Convocaron a Mónica para que fuera en una de las carrozas representando a la comunidad de lesbiana. Aprovechando su profesión de cantante profesional deleitaría a tod@s con su gran voz.
Le dieron entradas extras para que pudiera subir a quién quisiera en la carroza. Su esposa Nora, estaba invitada, así que decidieron llamar al resto de amigas íntimas de ellas que pudieran disfrutar del espectáculo. Ese era un día muy lindo para festejar por los derechos de la comunidad LGTBIQ+ y era un honor poder participar en ese día.
Estaban ambas en el camerino de la cantante. Tenían privacidad para que Mónica se pudiera vestir tranquila. Mónica se puso radiante con un traje de mono-pantalón enterizo con los colores de la bandera lésbica con tacones a juego. Nora sin embargo, mucho más informal, le encantaba un estilo más casual. Iba con vaqueros cortos, zapatillas deportivas Converse con la bandera del arcoíris y una camiseta blanca con la bandera a juego. Ambas se pusieron purpurina en la cara y lucían felices.
Nora: Amor, estás preciosa - le dijo mientras le daba un beso en los labios.
Mónica: Gracias, mi vida, aunque sabes que tu look me gusta mucho más, esto es sólo para la actuación.
Nora: Lo sé, mi amor. Por cierto… en la carroza…¿cuánto alcohol me dejas tomar?
Mónica: ya sabes qué pasó la última vez. Máximo, máximo 2 copas. Que no tenga que recordarte lo que te dolió el culo en la última borrachera y dudo que quieras repetir.
Nora: No, no, tranquila, que me acuerdo. De todas formas estaré entretenida con las pistolas de agua que hay en la carroza mojando a la gente jajajajaja.
Mónica: Que no te tenga que llamar la atención. Pórtate bien, por fa.
Nora: Que siiiii, sólo voy a divertirme un poco.
Se subieron en la carroza con las demás amigas. Málaga estaba llena de gente para celebrar el día tan bonito de reivindicación. Había música en las calles, muchas banderas de los colores del arcoíris, mucha gente bailando en las calles. Las chicas dentro de la carroza llevaban su propia música, tenían cañones de confeti de colores para tirar a la gente, había una neveras con hielo llenas de cervezas, vino blanco, vino rosado, refrescos, agua. Todas tomaron una copa de vino, incluida Mónica y Nora y brindaron por el orgullo de pertenecer a esta comunidad y después brindaron con los asistentes. Tras el brindis, Mónica cogió el micrófono y se puso a cantar. Lo hizo espectacular, la gente cantando a coro con ella. Nora no podía estar más orgullosa de su mujer.
Nora: ¡¡¡¡Esa es mi mujer!!!! - gritó silbando.
Tras el pequeño concierto que Mónica dio, continuaba la carroza andando y Nora con las pistolas de agua se puso a mojar a todo el público. La gente lo agradecía mucho porque hacía mucha calor. Eran todos risas hasta que se le ocurrió una pequeña travesura. Esa brat cabeza no paraba nunca. Llenó una de las pistolas de agua con vino blanco, sin que nadie se diera cuenta. Quería lanzarle vino a su mujer a la boca para echarse unas risas y después se la comería a besos.
Nora: Cariño, arriba las manos y abre la boca o te arrepentirás jajajajaj- dijo mientras le apuntaba con la pistola.
Mónica: Nora, déjate de tonterías y suelta esa pistola, que como me mojes, te enteras.
Nora: Lo siento, Jefa, pero hoy no mandas tú, la pistola es la que decide a quién mojar jajajajaja.
Mónica: Ni se te ocurra - le dijo mirándola súper seria.
Nora: ¿No confías en mí, mi vida? Jajajajaja, haces bien, yo no me fiaría. - le decía mientras le seguía apuntando a la cara y cada vez estaba más cerca. El resto de chicas miraban la escena riéndose ya que sabían la relación que tenían las dos de disciplina doméstica y sabían del lado de brat de Nora.
Mónica: No te lo repito más, como me mojes una sola gota, no te sientas en lo que queda de día.
Nora: Abre la boca, desconfiada de mi vida.
