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Capitulo 5 Valery y Elena: Corazón roto parte II



Después de aquel beso apasionado, la cena transcurrió tranquilamente. Valery no volvió a indagar sobre lo ocurrido el viernes mientras estuvieron en el restaurante. Sin embargo, no pensaba dejar el tema de lado; ella jamás pasaba nada por alto, simplemente sabía esperar el momento adecuado para retomarlo.

Ambas bajaron del coche y entraron a la casa de Elena. Al llegar a la sala, Elena le ofreció algo de tomar, pero Valery negó con la cabeza.

—Entonces, ¿ya te irás a casa? ¿O te gustaría ver una película o algo? —preguntó Elena.

—No, jovencita. Nada de películas. Es lunes y mañana tienes clases. Hoy no pusiste mucha atención, pero yo me voy a asegurar de que mañana estés al cien por ciento.

Una especie de corriente recorrió el cuerpo de Elena. Bastó aquella frase para ponerla nerviosa. Sabía perfectamente que aquello terminaría siendo una de esas largas conversaciones que comenzaban con un simple «vamos a hablar» y terminaban dejándola sentada, con las nalgas al rojo vivo, frente a su tutora.


Valery: Quiero que subas por el cepillo de la ducha y me lo entregues.

Elena: Pero, Vale...

Valery: Pero nada. Sube y no me hagas repetirlo otra vez. Y deja de intentar tomarlo todo a broma.

Elena: No, no... voy corriendo.

Valery: Sin correr. ¿Ya te olvidaste de lo que pasa cuando haces las cosas a toda prisa?

Elena: No... perdón. Subiré lentamente.

Valery: No te hagas la chistosa. Tienes dos minutos para subir y bajar. Si en dos minutos no estás de vuelta junto al sofá, tendremos una conversación mucho más seria, jovencita.

Elena: Ay, ya pues... ni que hubiera hecho algo tan grave.

Valery se acercó a Elena y la miró fijamente, dejando claro que no estaba dispuesta a permitirle seguir esquivando el tema y le dio tres nalgadas firmes y fuertes para dejarlo aun  más claro.

Valery: No vuelvas a contestarme de esa manera. Ahora ve por el cepillo.

Elena: Sí, profe. Lo siento 

Valery: Las disculpas guárdalas para después.

Sin decir una palabra más, Elena subió las escaleras. Sabía que, esta vez, ya no tendría forma de seguir evitando la conversación que Valery llevaba toda la noche esperando.


Elena: Aquí está, profe. (Se lo entregó directamente)

Valery: Muy bien, así está mejor. (Valery se sentó en el sillón mientras observaba a Elena de pie frente a ella) Bueno, ahora sí quiero que me cuentes qué pasó el viernes.

Elena: Pero es que eso ya... (Valery la interrumpe)

Valery: Eso nada. Te la pasaste desviando el tema en el restaurante. Quiero la verdad, y la quiero ¡YA!

Elena: Fue un malentendido, se aclaró la historia, se acabó.

Valery: Tú no decides eso. Y ya que no quieres hablar por las buenas, te lo voy a sacar por las malas. (Tomó su mano y la jaló cuidadosamente mientras Elena forcejeaba y le decía "no, porfe". Finalmente, logró ponerla sobre sus rodillas) No es una discusión. Te di todo el fin de semana, quise hablar contigo en mi oficina, no llegaste. Te llamé, no contestaste. Y te llevé a comer, y le diste la vuelta al tema. Te di demasiadas oportunidades, y quedamos en que la comunicación era lo más importante. No puedo ayudarte si no sé qué pasa. Y hoy vas a aprender, sí o sí, que las cosas se hablan, niña.

(Bajó su pantalón y calzón mientras decía esto último. Elena intentó evitarlo, pero fue en vano. Valery le sujetó las manos y finalmente tiró de la ropa hasta dejarla a la altura de las rodillas. Elena se puso roja como un tomate. Hace pocas horas era la chica atrevida que besó a su tutora en un restaurante, y ahora era la niña malcriada que recibiría un castigo. Entonces, se escuchó la mano de Valery caer sobre las nalgas de Elena, de manera firme.)

Valery: No debes ocultar cosas a tu tutora. (Valery continuaba calentando el trasero de Elena) Tú no decides qué es importante y qué no. Si me tienes confianza, debes demostrarlo con palabras y hechos. Pedir ayuda también es una señal de confianza.

(El tono rosado de sus nalgas ya comenzaba a verse más rojizo, y Elena se sentía cada vez más incómoda.)

Elena: Vale, ya entendí. Suéltame.

Valery: No, tú no has entendido nada. (Tomó el cepillo y le dio varios azotes firmes y seguidos en el centro de su nalga izquierda, luego otros en la derecha, mientras continuaba hablando) Yo decido cuándo y cómo se aplican los castigos, y este ni siquiera ha empezado, señorita. Solo estaba calentando. Y no se dice "Vale", ni "Valery", ni "Valeria", ni "Val". Se dice "sí, profesora". ¿Entendido?

