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3. Mónica y Nora - Cuando el caos se encuentra con la autoridad

Cuando se iban juntas de vacaciones, el último día siempre solía tener algo agridulce. Por un lado, el descanso había hecho su efecto: estaban más tranquilas, más conectadas, más ellas. Por otro… tocaba recoger.

Y eso, para Nora, era casi una tragedia nacional.

—Amor… —dijo desde el sofá, estirada como si estuviera protagonizando un anuncio—¿Y si dejamos esto así y le pagamos a alguien para que lo limpie?

Mónica, de pie en medio del salón, con una bolsa en una mano y una camiseta de Nora en la otra, alzó una ceja.

—¿Así cómo? ¿En modo “ha pasado un tornado”?

Nora miró alrededor. Ropa en la silla, tazas en la mesa, manta torcida…

—A ver… tiene su encanto.

—Sí —respondió Mónica—. El encanto de que lo recoja otra persona.

Nora sonrió, traviesa.

—Pues mira, lo que yo te decía…

Mónica dejó la camiseta sobre la mesa con calma. Demasiada calma.

—Nora.

—¿Qué? —respondió ella, inocente—. Estoy descansando, que recoger cansa mucho.

—Has descansado tres días.

—Pues por eso, hay que mantener la racha.

Mónica suspiró, acercándose.

—Te toca recoger tu parte.

—¿Mi parte? —Nora se incorporó un poco—. Pero si yo aporto alegría al hogar.

—Y caos —añadió Mónica.

—Equilibrio, cariño. Se llama equilibrio.

Silencio. Ese silencio. Nora lo conocía. Y, aun así, decidió seguir.

—Además —añadió, cruzándose de brazos—, tú lo haces mejor. Yo solo estorbo.

Mónica la miró fijamente.

—Levántate.

—Ay, no empieces…

—Nora.

—Que no me apetece recoger ahora —dijo, con ese tonito provocador—. Igual luego, además estoy contemplando lo buena que estás y lo bien que lo haces y no me quiero desconcentrar.

Mónica dio un paso más cerca.

—Ahora.

—Uy, qué autoridad… —sonrió Nora—. ¿Qué vas a hacer? ¿Castigarme por no doblar una camiseta?

Silencio. Error.

—Ven aquí.

—Ni de broma.

—Nora.

—Que no.

Mónica no discutió. Simplemente la cogió con firmeza de la muñeca y la acercó y le dio media vuelta.

—Eres muy pesada, ¿lo sabías? —protestó Nora, aunque ya estaba medio riéndose.

—Y tú muy desordenada.

—Es parte de mi encanto – dijo riéndose y lanzándole un beso que hizo que Mónica se enfadara aún más.

Mónica se quitó la zapatilla. Un primer azote fuerte marcó el inicio.

—Esto es un abuso de poder.

—Esto es consecuencia.

—Exagerada.

—Cuenta.

—¿En serio?

—Uno… —dijo Nora, alargando la palabra—. Qué dramática eres, Mónica…

—Dos.

—Si es que por una camiseta…

—Tres.

—¡Que la iba a recoger!

—Claro. ¿Cuándo? ¿En 2037?

—Muy graciosa…

El ritmo continuó, firme, sin prisas.

—Cinco.

—De verdad, eres la única persona que convierte recoger en una película de acción…

—Seis.

—¡Ay! Vale, vale… ya lo entiendo…

—¿El qué?

—Que eres una maniática del orden.

Silencio. Otro azote aún más fuerte.

—Siete.

— ¡Vale! —rió Nora—. Que tengo que recoger, pesada.

—Mejor.

—Pero no hacía falta todo esto…

—Claro que sí, que no me tomas en serio, pero de esta te enseño yo.

Continuó azotando, dándole bien fuerte en el culo. Nora intentando zafarse como podía teniendo en cuenta que estaba de pie, pero su mujer tenía muy buena puntería con la zapatilla. Cuando terminó, Mónica dejó la zapatilla a un lado.

—Ahora, hacer copias.

—¿En serio también?

—Sí.

Nora bufó, pero fue a por papel.

—Qué vida más dura tengo…

—Cien veces.

—Cien… —repitió Nora, dramática—. Si no sobrevivo, que se sepa que fue por el orden.

—Escribe Cien veces: “No volveré a desafiar la autoridad de Mónica. La casa hay que dejarla recogida siempre”.

- Ayyyy eso es larguísimo – se quejó Nora.


- ¿Saco a pasear de nuevo la zapatilla, mi amor?


- No, no, ya me pongo. Ya voy.

Un rato después, las copias ya estaban hechas y Nora se puso a recoger la casa rápidamente así que en breve la casa ya estaba casi totalmente recogida. Y Nora, por supuesto, ya estaba con el móvil.