En ese momento Mónica estaba cruzada de brazos y Nora disparó con tan mala suerte que la carroza pasó por un bache e hizo que la puntería de Nora no fuera tan buena y le terminara de manchar el traje a Mónica. En ese momento, Nora tiró la pistola al suelo y puso las dos manos en su boca. La cara de su mujer era un poema, estaba empapada de vino blanco. Se miró las manchas y después miró enfurecida a su chica.
Nora: Perdón, perdón, perdón.
Se acercó a Nora con un paso decidido, le cogió de la muñeca y le dijo al oído:
Mónica: Te lo advertí y no me has hecho caso. Luego en el camerino te pienso poner el culo rojo y no te quiero escuchar ni respirar. ¿Entendido? - lo dijo en un tono muy intimidante
Nora: perdón, ha sido el bache, solo quería echa……
Mónica: Ni una sola palabra - no le dejó terminar la frase.
Las chicas secaron a Mónica como pudieron, pero ella como buena profesional, a los pocos minutos cogió el micrófono de nuevo y continuó cantando un par de canciones más.
Julia: jajajajaja, tía la que has liado. Tu mujer tiene que estar hecha una fiera. Y más que no sé si sabes, pero el traje es de la organización, del evento.
Nora: Ya… si ya me ha amenazado de muerte. Sólo quería echarle un poco de vino en la boca con la pistola, pero tía, la mala puntería y el puto bache ha coincidido
Julia: Es para matarte, la verdad. Suerte con el castigo, ya nos contarás jajajajaj.
Nora: sois una panda de chismosas.
Julia: Sí, somos jajajaja.
Las chicas y Mónica siguieron bailando y disfrutando del evento, pero cada vez que el matrimonio se cruzaba las miradas a Nora se le encogía el estómago.
Llegaron al fin de las carrozas. Habían quedado para cenar todas juntas en un restaurante. Mónica tenía que volver al camerino a cambiarse de ropa y ponerse unos zapatos más cómodos.
Nora: Cariño, te espero en el restaurante con las chicas - dijo delante de todas.
Mónica: De eso nada, tú te vienes conmigo que tengo que hablar seriamente contigo- le dijo mientras le cogía de una muñeca y le daba un tirón para que la siguiera.
Luna: Uuuuuuh, suerte Nora!!
Julia: Mónica, no seas muy dura con ella, ha sido sin querer…evitarlo jajajajaj
Nora: ¿Vosotras sois amigas o enemigas? Qué sois unas cabronas.
En ese momento Mónica le soltó un guantazo fortísimo en uno de los cachetes del culo a Nora.
Mónica: ¡¡¡Esa boca!!
Nora: Auuuch- se frotó el culo.
El aire en el camerino era denso, cargado con el olor a sudor, brillantina y el dulzor residual del vino blanco. Fuera, la música del PRIDE 2026 retumbaba como un latido lejano. Se miró en el espejo iluminado, y la visión le hizo hervir la sangre. El traje lo tenía casi entero manchado.
Nora: Cariño, perdóname, fue sin querer. Sólo quería echarte un poco en la boca por la gracia… pero la mala puntería y el bache…
Mónica: ¿Gracioso? ¿Estás de broma, Nora? ¿Ves esto? —Su mano, con los dedos temblorosos de rabia, acarició la mancha.— Esto no es mío. Es de la organización. Me lo prestaron para cantar hoy, para representarles. ¿Sabes lo que cuesta? ¿Sabes el compromiso?
La sonrisa se había desvanecido.
Nora: Ya lo lavaremos, o yo pago la limpieza…
Mónica: ¡No se va a lavar! —estalló su voz. ¡Está arruinado! ¡Y yo he quedado como una imprudente, una guarra delante de medio mundo! ¡Por tu puta gracia!
Cada palabra era un latigazo. Nora retrocedió un paso, la chulería inicial se reemplazaba por un malestar creciente.
Nora: Venga, no es para tanto… Fue un accidente en el día del PRIDE, relájate, disfruta…
Mónica: ¿Que me relaje? - Ésta avanzó, y había algo tan peligroso en su calma súbita que Nora se quedó paralizada.— Tú, con tu infantilidad y tus tonterías, lo has estropeado. Siempre igual. Hoy no. Hoy vas a aprender lo que cuesta la responsabilidad. De verdad.
