Ir al contenido principal

9. Mónica y Nora - Chinchando a Abby

Estaban de vacaciones en casa, hacía bastante calor y Mónica, estaba colocando con cuidado una nueva planta que le había regalado en la tierra fresca del jardín. Lo hacía con mucho cariño porque le encantaba la botánica y sin duda era su momento de relajación. Desde la cocina llegaban risas ahogadas y murmullos que ella intentaba ignorar, concentrándose en su tarea.


Dentro estaba Nora jugueteando con Abby, su sobrina de quince años. La conexión entre ellas era inmediata y eléctrica; ambas compartían ese espíritu juguetón que a veces rozaba la provocación. Cuando Mónica volvía la espalda para ajustar el riego automático, Nora le sacaba la lengua a Abby, le lanzaba algo a la cabeza y Abby respondía con un gesto obsceno que hacía que ambas contuvieran la risa con las manos en la boca o le tiraba algún pellizco o patada. Sabían que Mónica detestaba esas muestras de falta de respeto, pero la tentación de desafiar sus límites era demasiado grande.


La escalada comenzó en la cocina. Abby estaba bebiendo agua y Nora fue a moverle el vaso para que se le cayera por lo que Abby hizo el gesto de tirarle el agua encima. Nora le dijo en un susurro que no era lo suficientemente valiente para hacerlo, a lo que Abby, ni corta ni perezosa, le tiró todo el contenido junto con el hielo por la cabeza mojando a Nora entera.


Nora soltó una carcajada sorprendida, pero sus ojos brillaron con la promesa de una venganza rápida. Le amenazó con meterle la cabeza debajo del grifo del fregadero pero Abby empezó a gritar llamando a Mónica. Sin pensarlo dos veces, Nora corrió escaleras arriba hacia la habitación de Abby. Pegó un portazo para que la cría no entrara y minutos después, los peluches que tenía en la cama (un pato adorable, un cerdito, otro personaje de televisión favorito, una tortuga) los lanzó por la ventana haciendo que cayeran en la entrada de la casa. Se escuchaban los gritos de Abby para que le abriera la puerta mientras su tía Nora ejecutaba la venganza. Al abrir la puerta, Nora lanzó dos peluches más escaleras abajo mientras no dejaba de reírse.


La expresión de Abby se transformó de la diversión a la furia genuina en cuestión de segundos. "¡Tía Mónica!" gritó, corriendo hacia el jardín donde su tía seguía con sus plantas. Las lágrimas brillaban de rabia en sus ojos mientras señalaba hacia la casa. “¡Nora ha tirado mis peluches por la ventana y por la escalera!


Mónica se levantó lentamente, sacudiéndose la tierra de las rodillas de sus pantalones. Su rostro, normalmente sereno cuando estaba concentrada en una tarea, se endureció con una expresión que Abby reconocía demasiado bien: la mirada que decía que las iba a caer una buena a las dos.


Dentro de la casa, Nora ya bajaba las escaleras con una sonrisa triunfante que se desvaneció al ver a Mónica parada en la entrada de la cocina, con los brazos cruzados.


Mónica: ¿Alguien quiere explicarme qué está pasando aquí? - preguntó con voz grave.


Abby y Nora comenzaron a hablar al mismo tiempo, acusándose mutuamente y levantándose la voz. Mónica levantó una mano, y el silencio cayó de inmediato.


Mónica: Abby, recoge tus peluches y ve a tu habitación a terminar tus deberes. No os quiero juntas lo que os queda de día, que estoy harta de vuestras tonterías y al final me tengo que acabar enfadando yo-  ordenó Mónica sin levantar la voz, pero con una autoridad que no admitía discusión. 


Nora hizo una mueca de fastidio y giró sobre sus talones, dirigiéndose hacia la puerta trasera que conducía al jardín. 


Nora: Me voy al jacuzzi, pero esto no es justo- anunció mirando con odio a Abby. 