Elena: Sí, profesora. (Lo dijo mientras se removía incómoda sobre el regazo de su tutora)

Valery: Bueno, ya nos vamos entendiendo. Ahora comienza a hablar. (Hubo un pequeño silencio. Al no haber respuesta, le dio otro fuerte azote, esta vez más firme y contundente) No te escucho.

Elena: Está bien, está bien, profe, lo siento. (Intentó meter la mano, pero su tutora de inmediato la detuvo)

Valery: No, señorita. Nada de sobarse ni meter las manos. Si lo vuelves a intentar, te voy a dar un par de regalos en esas lindas manos.

Elena: Pero si no tenemos regla...

(Valery le dio otro fuerte azote)

Valery: No me respondas así y deja de dar rodeos. Tienes hasta tres para comenzar a explicarme qué pasó el viernes. Uno, dos...

Elena: Bueno, ya. Fui a tu oficina, como siempre, a la misma hora de la reunión, y había alguien ahí contigo... ¿contenta?

Valery: ¿Y por qué no entraste? ¿Estabas espiando?

Elena: No estaba espiando. Estaba medio abierta, y era la hora de mi cita. Yo no sé qué hacía esa idiota rubia metida en tu oficina.

Valery: (Le dio un fuerte azote) Ese vocabulario, niña. No está bien mirar a otras personas a escondidas. (Lo dijo mientras continuaba castigándola) Y no digas que no espiabas, porque si hubiera sido un accidente, simplemente había que entrar y disculparse.

Elena: Claro, para interrumpir a la loca lagartija besucona esa y que luego me regañes por entrar. No, gracias.

Valery: (Valery pausó el castigo un momento) ¿Me estás diciendo que todo esto fue por celos?

Elena: No son celos. (Dijo mientras hacía una cara de puchero)

Valery: ¿Con que no son celos? ¿Y entonces qué son? Recuerda que no me gustan las mentiras.

Elena: Pero... es que no lo son. ¿Cómo pueden ser celos si yo no sabía quién era esa y...? No lo son, y ya.

(Valery reanudó el castigo)
Valery: Bueno, parece que seguimos teniendo problemas de comunicación. (Lo dijo mientras le daba más fuerte)

(Elena comenzó a patalear y removerse más seguido, incluso intentó levantarse una vez, pero Valery puso su pierna encima de las de Elena para sujetarla mejor y que no se moviera tanto.)

Elena: Lo siento, está bien, lo confieso. Sí son celos, aunque no tenía derecho a sentirlos. Para ya, porfa, me duele mucho.

Valery: Bueno, vamos mejorando la comunicación. Pero se te está olvidando que aquí la que decide cuándo parar soy yo. (Continuó con unos cuantos azotes más. Elena comenzó a llorar. Entonces, Valery comenzó a sentirse más tranquila al ver que finalmente estaba dejando salir sus emociones) Quiero que te quede muy claro una cosa, nena: tú tienes derecho a sentir lo que sientes. Nadie más puede decidir eso. Pero lo que no está bien es ocultarlo, mentir o evitar hablar de ello. La confianza se construye con honestidad, incluso cuando duele.

(Valery detuvo el castigo y acarició suavemente la espalda de Elena, que ahora sollozaba contra su regazo.)
Valery: Shhh... ya pasó. Lo importante es que hablamos. Pero esto no significa que el castigo haya terminado. A partir de ahora, cada vez que evites comunicarte o intentes ocultar algo, habrá consecuencias. ¿Entendido?

Elena: (Entre lágrimas) Sí, profesora.

Valery: Bien. Ahora, vamos a hablar de lo del viernes, pero esta vez sin evasivas. Y después, te voy a enseñar cómo se pide perdón de verdad. (Con un tono más suave, pero firme) Porque el cepillo no fue solo por los celos, sino por la falta de respeto hacia mí y hacia nuestra confianza.

(Elena asintió, todavía temblorosa, pero con una expresión más serena. Sabía que, aunque el proceso había sido doloroso, finalmente había roto la barrera que ella misma había construido. Y en el regazo de Valery, entre lágrimas y caricias, comenzaba a entender que a veces el amor y la disciplina van de la mano, especialmente cuando se trata de construir algo verdadero.)


Comentarios

  1. Pobrecita, pero vaya si dice que le gusta Elena, qué hace besándose con una rubia? Team Elena

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  2. Estaba muy tentada a poner que ese me gustas fue todo un sueño 😂 pero nah, en otro capítulo explicará lo del beso de la rubia, esa rubia es todo un dolor de cabeza, hasta a mí me cae mal 😂

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