Amelia la observó desde el balcón, la vio cruzar la calle. Pensó en ese vínculo como de hermana mayor que tenía con esa chica brillante de aspecto casual y despistado que la hacía ser demasiado laxa, demasiado permisiva. Y que la hacía involucrarse de más. “Tengo que ponerme más firme con ella”, pensó. Pero no debía dejarse llevar por las emociones. Y era un alivio que finalmente hubiera aparecido. Luego se apresuró a alistarse porque tenía que estar en l...

La mejor alumna (Parte 2)

—Pasa, toma asiento —Amelia hizo un gesto demasiado amable, un tanto frío, señalando el sofá —ya estoy contigo.  Tenía que pensar cómo proseguir, controlarse. Es que, desaparecer no era algo que tomara a la ligera. En casi cualquier otro caso hubiese desestimado el vínculo y le hubiese dicho que la disculpara pero que se volviera a su casa, que ya no la iba a poder seguir viendo.  Pero con Mercedes había algo más, una apuesta personal. Sabía que tenía potencial para lograr lo que quisiera y que tenía también todas las cualidades para tirar todo por la borda cuando la situación se ponía intensa. Pero igualmente necesitaba probarse que podía ayudarla a encauzar toda esa energía. —Amelia, por favor, lo siento…  —En este momento no tienes permitido usar mi nombre. Las únicas respuestas que quiero escuchar son: sí, señora – no, señora. —Sí, señora —respondió la joven en voz baja, casi imperceptible. —Debería tomarte de una oreja y ponerte sobre mis rodillas ahora mismo. Mira l...

La mejor alumna (Parte 1)

Mercedes cruzó la calle corriendo, preguntándose por qué siempre tenía que salir con el tiempo justo. Irrumpió en el aula de Epistemología literalmente pisando a los jóvenes sentados en el pasillo. La interrupción fastidió a la profesora Mujica, una señora adusta de unos 60 años, que le dedicó una mirada nada amable.  —… el tema del trabajo será: “La evolución del concepto de verdad” —continuó— Y es muy importante porque a partir de él elegiré a las cuatro personas de este año que me acompañarán en mi proyecto de investigación.  La joven se desplomó en su asiento, no creía tener la más mínima oportunidad. Aunque le fascinaba el tema. Aunque seguramente era la persona que más había leído sobre esa materia en todo el salón. ¿Por qué todo tenía que ser tan difícil? En esa marea de pensamientos navegó toda la hora. Cuando la clase terminó, y mientras se dirigía a la puerta, la profesora la detuvo.  —¿Puedo hablar contigo un momento? —Claro. —Hace dos días me encontré con Amel...

Confesiones de una spanker IV: la adrenalina

La conversación puede parecer casual, pero sé que detrás de esa aparente tranquilidad ella solo puede pensar en lo que va a pasar a continuación. No solo lo sé, lo siento. Lo siento cuando está sentada en el coche a mi lado y no deja de moverse. O cuando estamos frente a las escaleras que van a la habitación y se detiene, y tengo que indicarle que suba. O cuando entramos al ascensor, nos rozamos apenas y siento cómo se estremece. Actúo como si no pasara nada y observo su reacción. Puedo escuchar y ver cómo se acelera su respiración. Y esto no es nada y lo sabe. Pronto verá lo que pasa con las chicas que se portan mal. Esta es la moneda que más usamos: la adrenalina. Hay muchos estudios sobre cómo la adrenalina se relaciona con el deseo sexual. Todas las relaciones cuando comienzan (no solo las kinkies) aumentan el flujo de adrenalina, lo que facilita que la sangre llegue a los órganos genitales. Cuando conocemos a alguien que nos atrae se activan neuronas con un elevado contenido de ...