Abby, todavía resentida pero obediente, subió las escaleras con los auriculares puestos, sumergiéndose en su mundo de música mientras intentaba procesar la injusticia que sentía.


En el jardín, el agua burbujeante del jacuzzi envolvía a Nora desnuda como un abrazo líquido. Intentaba calmarse pero tenía la situación injusta en la cabeza, no podía dejar que Abby se saliera con la suya. Cuando Mónica apareció, deslizándose en el agua frente a ella, Nora evitó su mirada, concentrándose en las burbujas que subían hacia la superficie.


Mónica: Nena, necesitamos hablar sobre tu comportamiento - comenzó con una voz más suave ahora pero no menos firme.


Nora: ¿Y el de Abby? replicó Nora, cruzando los brazos sobre su pecho. "Ella empezó."


Mónica: Tú eres la adulta. Tienes cuarenta y un años, no quince. Y además, ¿qué ejemplo le estás dando?


Nora soltó un suspiro exasperado. En ese momento, unos de los perros fue a subirse al bordillo del jacuzzi y casi se cae dentro. 


Nora: Jeeeeeefa ¿puedo meter a uno de los perros? Me ayudaría a relajarme y seguro que se me pasa el enfado.


Mónica: Rotundamente no -  respondió sin vacilar. 


Nora: joder, es que no me dejas hacer nada. No puedo provocar a la niña, que sabía que estaba jugando con fuego, si no sabe entrar en esta liga, que no se meta. Y tampoco me dejas meter a los perros. Es que no puedo hacer nada en esta casa, joe - dijo cruzándose de brazos de nuevo, con la mirada cruzada y los dientes apretados. 


Mónica se acercó con calma pero con una voz autoritaria.


Mónica: Salte del jacuzzi y me esperas en el despacho, que te voy a bajar los malos humos que tienes. YA.


Nora: No, por fa, ya se me pasa, ya estoy bajado.


Mónica: ¿Te lo tengo que volver a repetir? Y me esperas mirando de cara a la pared. AHORA.


Nora: Siempre igual, siempre tengo yo la culpa. 


El 'ahora' tenía ese tono particular que Nora conocía demasiado bien: el tono que significaba que la discusión había terminado y las consecuencias estaban por comenzar. Por un momento, pareció que iba a protestar, pero la mirada de Mónica —dura, inamovible— la hizo claudicar.


Se salió a regañadientes, se secó y se fue con mirada de odio hacia el dichoso despacho.


Nora obedeció y se puso de cara a la pared sintiendo la frescura del yeso mientras miraba fijamente la superficie blanca. Los minutos pasaron lentamente, dándole tiempo para reflexionar. Sabía que había cruzado una línea, no solo con Abby sino también desafiando la autoridad de Mónica de manera pública y deliberada.


Cuando Mónica regresó, llevaba en la mano el objeto que Nora había llegado a conocer demasiado bien: el cepillo de madera para el pelo, de mango largo y grueso y cerdas duras, que en su hogar tenía un propósito muy diferente al de peinar. Su simple presencia en la mano de Mónica hacía que el estómago de Nora se contrajera.


Mónica: Ven aquí. 


Nora caminó hacia ella, sus pantalones cortos de verano rozando sus muslos. Como era habitual, no llevaba ropa interior, una preferencia personal que en momentos como este parecía una elección especialmente imprudente.


Mónica la tomó de la mano y la guió suavemente sobre sus rodillas. La posición era íntima y humillante a la vez, con Nora tumbada boca abajo.


Mónica: Sabes por qué esto es necesario. No se trata solo del incidente con Abby, sino de tu actitud desafiante, tu falta de respeto hacia mi autoridad y el modelo pésimo que estás siendo para nuestra sobrina. Y encima, que aún sigas enfadada. 


