A veces no hace falta mucho para resetearse: unos días fuera, desconectar del ruido, cambiar el ritmo y dejar que todo baje revoluciones. Mónica había encontrado una casita apartada, rodeada de verde y silencio, perfecta para perderse un poco. Nora no puso ninguna pega. Plan sencillo: descanso, paseos, sofá, chimenea… y tiempo juntas, sin interrupciones.
Una tarde bajaron a una ciudad cercana porque Nora quería comprar un videojuego al que llevaba un tiempo esperando para su estreno. Era “el plan perfecto” para las noches tranquilas junto a la chimenea.
Entraron en la tienda, Nora fue directa al mostrador… y en cuestión de segundos, todo se torció.
—Hola, sí, venía a por el juego ese que acaba de salir —dijo Nora, apoyándose en el mostrador.
El dependiente tecleó, miró la pantalla y negó.
—Lo siento, justo hoy se nos ha agotado, se acaba de vender el último que teníamos en stock.
Silencio.
—¿Cómo que agotado? —la voz de Nora cambió al instante—. ¿Pero tú sabes la ilusión que me hacía?
—Lo entiendo, pero—
—Pues no lo entiendes mucho, la verdad —cortó Nora, con tono agrio—. Vaya organización tenéis, ¿eh?
Mónica, a su lado, ya había cambiado la expresión.
—Nora… —advirtió en voz baja.
Pero Nora ya estaba lanzada.
—Es que de verdad, ni una cosa bien… —resopló—. Pues vaya tienda de mierda.
El dependiente se quedó incómodo. Mónica intervino, la agarró del brazo fuerte, tiró de ella y dijo calmada:
—No pasa nada, gracias igualmente.
Salieron de la tienda en silencio.
En cuanto cruzaron la puerta, Nora soltó:
—Es que de verdad, qué inútil el tío…
Mónica se detuvo en seco y la miró.
—Baja el tono.
—¿Qué pasa ahora? —respondió Nora, cruzándose de brazos—. ¿Encima no me puedo enfadar?
—Claro que puedes. Pero no así. Y desde luego no pagándolo con alguien que no tiene culpa.
Nora resopló.
—Ay, por favor, Mónica… tampoco es para tanto.
Mónica no respondió. Simplemente echó a andar.
El resto de las compras fueron rápidas. El ambiente, más frío.
Salieron a dar un paseo antes de que anocheciera. Nora intentó hacer algún comentario ligero, gracioso de los suyos, pero Mónica estaba sería.
Ya dentro, el frío de la noche se notaba. Mónica encendió la chimenea con calma, concentrada en cada gesto. Nora se metió en la ducha.
Prepararon algo de cenar, Nora abrió una botella de vino y se sentaron frente al fuego.
Al terminar, Mónica recogía mientras Nora se acomodaba en el sofá, sirviéndose otra copa.
Cuando Mónica volvió, Nora ya tenía los pies sobre sus piernas.
—Qué bien te montas tú el plan, ¿eh? —dijo Mónica, con media sonrisa.
—Ay… es que me lo merezco —respondió Nora, estirándose—. Qué coraje lo del juego, de verdad, podría estar jugando aquí ahora.
—Sí… ya lo he visto.
Silencio breve.
—Te has pasado, Nora.
Nora ladeó la cabeza.
—¿Otra vez con eso?
—Sí, otra vez. Porque no ha sido normal.
—Tía, que solo he dicho lo que pensaba…
—No. Has hablado mal. Y sin necesidad.
Nora bebió de la copa.
—Es que me dio una rabia…
—La rabia no justifica todo —cortó Mónica, tranquila pero firme—. Y tú lo sabes.
Nora sonrió nerviosa.
—Bueno… tampoco fue para tanto.
Mónica la miró fijamente.
—A mí me ha dado vergüenza escucharte, no te he reconocido ahí, sinceramente...
Silencio.
-Levántate.
Nora frunció el ceño.
—¿Perdona?
Mónica apartó su vaso de agua suavemente.
—Dame tu copa y arriba. Y partir de ahora nos dejamos de tanto vino. Agua para ti.
—Ay, de verdad, qué dramática eres…
No terminó la frase.
Dos cachetes rápidos en las piernas la hicieron callar.
—Nora.
Resopló, pero se levantó.