Confesiones de una spanker III: el radar

Algo así como su habilidad para leer las “pistas” Últimamente pienso ¿Acaso mi radar está averiado? Este es un texto experimental. Léase con discreción. No es tan fácil como parece Si esto lo leyera mi spankee self (o sea yo misma en el rol de spankee, en un pasado tan remoto que parece otra vida) no creería que lo escribí yo. Cuando estaba en el “otro rol” estaba todo muy claro y eran los spankers los que no tenían idea de lo que pasaba. Es más, no entendía por qué no veían todo con total claridad, si está más claro que el agua. Las reglas son estas, la spankee va a romperlas y cuando lo haga va a usar todo (o mucho de) lo que tenga a mano para zafar del castigo. Y cuando digo todo me refiero a CUALQUIER COSA. Y hay muy buenos argumentos y muy buenas argumentadoras. Porque de eso se trata el juego, de romper las reglas y salir victorioso… ¿o no? Además, hace unos 20 años, era experta en este tipo de argumentos irrefutables. Pensaba: si yo cambiara de rol mi spankee estaría en serios p...

Las alumnas de Karen (Parte 5)

Amelia señala el piso justo frente a ella. —Párate aquí. Sofía es un torbellino de emociones contradictorias, pero de todas maneras se acerca. El silencio, el estilo de la habitación y las circunstancias que la llevaron hasta allí la abruman, pero no sabe cómo escapar. Y eso que es una maestra del escape. —Hablemos de tu escenita en la otra habitación.   —No quise tirar el jarrón, no fue a propósito —responde desafiante. —Lo imagino, Sofía, pero no se trata solo del jarrón. Hablemos de tu comportamiento antes de eso. O de tu comportamiento en la escuela. Todo eso tiene que cambiar. —¿Qué te importa a ti lo qué hago en la escuela? Amelia levanta instintivamente la regla y la señala. —Es hora de que cambies tu actitud. Vas a portarte bien y no solo aquí, en la escuela, en clase de matemática, en la calle, donde quiera que estés —y mirándola a los ojos agrega— Sobre mis rodillas, ahora. Sofía permanece inmóvil y desafiante, intenta una media sonrisa. La voz de Amelia...

Las alumnas de Karen (Parte 4)

La adolescente apela a todo el coraje que puede reunir y camina hacia Amelia, que la toma del brazo y la pone sobre sus rodillas. Todo sucede demasiado rápido, demasiado fácil. Su estómago queda apoyado perfectamente sobre su falda, sus manos se aferran instintivamente al travesaño de la silla. Siente que la vergüenza le tiñe las mejillas y las orejas. Sin ningún preámbulo Amelia le levanta la falda a cuadros, toma la regla con firmeza y la apoya sobre las nalgas con intención. Sabe que un castigo en ese escenario no amerita suavidad ni demasiado precalentamiento, aunque la infractora tenga quince años —No, por favor… —Jimena deja escapar un gemido que es casi un ruego. No puede creer lo que está sucediendo. — Confío en que esto te enseñará a comportarte en la escuela, Jimena. Acto seguido comienza a azotarla con la regla sobre la ropa interior, golpes rítmicos y constantes. No necesita usar mucha fuerza y la reacción no se hace esperar. A los pocos segundos Jimena empieza a qu...

Las alumnas de Karen (Parte 3)

El viaje transcurre asombrosamente rápido. Pocos minutos después las chicas están de pie en la vereda de un antiguo edificio. Sofía quiere marcharse a toda costa. —Faltan más de 15 minutos, vamos a caminar un rato. Jimena sospecha que no es una buena idea, pero no puede evitar seguir a su amiga. Es una hermosa mañana de otoño y caminan como personas adultas, y libres. Aunque los uniformes escolares no ayudan a proyectar una imagen de adultez, ni mucho menos de libertad. Una hora después todavía están dando vueltas. —¡Vamos a mi casa Jime! Ya fue.  Jimena sabe que no es posible y usa toda su reserva de valor para ponerse de pie y dirigirse al edificio de calle Viamonte. Pero apenas avanza. Sofía, entonces, vuelve a ser ella misma. Pensándolo bien es una situación bastante divertida. ¿Qué podría decirles, finalmente, esta mujer? — La tarjeta dice segundo piso —Murmura mientras caminan hacia la escalera de mármol. Las detiene la voz de un hombre con aspecto de conserje. ...