Uno de los hobbies principales de Nora era que le encantaba molestar a su mujer. Sabía que tenía que ganar puntos para Bratnia, pero principalmente lo hacía porque era su momento de desconexión, de risas, de gamberreo. Tenía un trabajo exigente dónde le exigía seriedad y sin duda esta era una buena forma de vincularse con su pareja desde la relajación. Esa tarde no tenía trabajo, lo tenía todo hecho, estaba la casa recogida, no había informes, ninguna serie de la tele convencía, no le apetecía leer mucho… así que fue en busca de su mujer para ver qué hacía. Mónica estaba en el despacho, trabajando con el portátil, concentrada. Ese silencio de teclado, de foco, de “no molestes”. Nora apareció en la puerta, apoyándose en el marco. —Amor… —Mmm —respondió Mónica sin levantar la vista. —¿Sabías que cuando trabajas te pones muy seria? —Estoy trabajando. —Y también te pones muy guapa cuando te concentras. Silencio. —Nora… —¿Qué? Solo te quería avisar por si no te habías dado cuenta. Mónica su...
La semana empezó torcida desde el lunes. No de golpe, no con un gran problema, sino de esa forma más silenciosa en la que todo se va acumulando sin que casi te des cuenta hasta que pesa. Y Nora estaba entrando ahí. Tenían un contrato de disciplina doméstica donde ambas pactaban que Mónica se encargaría de que Nora no descuidase su autocuidado, ya que en muchas ocasiones el cúmulo del estrés del trabajo, las obligaciones y la vida en general hacía que se le olvidase el hacer ciertas rutinas que mantenían bajo control su salud física y mental. Lunes Nora solía llegar a casa a las 8 de la tarde. El reloj marcaba las diez en punto cuando se oyó la puerta. Mónica, desde el sofá, levantó la mirada automáticamente. —Ya estoy… —la voz de Nora salió arrastrada, sin energía. Entró despacio, dejando el bolso caer casi sin mirar dónde. Ni siquiera se quitó bien la chaqueta. Mónica la observó con atención. No dijo nada al principio. Solo miró. Ese gesto de Nora, los hombros caídos, la cara ap...