Antes de que Nora pudiera responder, el primer azote resonó en la habitación silenciosa con la mano. Le siguió una tanda firme, pero Nora aún seguía enfadada, no le quería dar el gusto. A lo que Mónica, que la conocía perfectamente, sabía que le estaba echando el pulso, por lo que le bajó el pantalón de un tirón  y continuó más fuerte la tanda de azotes con la mano. 


Mónica: Eres la adulta - repetía entre azotes, su voz firme pero no cruel. Tienes responsabilidades. No puedes comportarte como una adolescente cuando tenemos a una adolescente real en nuestra casa.


Acto seguido, cogió el cepillo de madera y golpeó contra la piel desnuda  bastante fuerte. Nora contuvo la respiración, sorprendida por la intensidad incluso cuando estaba esperándola.


Los golpes continuaron, metódicos y precisos, cubriendo cada centímetro de las nalgas de Nora con una atención sistemática que hablaba de la experiencia de Mónica en estas situaciones. Con cada impacto, un calor intenso se extendía, aumentando con cada golpe subsiguiente hasta que la sensación se transformó en un dolor agudo y penetrante.


Al principio, Nora intentó mantener su orgullo, apretando los dientes y cerrando los puños. Pero a medida que el dolor aumentaba, transformándose de un escozor superficial a una quemadura profunda que prometía durar días, su resistencia comenzó a desvanecerse. Las lágrimas se le saltaron, primero en silencio y luego acompañadas de sollozos que sacudían su cuerpo y los pataleos. 


Nora: Vale, lo siento -  murmuró entre gemidos. 


Mónica disminuyó el ritmo, los azotes ahora más espaciados pero no menos intensos. 


Mónica ¿Qué fue lo que hiciste mal?


Nora: Provocar a Abby... desafiar tu autoridad... no ser un buen ejemplo -  enumeró Nora entre jadeos, cada palabra saliendo con dificultad.


Finalmente, Mónica dejó el cepillo a un lado y comenzó a acariciar suavemente la espalda de Nora, evitando cuidadosamente las áreas enrojecidas y ya comenzando a mostrar los primeros tonos violáceos que sabían que aparecerían en las próximas horas.


Mónica: Ya hemos terminado, espero que hayas aprendido la lección - dijo ayudando a Nora a incorporarse con cuidado.


Las lágrimas todavía corrían por el rostro de Nora, pero eran de alivio y arrepentimiento genuino. Se abrazaron, y Mónica sostenía a su esposa contra su pecho, acariciándole el pelo.


Mónica: Ahora vas y te disculpas con Abby, susurró Mónica. Y esta noche, ambas van a comportarse de manera ejemplar. ¿Entendido?.


Nora asintió, su orgullo y rebeldía se había esfumado junto con la adrenalina del castigo. 


Nora: Lo haré. Lo siento, cariño.


Más tarde esa noche, después de que Nora se disculpara sinceramente con Abby y le ayudara a rescatar y lavar a los peluches del jardín, las tres compartieron una cena tranquila. Abby, sorprendida por la humildad de su tía Nora, correspondió con su propia disculpa por iniciar el conflicto.


Mónica observaba desde la cabecera de la mesa, una leve sonrisa en sus labios. El castigo había cumplido su propósito: restaurar el equilibrio, recordar los roles y responsabilidades, y reafirmar los límites que mantenían su familia funcionando armoniosamente.


Esa noche, mientras se acostaban, Nora se acurrucó contra Mónica, su trasero aún sensibles contra las sábanas frescas.


Mónica: ¿Estás bien, mi niña?


Nora asintió contra su hombro.


Nora: Y mañana te vas a sorprender del ejemplo que voy a ser.


Mónica la besó en la frente, satisfecha no por el dolor que había causado, sino por la paz y el propósito que había restaurado. En su hogar, la disciplina nunca era sobre el control por el control mismo, sino sobre el cuidado, la responsabilidad y el amor que sostenía su particular dinámica familiar bajo el mismo techo.

