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12. Mónica y Nora - La venganza de Nora

*Es la continuación del capítulo 11. Mónica y Nora - El jueguito del móvil"



Nora echaba de menos su granja. Había sido un jueguito de móvil muy chulo y entretenido y su mujer, además de haberle castigado con el cinturón se lo había desinstalado. No era justo. 


Vale, sí, quizás no había estado bien mentir para faltar al trabajo por el juego, pero esa calabaza dorada bien merecía la pena. Además tenía derecho a dormir más… por un día no pasaba nada. 


Tres días después del castigo, ya no le dolía el culo y tenía “mono” de jugar al juego. Sus ovejas y sus vacas seguro le habían echado de menos. ¿Quién las estaría mimando con tanto cariño como yo? Nadie. - pensó. 


Sólo había una vida y quién no arriesga no gana. Aprovechó que Mónica estaba en la ducha para coger su iPad que tenía en el bolso del trabajo e instaló el juego. Esta vez sería más inteligente e intentaría que no fuera muy descarado para que su mujer no se diera cuenta. 


Nora: Oleeee, no he perdido los datos, sigo estando en el nivel 50, por el que me quedé. Ayyy mis niñas… qué os he echado de menos - dijo para sus adentros, con una sonrisa grandísima. 


Se puso un rato a jugar hasta que escuchó el secador de pelo de su mujer. Corrió hacia su bolso y guardó el iPad. 


Nora: Mi amor, ¡¡qué bien hueles!! Mmmm, ¿quieres que te prepare algo rico para cenar esta noche? - y le plantó un beso en los labios mientras le agarraba el culo.


Mónica: Jajajaja, ¿qué me vas a pedir, golosa? Si sé que odias cocinar - dijo con una sonrisa.


Nora: Nada, cariño, sólo que siempre te encargas tú de estas cosas y por una vez, me apetece complacerte.


Mónica: Vale, pues te dejo a tu elección entonces. Sorpréndeme. 


Nora: Eso está hecho. Voy a ver qué hay hoy en el app de comida a domicilio. 


Mónica: Ya sabía yo…- y le dio un pequeño cachete en el culo mientras se reía.


Nora: Pero el detalle lo he tenido, admítelo jajajaja.


Mónica: Sí, sí…


Esa noche después de la cena hicieron el amor de forma apasionada. No siempre van a estar en mitad de una guerra. Mónica no le dio permiso para correrse hasta que ya estaba a mil por hora y fue entonces cuando Nora consiguió 3 orgasmos explosivos que le dejaron muerta. Mónica alcanzó 2 orgasmos al instante, le excitó mucho ver a su mujer así. Se fueron a dormir plácidamente las dos. 


La semana pasó rápidamente y Nora, aprovechando cada vez que Mónica estaba distraída o el en trabajo o en alguna llamada jugaba con su granjita. Todo iba a la perfección, Nora estaba amable y feliz sabiendo que se estaba saliendo con la suya. 


Llegó el fin de semana. Nora estaba dormida y Mónica quiso hacerle unos “huevos benedictinos” a su mujer. Al fin y al cabo se había portado muy bien esa semana, había sido responsable y también merecía algún premio. No recordaba bien cómo se hacía exactamente la salsa holandesa para los huevos, así que se fue para el bolso de su chica, coger la tablet y poner la receta en el iPad que la pantalla era más grande mientras cocinaba. 


Cual fue su sorpresa que tras encenderlo saltó un mensaje de la aplicación “Little Farm Story” que decía que debía recoger el trigo y los huevos. Rápidamente se metió en la app y vio que su mujer estaba en el nivel 56. La había dejado en el nivel 50 cuando lo desinstaló lo que indicaba que había seguido jugando a escondidas. 


Mónica: Se le van a quitar las ganas de volver a jugar a la granja - pensó.


Terminó de hacer los huevos benedictinos con salmón ahumado, el café y despertó a su mujer con un beso y le llevó el desayuno a la cama. En la bandeja del desayuno estaba el iPad.


Mónica: Buenos días, mi princesa. ¿Has dormido bien esta noche?


Nora: Ayyy qué sorpresa, cariño. GRACIAS, eres la mejor esposa del mundo - miró de reojo que el iPad estaba en la bandeja y se puso nerviosa. 


Empezaron a desayunar y Nora intentó disimular como pudo, pero al ver que Mónica no decía nada y no actuaba, se empezó a relajar. 


Nora: Quizás no se ha dado cuenta - pensó.


A las dos les encantaba ver recetas de cocina mientras comían, así que Mónica puso en la tablet en marcha. Cuando estaba Nora dando el último sorbo de café, saltó una notificación que debía echarle de comer a las vacas. En ese momento Nora escupió el café sin querer, como acto reflejo.


