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Rojo pasión.

 May sabía que la había cagado profundamente cuando recibió un mensaje de su Señora que ponía. " A las cinco en Plaza Torres ".

A May, en el autobús que la llevaba al encuentro, le temblaban hasta las pestañas.

May se había vuelto pequeña, poquita cosa.

May estaba pensando en romper el cristal y tirarse por la ventana.

May, había llegado a su destino.

Se bajó del autobús y se sentó en un banco que tenía enfrente. Ahí habían quedado.

May había llegado quince minutos antes, pues, tal y como estaba la cosa no era buen plan llegar tarde.

No se trata de cobardía, si no de un mínimo de instinto de supervivencia.

Charlotte apareció cinco minutos antes y, sorprendida, se dirigió a su niña.

  • Vaya vaya...

  • Hola mi... (Dijo May sonrojándose, cabizbaja)

  • Hola Mi ...

En publico, con el mi/Mi... Era suficiente. Pues no era tan importante las palabras. Con el posesivo que tanto les gustaba a las dos era suficiente.

La esencia de cada una traspasaba en la otra como una flecha, a veces, las palabras no son tan importantes cuando hay almas compartidas.

Fueron a merendar a una bonita cafetería con diseño vintage.

May poco a poco iba dejando los nervios atrás, lo cual, no era muy buena cosa... A menos nervios, menos buenas ideas. Menos buenas ideas, más cagadas. Más cagadas, más problemas. Más problemas, más días sin sentarse cómodamente.

  • Bueno, supongo que sabes porque hemos quedado... (Dijo Charlotte mirándola fijamente)

  • Pues porque no puedes estar más de tres días sin verme. (Dijo May, entre risas)

Charlotte levantó una ceja y, poniéndose más seria contestó:

  • Crees que es momento para bromas?

May tragó saliva y, aún temerosa, continuó con su juego.

  • Hija, un poco de humor... Quita está cara de espárrago...

Charlotte no daba crédito. Si niña era una irrespetuosa. Si pudiera, en ese mismo momento la podría sobre sus rodillas, pero, como no era el caso, tendría que usar otros métodos.

  • May, (cuando Charlotte la llamaba por su nombre nada bueno venía detrás) ve al cuarto de baño. Quiero tus bragas y tú sujetador en mi bolso en menos de cinco minutos.

  • Pero Señora ... (May ya estaba descompuesta. Más blanca y congelada que un iglú) Éste vestido se transparenta y...

  • Crees que me importa? (Charlotte sonrío sarcásticamente.) Es un castigo, no un premio. Quiero que pases vergüenza, la misma que siento yo al tener frente a mí a una niña tan maleducada. Ahora, May.

Mah agachó la cabeza y se dirigió al cuarto de baño. Allí, hizo lo que Charlotte le ordenó, y, mirándose en el espejo los pezones que se marcaban a través del vestido, salió por la puerta rezando siete padres nuestros para que nadie se percatara de nada.

Cuando llegó a la mesa y le entregó a Charlotte su ropa interior, ésta, con una sonrisa burlona por ver a su niña más roja que un tomate, contestó.

  • Siéntate y bebe agua. Si te ven así de colorada te mirarán...y si te miran se pueden dar cuenta de lo guarra que eres.

Eso a May acabó de rematarla, más roja se puso y, para colmo, esa frase le había puesto tan cachonda que notaba como sus flujos resbalaban por su pierna.

Charlotte dejó que pasara unos minutos de silencio mientras ella miraba a May fijamente y ésta, inquieta, intentaba esquivar su mirada mientras, nerviosa, jugueteaba con una servilleta, rompiéndola a cachitos.

  • Bueno, (dijo rompiendo al fin el silencio) no voy a extenderme mucho, aún. El motivo por el que estamos aquí se que lo sabes, pero te lo voy a recordar.

  1. Te han multado por exceso de velocidad. 50€.

  2. Me faltaste el respeto reiteradas veces.

  3. Me mentiste con respecto a tu hora de llegada el miércoles pasado.

  4. No me has pasado foto de tu desayuno ésta semana, por lo tanto, lo tomaré como que no has desayunado como corresponde.

May palidecía conforme iba escuchado a Charlotte.

  • Si he desayunado, lo prometo...pero...se me olvi...

  • Te he dado permiso para hablar? (Pregunto Charlotte muy seria)

May agachó la cabeza y calló.

  • Vamos. (Dijo Charlotte una vez pagó la cuenta, cogiendo de la mano a May)

Charlotte vivía a apenas cinco minutos de allí, y, por el camino, iba susurrándole cosas a May cómo...

"Vas a ver lo que le pasan a las niñas malas" "Si te tengo que poner el culo ardiendo a diario no dudes que lo haré" "Te voy a enseñar yo a ti a portarte bien".

A May no le quedaba más saliva que tragar. Tenía la sensación que de un momento a otro se iba a caer de tal temblor que tenía en sus piernas. Tembló de nerviosismo. Excitación. Deseo.

Cuando llegaron a su casa. Empezó todo:

  • De rodillas en tu rincón.

Charlotte daba órdenes claras sin opción a discrepancias.

May, al ver la actitud tan seria de Charlotte decidió no jugársela más y obedecer.