Audio al grupo de amigas:

—Chicas, os juro que Mónica está fatal, fatal. Me ha castigado por no recoger. ¡Por no recoger! Me ha dado azotes con la zapatilla como si fuera una criminal y luego me ha puesto a hacer copias. Esta mujer está obsesionada con el orden, de verdad…

Risas.

—Que sí, que sí, que la quiero mucho, pero es una exagerada…

—¿Una exagerada? —sonó la voz de Mónica desde detrás.

Nora se congeló. Lentamente giró la cabeza.

—Hola… amor.

—Termina el audio.

—Eh… chicas, luego os cuento, que creo que voy a morir.

Envió. Silencio.

Mónica cruzó los brazos.

—¿Algo más que añadir?

—Era humor —sonrió Nora—. Comedia. Entretenimiento.

—Claro.

—Además, solo dije la verdad.

—¿Ah, sí?

—Bueno… una versión creativa de la verdad.

Mónica señaló.

—Ven.

—No…

—Nora.

—De verdad que no hace falta…

—Ahora.

Esta vez, Nora obedeció más rápido.

—Si es que no se puede hablar aquí…

—Sobre mis rodillas.

—Uy… esto ya no me gusta.

—Ya.

Nora se acomodó, resignada y directamente le bajó el pantalón, dejándole el culo al aire, porque nunca llevaba bragas.

—De verdad, qué carácter…

—¿Qué decías en el audio?

—Nada importante…

—Repítelo.

—Que eres… un poco intensa con el orden.

Silencio.

El primer azote marcó la diferencia.

—¡Vale! Vale…

—¿Un poco?

—Mucho —corrigió rápido—. Muchísimo. Intensísima.

—Mejor.

El ritmo fue firme, más serio esta vez. Poco a poco iba aumentando en intensidad.

—Esto es por hablar de más —dijo Mónica.

—Si es que no se puede tener amigas…

—Y por no asumir consecuencias.

—¡Ay! Vale…

—Y por retar.

—Pero si eso te gusta, y ¿lo que te ríes conmigo?…

Mónica y paró y cogió el cepillo que lo tenía al lado. Estaba aún con bromas y le quería quitar las tonterías ya.

—Nora.

—Vale, vale… ya paro.

—¿Vas a volver a criticarme así?

—No…

—¿Seguro?

—Bueno… igual un poco—

Le dio un azote fortísimo con el cepillo y de ahí le sucedieron una docena más que le hicieron patalear y suplicar.

—¡NO! No, no… nada. Cero. Silencio absoluto, me van a dar el premio nobel de la paz. Auuuchhhh. Ayyy, para, para. 

Esos le siguieron una buena tanda que sin duda alguna le hicieron reflexionar y mucho más patalear. Cuando aceptó su castigo y dejó de luchar fue cuando Mónica dejó el cepillo a un lado y pasó la mano suavemente, calmando.

Nora respiró hondo.

—Vale… me lo he ganado.

Mónica la ayudó a incorporarse.

—¿Algo que decir?

Nora la miró, más seria ahora.

—Lo siento… de verdad. He sido un poco bocas.

—¿Solo un poco? Bastante diría yo.

—Eso.

Nora se acercó y la abrazó.

—Y… gracias por no dejarme ser un desastre total.

Mónica sonrió.

—Para eso estoy.

—Y te quiero.

—Yo más.

Nora se separó, cogió el móvil otra vez.

—Espera.

Nuevo audio:

—Chicas… retiro lo dicho. Mónica no está fatal. Bueno… sí, pero con razón. He sido una lianta y me lo he ganado. Fin del comunicado.

Mónica soltó una pequeña risa.

—Anda, termina de recoger lo que queda y ponte a hacer la maleta que nos volvemos a casa.

Nora suspiró.

—Sí, jefa…

—Nora.

—Vale, vale… ya voy.

Y mientras recogían juntas, entre quejas, risas y alguna mirada cómplice, todo volvía al orden, a su equilibrio y ya volvían a su casa.




Comentarios

  1. Ains! Que perecita me está comenzando a dar recoger... Jajajajaja. Maravilloso!!! El audio me ha recordado a ayer con la Tita por detrás leyendo modo cotilla... 🤣😇🩷

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    1. Jajajajajajajaj El guantazo que me dio a traición no fue pequeño. La manía que tienen esta gente con que recojamos y que seamos tan bien hechas.

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  2. Entre la edad, y el poco sentido del humor y del razonamiento que tienen... Vamos apañás.

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    1. Y que tienen la mecha muy corta, que con nada se enfadan!! Nosotras que somos la alegría de sus vidas, pues nada.

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  3. Qué hermosa relación, qué gran relato…. Y qué buenas recetas para mantener a la señorita en un estado de disciplina óptimo 😅

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    1. Tampoco no hace falta cumplir las recetas al pie de la letra...

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