Nora: Ayy, qué se me ha ido el café para otro lado - empezó a toser.


Mónica: Toma esta servilleta para limpiarte.


Esperó un par de minutos a que a su mujer se recompusiera de la tos y a que limpiara lo que había manchado de café. Se sentó cómodamente y se quedó seria mirando a su esposa.


Mónica: ¿Y bien? ¿Tienes algo que contarme, cariño?.


Nora: Puedo explicarlo. 


Mónica: Vale, pues empieza. 


Nora: Pues resulta que… técnicamente yo no he vuelto a jugar a la granja.


Mónica arqueó una ceja.


Mónica: Nora.


Nora: Espera, espera, déjame terminar. Esto tiene una explicación perfectamente lógica.


Mónica: Soy toda oídos.


Nora: Verás… yo instalé la aplicación únicamente para comprobar que mis datos seguían guardados.


Mónica: Estás en el nivel 56.


Nora: Sí, bueno, porque al entrar me dieron una recompensa diaria.


Mónica: Seis niveles de recompensa diaria.


Nora: Es que son muy generosos.


Mónica tuvo que apretar los labios para no reírse.


Mónica: Continúa.


Nora: Y luego vi que las vacas tenían hambre.


Mónica: Pobres.


Nora: ¡Exactamente! ¿Qué querías que hiciera? ¿Dejarlas morir? Eso habría sido crueldad animal.


Mónica: Son vacas digitales.


Nora: Para ti serán digitales. Yo llevo cincuenta niveles alimentándolas. Hay un vínculo emocional de apego…


Mónica: Nora.


Nora: Además, piensa una cosa. Tú me prohibiste jugar.


Mónica: Sí.


Nora: Pero nunca especificaste que no pudiera hacer labores de mantenimiento agrícola en el iPad. Sólo me lo quitaste del móvil.


Mónica se quedó mirándola en silencio.


Nora: ¿Qué?


Mónica: ¿Labores de mantenimiento agrícola?


Nora: Regar, recoger huevos, cosechar trigo… actividades básicas para evitar el colapso económico de una pequeña explotación familiar.


Mónica: Has subido seis niveles.


Nora: La agricultura moderna es muy competitiva.


Mónica: Y supongo que instalar el juego a escondidas mientras yo estaba distraída también formaba parte del plan de desarrollo rural.


Nora se quedó callada unos segundos.


Nora: …Fondos europeos.


Mónica cerró los ojos y negó lentamente con la cabeza.


Nora: ¿No?


Mónica: No.


Nora: Era una posibilidad.


Mónica: Nora, mírame.


Nora levantó la vista con carita de buena que únicamente conseguía que Mónica supiera con certeza que estaba metida hasta el cuello.


Mónica: ¿Cuánto tiempo llevas jugando a escondidas?


Nora: Depende de lo estricta que sea la definición de “jugando”.


Mónica: Nora.


Nora: Una semana.


Mónica: Muy bien.


Nora: Pero en mi defensa quiero dejar constancia de que las vacas están estupendas.


Mónica: Me alegro muchísimo por las vacas.


Nora: Y las ovejas.


Mónica: También me alegro por las ovejas.


Nora: Y tengo una alpaca nueva que se llama Juanita.


Mónica: Nora…


Nora: Vale. Juanita no ayuda.


Mónica: No. Juanita no ayuda.


Nora dejó la taza encima de la bandeja y suspiró.


Nora: ¿Estoy muy metida en un lío?


Mónica: Digamos que yo en tu lugar aprovecharía para despedirme de Juanita.


Nora abrió los ojos como platos.


Nora: Amor, ella no tiene la culpa. ¿Cómo le voy a abandonar así o como así? Que nos estamos conociendo aún.


Mónica: Se acabó. Ya no quiero escuchar ni a Juanita, ni a las vacas, ni a los fondos europeos, ni una sola palabra más sobre agricultura sostenible. Ahora vas a escucharme tú a mí.


Nora cerró la boca de golpe.


Mónica: Te desinstalé ese juego por una razón, Nora. No porque me molestara verte jugando, ni porque me diera la gana fastidiarte. Te lo quité porque estabas completamente enganchada. Te acostabas tarde jugando, te levantabas pensando en la dichosa granja, estabas pendiente del móvil a todas horas y llegaste al punto de mentir para no ir a trabajar.


Nora bajó la mirada.


Mónica: Faltaste a tu trabajo por una calabaza dorada.


Nora: Técnicamente era un evento limitado y…


Mónica: Shhh, silencio.


Nora volvió a cerrar la boca.