Charlotte se sentó en el sillón mientras observaba a su niña. Estaba tan preciosa, tan pequeña, tan castigada, tan obediente...

  • Ven. (Dijo Charlotte cuando pasaron unos largos minutos)

May se dirigió a ella con cara de lastimita.

Charlotte la tomó del brazo y en un santiamén la tenía en la postura que quería. Sobre sus rodillas. Con su culo a su merced esperando su castigo.

Le levantó el vestido y comenzó a repartir azotes bastante contundentes por todo su culo hasta que obtuvo el tono que quería. Rojo pasión.

May estaba llevando el castigo de la mejor forma posible, intentaba no moverse mucho, no quejarse mucho, no respirar mucho... Pero todo eso de esfumó cuando Charlotte cogió la cuchara de madera. Maldita arma del demonio.

A los pocos cucharetazos May ya estaba dando pequeños botes sobre las rodillas de su Señora.

  • Ayyyy yaaaaa... Joder como duele...

  • Señorita, cuida ese vocabulario. Primer y único aviso.

Charlotte continuó sin piedad, dejando aparecer las primeras marcas moradas.

Cuando llevaba unos minutos, las primeras lágrimas de May asomaron por sus mejillas.

  • Yaaaa...sniff sniff .. me duele .. seré buena, lo prometo...

  • De eso me encargo yo, pequeña. Aún me queda una larga conversación con tu culo, así que raciona bien las lágrimas, no te vayas a quedar sin ellas.

  • Sniiiffff que me duele mucho joder!! Sniff sniff.

Charlotte paró en seco y levantó a May cogiéndola del pelo. La llevó así hasta el cuarto de baño. Cogió una pastilla de jabón, la mojó y ordenó a May:

  • Abre la boca.

  • No...sniff... Porfi porfi, se me ha escapado sniff.

Solo bastaron dos azotes muy fuertes para que May abriera la boca y sujetara la pastilla de jabón con sus labios, poniendo una cara de super mega asco.

Cogiendola del brazo la llevó de nuevo dirección el sillón, colocandola de nuevo sobre sus rodillas.

  • Mas te vale que no se te caiga o la tendrás en la boca hasta que se deshaga.

Cogió de nuevo la cuchara y, empezando fuerte y rápido, hizo que May se retorciera de dolor entre lágrimas sabor a jabón.

Cuando Charlotte acabó de azotarla con la cuchara, el culo había tomado un color rojo intenso con marcas moradas por toda su superficie.

May era un mar de lágrimas. Ya no pataleaba, ya no suplicaba. Sólo lloraba.

Charlotte le dio permiso para ir al cuarto de baño a enjuagarse la boca y lavarse la cara. Quería darle un respiro.

Después de unos minutos apareció en el salón una May muy arrepentida.

  • De verdad que siento todo Señora...

  • Lo sé pequeña, pero aún queda que pagues la multa. Eran 50€. Te daré 50 varazos.

  • No por favor... (Comenzaban a encharcarse los ojos de nuevo) No voy a poder aguantar...

  • Si podrás. Si no pudieras, no lo haria. Lo sabes, verdad?

May asintió. Tenía confianza plena en su Señora, por eso en su día, le entregó todo su ser.

  • Apóyate en la mesa y agarra los bordes. Cuenta. Si te equivocas, empezamos de nuevo. Si te saltas uno, empezamos de nuevo. Si te pierdes, empezamos de nuevo. Si dices otra cosa que no sea el número que corresponde, empezamos de nuevo. Alguna pregunta?

  • No Señora...

Los varazos fueron dados con fuerza menor. Sabía hasta dónde podía llegar.

Las lágrimas de May caían sobre la mesa como la lluvia de su entrepierna.

Charlotte pudo apreciar como en varias ocasiones caían al suelo hilitos provinientes del sexo de su niña, haciendo que sonriera sin ser vista.

Cuando el castigo finalizó, Charlotte dejó la vara a un lado y se acercó a su niña. La calmó. La arropó. La cuidó. La consoló.

May poco a poco fue recuperándose y, abrazada a su Señora le dió las gracias.

  • Ahora, vamos a limpiar la mesa y... El suelo. (Dijo entre risas Charlotte)

  • El suel... (May dirigió la vista hacia el pequeño charquito que había justo donde estaba ella posicionada hace unos minutos)

  • Tan zorra te has puesto que no te acuerdas ni de haberte empapado?

May, con su rojez perpetua, se tapó la cara y, Charlotte, acariciándole la cabeza susurró:

  • Mi pequeña puta. Mi pequeña niña mala. Mi pequeña traviesa. Mi pequeña insolente. Mi pequeña sumisa. Mi pequeña, Mia...

Comentarios

  1. WOW está increíble. Realmente, me ha encantado. Se puede palpar la vergüenza de May y la sonrisita irónica de Charlotte. Un besito mi niña

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  2. Me alegro que te haya gustado, siempre con detalles para ti. Un beso, mi Mommy.

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  3. Está muy bueno el relato Laura!! Es que escribís muy bien (y andás con tutti). Me encantó, gracias por compartir

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  4. Gracias Vic! Me alegro de que te guste porque escribo para todo el mundo obvio, pero sobretodo para vosotras. Un abrazo!

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