Comentarios

  1. Soy fan de la sobrina!
    Una pasada de relato, gracias por explicarlo con tanto detalle, eres maravillosa.❤️
    Por cierto, que maldad tiene Nora con los peluches... La chiquilla solo quería refrescarla...

    ResponderEliminar
    Respuestas
    1. Prima, tú de qué equipo eres?!!

      Eliminar
    2. Que pecha tiene la pobre Monica con la mujer y la sobrina… que penita me da, a veces me pongo en su piel y me pegaría un tiro si fuera ella. A los altares la vamos a subir, que digo a los altares, un monumento de los grandes por esa paciencia. Te quiero mi niña, pero el próximo día, le voy a decir a esa Monica que coja la puerta y no pare de correr… es solo por dar una idea

      Eliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

La vergüenza (Castigos segundo y tercero de la semana) de Ejune y Patty

LA VERGÜENZA Había sido una semana intensa a nivel de castigo que se refiere. El primer castigo fue el de los dulces y el chocolate (el relato que tengo publicado llamado “3 días de castigos”).  El segundo día de castigo de la semana fue por una tontería muy grande. Venía con hambre del trabajo y con ganas de comer sushi. Había pasado una tarde fantaseando con irme a cenar en el restaurante y cuando llegué no pudo ser. La Jefa tenía otra cena preparada y la niña estaba enferma con el estómago. Sé que lo hice mal y fue súper injusto, pero como estaba molesta, monté una pataleta, pensando que me saldría “gratis” porque hacía dos días que ya me había puesto el culo muy dolorido con la lexan. Estaba muy equivocada, me mandó a la sala azul que la esperara allí hasta que terminara de preparar la cena. En lugar de estar esperándola de cara a la pared como debo hacer cuando me manda a esa habitación, me quedé sentada en la cama esperándola. Obviamente, eso la enfadó. Me dio varios azotes c...

8. Mónica y Nora en el PRIDE 2.026

Convocaron a Mónica para que fuera en una de las carrozas representando a la comunidad de lesbiana. Aprovechando su profesión de cantante profesional deleitaría a tod@s con su gran voz. Le dieron entradas extras para que pudiera subir a quién quisiera en la carroza. Su esposa Nora, estaba invitada, así que decidieron llamar al resto de amigas íntimas de ellas que pudieran disfrutar del espectáculo. Ese era un día muy lindo para festejar por los derechos de la comunidad LGTBIQ+ y era un honor poder participar en ese día. Estaban ambas en el camerino de la cantante. Tenían privacidad para que Mónica se pudiera vestir tranquila. Mónica se puso radiante con un traje de mono-pantalón enterizo con los colores de la bandera lésbica con tacones a juego. Nora sin embargo, mucho más informal, le encantaba un estilo más casual. Iba con vaqueros cortos, zapatillas deportivas Converse con la bandera del arcoíris y una camiseta blanca con la bandera a juego. Ambas se pusieron purpurina en la cara...

7. Mónica y Nora - La borrachera

Mónica respiró hondo frente al dormitorio cerrado, sus nudillos blancos al apretar las manos. Las manecillas del reloj del pasillo marcaban las 10:32 de la mañana. Nora aún roncaba suavemente, un sonido que normalmente le parecía adorable, pero que hoy solo alimentaba la decepción que ardía en su pecho. La noche anterior había sido un desastre. Nora, con su camiseta graciosa que decía “El caos es mi cardio”, sus vaqueros ajustados y las zapatillas de deporte manchadas, había llegado a casa pasada la una de la madrugada. No solo tambaleándose, sino hablando con la lengua trabada y además de una forma agresiva que Mónica nunca le había escuchado, además apestando a alcohol barato. Nora: ¿Y tú quién eres para decirme algo? señalándola con el dedo. Solo eres mi esposa, no mi… mi carcelera, que eres una dictadora.  A Mónica le sentó fatal el comentario, sabía que lo decía porque esta bebida. Pero lo peor, lo absolutamente imperdonable, era que Nora estaba tomando medicación para l...