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¡A la mierda las bragas!

 

  • A las cinco en punto te quiero en la cafetería de abajo.

Gia leyó el mensaje unas quinientas veces antes de reaccionar y responder con un " Si Señora".

Antes de seguir con lo que viene, para entender el porque se dicho mensaje, es mejor ponernos en contexto.

Gia, hacia cosa de un año conoció a Sonia. Tenían una relación con una dinámica en la que Gia estaba a los pies de Sonia.

¿Sumisión? ¿Disciplina? ¿Kinky?

¿Que más da? Eran ellas. Solo ellas. No hay que etiquetarlo todo, estábamos volviendo de éste mundo un Mercadona.

Gia tenía tareas y normas por orden de Sonia.

Gia era un pequeño desastre.

Gia era rebelde.

Gia era un desorden con patas.

Gia era... Gia.

Un día en los que Sonia estaba en la oficina, mandó un mensaje a Gia para saber qué era de ella.

  • Hola mi niña, cómo vas? Tienes mucho trabajo?

  • Hola mi Tormento de oro... Bien, cansada pero bien, aburrida.

  • Aburrida? Bueno... Vamos a darle diversión a la vida. Quiero que te quites las bragas en el cuarto de baño del hotel (Gia era recepcionista) y me enseñes una foto con ellas en la mano, ya en la recepción.

  • Que????? No puedo!! Me muero de vergüenza!!! Y si alguien se da cuenta?

  • Pues le alegras el día. No era una pregunta, Gia. Ve. Ahora.

Gia comenzó a temblar. De nervios. De excitación. De vergüenza.

Fue al cuarto de baño y hizo lo que debía...

Se las quitó. Las guardó en el bolsillo. En la recepción no había nadie y hizo la foto. Se la mando, consiguiendo una sonrisa de su Señora y... Volvió al baño y se las puso.

Quería ser traviesa, total, que malo iba a pasar?

Estaba dándole vueltas a la cabeza y se le ocurrió una "genial idea". Le mandó una nueva foto a Sonia con las bragas puestas.

Al poco rato, recibió el mensaje del principio.

  • A las cinco te quiero en la cafetería de abajo.

Los nervios crecieron, al compás de la excitación. Las ganas de que llegaran las cinco eran las mismas que de que le tragara la tierra y la escupiera en Cancún.

Las cinco llegaron, y con ello, el encuentro tan... Esperado...

  • Así que te gusta desobedecer, no? (Sonia estaba MUY seria. Si algo no toleraba era la desobediencia. Si ella daba una orden había que cumplirla sin excusas)

  • Yo...bueno... Es que...

  • Ve al cuarto de baño. Quiero tus bragas encima de la mesa.

  • Pero... (A Gia le iban a dar siete infartos seguidos. Estaba roja como un tomate)

  • AHORA. (Dijo Sonia mirándola fijamente)

  • Salió hacia el baño hecha un resolte y obedeció. Está vez... Si.

Cuando dejó las bragas encima de la mesa y se sentó con la cabeza agachada, Sonia las cogió rápidamente y se las guardó en el bolso.

  • Vas a ir sin bragas hasta nuevo aviso.

  • Si Señora... (Gia estaba muerta de vergüenza, Cancún le parecía cerca...)

Se tomaron un café y, cuando Sonia decidió, se fueron las dos a casa.

Nada más entrar, empezó la retahíla que se esperaba.

  • Escúchame bien Gia. Toda tú eres MIA. Si yo te digo algo... OBEDECES. Si no te parece bien, te aguantas. Si no quieres, te aguantas y si te da vergüenza... TE AGUANTAS. Existe una palabra de seguridad, pero no la usaste. No es que no quisieras hacerlo... Lo que no querías era OBEDECER. Preferiste ser rebelde...pero eso ahora mismo lo vamos a solucionar.

Sonia estaba que echaba fuego.

Gia estaba empapada. Que se pusiera así su chica la hacía mojarse de una manera brutal.

Sin más dilación, Sonia cogió a Gia del pelo y la llevo hasta una pared. La puso en el rincón y comenzó a repartirle azotes muy fuertes sobre la falda mientras le repetía una y otra vez que tenía que ser obediente.

A Gia esos azotes le sabían a gloria y a la vez, comenzaban a picar. Aún no estaba en el punto de arrepentimiento pero si en el punto de nerviosismo por no saber cómo sería la zurra.

Sonia le subió la falda y la siguió azotando.

Esos azotes si dolían.

Esos azotes si ardían.

Esos azotes... Hizo que a Gia le llegara su jugo hasta el tobillo.

Estaba roja. Le daba vergüenza de que Sonia se pudiera dar cuenta.

Sonia, siguió azotando hasta que comenzaron a aparecer mariquitas moradas en el culo de Gia.

Gia en ese punto ya pedía piedad entre sollozos y prometía una y otra vez ser obediente.

Cuando Sonia paró, se acercó desde atrás al oído de Gia y le dijo entre susurros a la vez que metía la mano en su entrepierna...

  • Me gustas guarra. Me gustas desobediente. Me gusta tener motivos para ver tu precioso culo ardiendo. Me gustas sumisa. Me gustas puta. Me gustas caliente. Me gustas tuya. Me gustas MIA.

Gia no pudo más con el calentón y se giró para lanzarse hacia ella. Quería devorarla. Que la hiciera suya una y otra vez. Suplicarle que le diera permiso para correrse. Hacer de las dos una sola.

Pero... Sonia la paró tras un largo y húmedo beso.

  • Che che che mi niña... Estás castigada. No mereces correrte. Dúchate mientras yo relleno un informe. Mañana sin bragas, recuerda que es hasta nuevo aviso...

  • Jooooooo Porfi...

  • Quieres más azotes?

Gia negó con la cabeza y puso ojos de cachorrita indefensa.

  • Si mañana eres buena... Quizá te deje probar la fruta de tu Señora. (Dijo Sonia son una sonrisa malévola)

A Gia se le iluminó la cara y contestó con una gran sonrisa...

  • A la mierda las bragas! Las tiro todas ahora mismo!

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