Le agarró fuerte del brazo, Mónica se sentó en un sofá del camerino.
Nora: ¿En serio? ¡Esto es ridículo!.
Mónica: Lo ridículo fue lo que hiciste.
Con manos seguras, Mónica desabrochó el vaquero corto que Nora llevaba y lo bajó, junto con sus braguitas, hasta la mitad de sus muslos. La piel pálida de las nalgas de Nora quedó expuesta al aire frío del camerino. La tumbó en sus rodillas Nora contuvo la respiración, la vergüenza quemándole las mejillas más que cualquier golpe.
El primer azote cayó con un sonido seco y contundente.
Nora: ¡Ay! ¡Para!
El segundo, el tercero, el cuarto… fueron cayendo con un ritmo implacable. Al principio, Nora intentó mantener la compostura, apretando los dientes. Pero pronto, el dolor agudo y acumulativo se volvió insoportable. Un calor intenso se extendió por su piel, transformándose en un fuego punzante. Pataleó, sus piernas se agitaban en el aire impotentes.
Nora: ¡Para, por fa! ¡Duele! ¡Lo siento, ya lo siento!
Mónica no respondió. Continuó, azote tras azote, cubriendo metódicamente toda la superficie de las nalgas, hasta que el color rosa pálido se transformó en un rojo uniforme y vivo, un violento recordatorio de su falta. La respiración de Mónica era la única constante, medida y firme, mientras la de Nora era un sollozo entrecortado.
Finalmente, Mónica detuvo la mano en el aire. Observó el trabajo hecho: la piel enrojecida y caliente. El mensaje estaba claro. Con los mismos movimientos precisos, subió la ropa interior y el pantalón corto vaquero de Nora sobre la piel sensible. Nora se incorporó de un salto, frotándose las nalgas con las manos, esquivando la mirada de Mónica.
Mónica: Escúchame bien - dijo levantándose y ajustándose el vestido manchado- Tenemos una cena con Julia y Luna. Espero un comportamiento ejemplar. Serás amable, atenta y estarás a la altura de este día. Si haces el más mínimo alarde, si intentas vacilar o faltar al respeto de nuevo cuando lleguemos a casa, continuaremos esto. Con el cepillo de madera del baño. ¿Está claro?
Nora, con los ojos aún vidriosos, asintió rápidamente.
La cena en la terraza del restaurante estaba en pleno apogeo. Las luces de la ciudad y los últimos colores del Pride iluminaban la noche. Julia y Luna saludaron con entusiasmo cuando llegaron.
Luna: ¡Por fin! ¿Todo bien? Nora, cariño, ¿te duele mucho el… culo? preguntó Luna con una sonrisa pícara al ver la forma cuidadosa en que Nora se acomodaba en la silla.
Nora las miró con una seriedad inusual.
Nora: Estoy perfectamente - Su voz no invitaba a más bromas.
Mónica se sentó, con elegancia ya con ropa limpia.
Mónica: Disculpad el retraso - dijo con una calma sorprendente - Tenía que impartir una lección de modales a mi esposa. Parece que el espíritu festivo la nubló el juicio hoy.
Durante toda la cena, Nora tuvo un comportamiento ejemplar. Atenta, conversadora sin excesos, servicial. Pasó los platos, rellenó las copas de agua y participó en las conversaciones con un respeto notable. No hubo chistes de mal gusto, ni intentos de robar protagonismo. Solo una mujer que, ocasionalmente, cambiaba de postura con discreción, un leve estremecimiento cruzando su rostro cuando el duro asiento de la silla presionaba sobre su sensible piel.
Bajo la mesa, sintió la suave presión del pie de Mónica contra el suyo. No era un gesto de dominación, sino un recordatorio tácito: un reconocimiento silencioso de su buen comportamiento. Nora miró a su esposa, y por primera vez desde el camerino, hubo un atisbo de comprensión, no de resentimiento, en sus ojos. El orgullo, comprendió entonces, no solo se llevaba en un desfile. A veces, se ganaba en la humildad de un perdón y en la dignidad de un comportamiento correcto. Y esa noche, ella estaba decidida a portarse estupendamente.
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