Mónica: Te castigué por faltar al trabajo por este motivo, yo hablé contigo, reconociste que se te había ido de las manos, aceptaste que desinstaláramos el juego y me prometiste que no volverías a instalarlo.


Nora: Realmente no acepté que lo desinstalaras fue una dictadura…


Mónica: Y a los pocos días después esperaste a que yo estuviera en la distraída, cogiste el iPad y lo instalaste a escondidas.


Nora tragó saliva.


Mónica: Después has pasado una semana entera esperando a que estuviera trabajando, distraída, hablando por teléfono o haciendo cualquier otra cosa para jugar sin que te viera.


Nora: Dicho así suena bastante mal.


Mónica: Porque está bastante mal.


Nora: Perdón.


Mónica: Y encima esta mañana me he levantado antes para prepararte tu desayuno favorito porque pensaba que habías sido responsable toda la semana.


Nora miró los huevos benedictinos que todavía quedaban un poco en el plato.


Nora: Vale… esa parte me hace sentir especialmente miserable.


Mónica: Me alegro de que al menos estés empezando a entenderlo.


Nora: Sí.


Mónica: Aquí el problema ya no es el juego. Es que has decidido engañarme durante una semana entera para poder seguir haciendo exactamente aquello por lo que ya habíamos tenido un problema serio.


Nora: Lo sé.


Mónica: No, cariño. Creo que todavía no sabes hasta qué punto la has liado.


Nora levantó lentamente la mirada.


Nora: Esa frase no me ha gustado nada.


Mónica: Pues la siguiente te va a gustar menos.


Nora: ¿Puedo volver a hablar de Juani?


Mónica: No.


Nora: Vale.


Mónica: Primero, el juego desaparece del iPad ahora mismo. Segundo, durante las próximas dos semanas no instalas ningún juego nuevo ni utilizas el iPad para jugar.  Es más, lo tengo bajo mi custodia. Tercero, voy a revisar contigo cuánto tiempo estabas dedicándole realmente a esa granja porque quiero saber si estamos otra vez en el mismo punto que la semana pasada.


Nora: Dos semanas…


Mónica: Todavía no he terminado.


Nora abrió mucho los ojos.


Nora: Ayy.


Mónica: Y también hay una consecuencia mayor por haberme mentido y haberlo hecho a escondidas. Una bastante más seria que la anterior.


Nora: Amor, no… 


Mónica: No, ¿qué?


Nora: Por fa…


Mónica: He dicho que no voy a discutirlo ahora. Sabías perfectamente cuál era el límite, sabías por qué estaba puesto y aun así te pasaste una semana entera buscando la manera de saltártelo.


Nora se hundió un poco más entre las almohadas.


Nora: ¿Estamos hablando de un castigo… grande?


Mónica: Estamos hablando de la lexan. 


Nora: ¿La lexan? Ayyyy, nooooo. Eso no. Vamos a negociar.


Mónica: Cuando terminemos de desayunar vas a borrar el juego delante de mí. Después vas a recoger la cocina y me vas a traer la lexan. Y más tarde vas a asumir la consecuencia que acordamos para cuando rompes deliberadamente una norma importante y además intentas ocultármelo.


Nora: ¿Puedo solicitar clemencia?


Mónica: No.


Nora: ¿Atenuante por confesión?


Mónica: Te pillé yo.


Nora: Es verdad. Y ¿Colaboración con la justicia? Estoy colaborando muchísimo ahora mismo.


Mónica: Nora - le dijo con una mirada fulminante.


Nora: Vale, vale.


Mónica volvió a coger su taza de café con una tranquilidad que a Nora le pareció muchísimo más inquietante que si hubiera levantado la voz.


Nora: Cariño…


Mónica: ¿Qué?


Nora: Sólo una cosa.


Mónica: Como me nombres a Juanita te arreo una bofetada.


Nora: No iba a decir la palabra Juanita.


Mónica: Bien.


Nora: Iba a preguntar si puedo despedirme de ella antes de borrar el juego.


Mónica la miró fijamente durante varios segundos.


Nora: …ya me callo.


Mónica dejó la taza de café sobre la mesita y la miró fijamente.


Mónica: Eso espero. Porque ahora vas a levantarte, vas a…


Nora abrió los ojos de golpe.


Nora: ¡¡¡NO!!!


Se incorporó en la cama completamente sobresaltada, con el corazón latiéndole a toda velocidad. Miró a su alrededor. No había bandeja. No había huevos benedictinos. No había café derramado. Y, sobre todo, no había una Mónica mirándola con aquella cara de spanker malvada. A su lado, su mujer dormía tranquilamente boca abajo, completamente ajena al juicio que acababa de celebrarse en la cabeza de Nora.


Nora se quedó varios segundos inmóvil.


Nora: ¿Qué acaba de pasar…?


Mónica: Mmmm… - protestó medio dormida.


Nora se tapó la boca inmediatamente.


Nora: Perdón, perdón.


Miró el reloj. Las 4:17 de la madrugada.


Nora frunció el ceño intentando ordenar sus pensamientos. Entonces recordó. Aquella misma tarde, mientras Mónica estaba duchándose, había cogido el iPad del bolso y había vuelto a instalar “Little Farm Story”. Pero no llevaba una semana jugando. No estaba en el nivel 56. Mónica todavía no había descubierto nada. Todo lo demás había sido un sueño.


Nora: Madre mía…


Se quedó mirando al techo. Durante unos segundos sintió alivio. Después miró lentamente hacia el bolso donde estaba guardado el iPad. Se giró hacia el otro lado.


Nora: Ni de coña - pensó.


Intentó volver a cerrar los ojos. Cinco segundos después volvió a abrirlos.


Nora: mis pobres vacas… pero la estúpida lexan… ufff. 


Se levantó de la cama procurando no hacer ruido y caminó de puntillas hasta el bolso. Sacó el iPad.


Mónica: ¿Qué haces…? - murmuró desde la cama.


Nora se quedó congelada.


Nora: Nada.


Mónica: ¿Qué hora es?


Nora: Muy temprano.


Mónica: ¿Por qué tienes el iPad?


Nora miró la pantalla. Miró a Mónica. Volvió a mirar la pantalla.


Nora: Estoy… tomando una decisión responsable.


Mónica abrió un ojo.


Mónica: A las cuatro de la mañana.


Nora: Las mejores decisiones se toman bajo presión.


Mónica: Nora…


Nora: Duérmete, cariño. Todo está controlado.


Mónica volvió a cerrar los ojos. Nora desbloqueó el iPad, mantuvo pulsado el icono de “Little Farm Story” y le dio a eliminar. El sistema le pidió confirmación. Nora se quedó mirando la pantalla con auténtico dolor.


Nora: Adiós, mis niñas - dijo en voz baja con tristeza.


Pulsó “Eliminar”. El icono desapareció. Nora respiró profundamente. Volvió a guardar el iPad. Se metió otra vez en la cama y se acomodó junto a Mónica. Durante unos segundos hubo silencio.


Mónica: ¿Nena?


Nora: ¿Sí?


Mónica: ¿Has vuelto a instalar el juego?


Nora abrió los ojos como platos.


Nora: …


Mónica: Nora.


Nora: Ya no.


Mónica abrió los ojos.


Nora: Técnicamente, ahora mismo, la respuesta correcta es que no lo tengo instalado.


Mónica: ¿Lo habías instalado?


Nora se quedó quieta.


Nora: Buenas noches, cariño.


Mónica: Nora.


Nora: Mira, he tenido una experiencia espiritual muy intensa y he decidido cambiar de vida.


Mónica: ¿Qué has hecho?


Nora: Nada que requiera intervención disciplinaria.


Mónica se incorporó ligeramente.


Nora: ¡Porque ya lo he solucionado!


Mónica: ¿Qué has solucionado?


Nora: Un problema que tú todavía no sabías que teníamos.


Mónica: Nora…


Nora: Pero ya no lo tenemos. Eso es lo importante.


Mónica la miró en silencio.


Nora: ¿Ves? Crecimiento personal.


Mónica: Mañana hablamos.


Nora: No hace falta.


Mónica: Mañana. Hablamos.


Nora tragó saliva.


Nora: Vale. Pero quiero dejar constancia de que he hecho lo correcto de forma voluntaria.


Mónica: Duérmete.


Nora: Y antes de que hubiera daños.


Mónica: Nora.


Nora: Vale.


Nora cerró los ojos.


Nora: Pobrecita Juanita…


Mónica: ¿Quién es Juanita?


Nora abrió los ojos.


Nora: Nadie.


Mónica: Nora.


Nora: ¡BUENAS NOCHES!


—————————————-

Qué conste en acta: Tuve que cambiar la historia por presión externa de la Jefa. No me dejaba poner que ganara Nora sin que perdiera yo. OTRA VEZ. 


¡¡Viva Bratnia!!




Comentarios

  1. Es espectacular esta historia. Me encantó! EL diálogo está increíblemente gracioso. Pero además cuando se despierta percibís algo como una rareza del diálogo o no sé, pero tiene todo el sentido del mundo que fuera un sueño. Aunque nos deja con las ganas en el momento del climax. Tiene atmósfera, tiene todo. Excelente relato y gracias por escribirlo.
    PD: no tiene forma de ganar Nora.

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