Mónica la cogió por la cintura del pijama negro de estrellitas con firmeza. Sin prisas, pero sin duda, le bajó el pantalón, dejándole el culo al aire porque nunca usaba bragas y la sostuvo un segundo, mirándola.
—A la chimenea. De rodillas. Manos sobre la cabeza.
—Amor... por fa, noooo, no me apetece. Sí, he metido la pata, perdón.
—Obedece, que le voy a enseñar buenos modales a mi chica.
Un par de azotes firmes hizo que obedeciera.
Nora caminó refunfuñando hasta la chimenea, se arrodilló poniendo un cojín colocó las rodillas y las manos como se le había indicado.
Mónica la observó en silencio, terminando su agua, pensando en la lección que quería enseñarle a su mujer. Además de la diferencia de edad, Mónica tenía 51 y Nora 41, tenían un contrato de disciplina doméstica y el ayudar a crecer a su esposa era una de sus funciones.
Después fue a la habitación y volvió con el cepillo y el cinturón, dejándolos sobre la mesa.
—Ven, levántate y mírame.
Nora se levantó despacio y se acercó.
—Manos detrás de la espalda.
—Uf, qué pesadita estás…
Cachete en culo. Obedeció.
—Dime —continuó Mónica—. ¿Te parece normal lo que has hecho hoy? ¿Hablar así a alguien que solo está trabajando?
—Ya te he dicho que me enfadé, es que me tenía ya hasta el c…
No terminó.
— Vigila tus modales —interrumpió Mónica—. ¿O hace falta que te los recuerde más en serio?
—No…
—Entonces contesta bien.
Nora guardó silencio.
Mónica no esperó más. La tumbó sobre su pierna con naturalidad, sujetándola con firmeza.
Su mano empezó a recorrer suavemente la piel.
—Mírate… —murmuró—. Por no saber gestionar un simple “no hay stock”, mira donde has terminado.
Los azotes con la mano comenzaron, rítmicas, alternando los cachetes. La piel fue tomando color poco a poco.
Cuando ya estaba bien caliente, Mónica se detuvo… y acarició suavemente.
La reacción de Nora fue inmediata. Mónica lo notó, sonriendo apenas.
—El cepillo —dijo con suavidad.
Nora resopló.
El contacto desapareció… y una serie de palmadas más firmes cayó sobre su piel.
—Ahora.
Nora alargó el brazo y se lo entregó.
—Esto es un castigo, así que menos quejas señorita —dijo Mónica.
El cepillo marcó el ritmo, alternando intensidad, preciso, constante. Nora apretó los labios, respirando hondo.
Cuando paró, el alivio fue evidente.
—No te gusta tanto ahora, ¿verdad mi amor?
Sin esperar respuesta, continuó con otra tanda más intensa.
- ¿Mi chica va a volverle hablar mal a un dependiente que no tiene la culpa que no haya stock?.
- Nooooo, de verdad que no. Perdón.
Una tanda fuerte de 50 cepillazos que le hicieron patalear y suplicar. Finalmente, se detuvo.
—Deja el cepillo en su sitio, mi amor.
Nora obedeció en silencio.
Mónica la rodeó con los brazos, atrayéndola contra ella.
—Lo siento… —murmuró Nora, bajito.
Mónica no respondió de inmediato. La sostuvo unos segundos más… y entonces habló, tranquila:
—Mañana vas a volver a la tienda.
Nora se tensó al instante.
—¿Perdona?
—Vas a disculparte con el chico.
Silencio.
—Ni de coña —soltó Nora, apartándose un poco—. Vamos, es que ni de coña, Mónica.
Mónica la miró, sin alterar el gesto.
—Sí, Nora. Lo vas a hacer.
—Que no. Que paso. Que me da una vergüenza horrible y además, que tampoco fue para tanto.
Mónica inclinó ligeramente la cabeza.
—Fue lo suficiente.
—Ay, mira, de verdad… —Nora se cruzó de brazos—. No voy a ir, ni aunque me obligues.
Ese tonito… descarado, desafiante, que de nuevo estaba pidiendo guerra y provocador.
Mónica no alzó la voz. Ni falta que hacía.
—Al sofá.
Nora sonrió, casi divertida.
—Uy, qué miedo… ¿me vas a castigar más o qué?
—Al sofá. Apoyada en el brazo inclinada.
—Mónica, que no me da la gana —respondió, echándose el pelo hacia atrás—. Que no soy una cría.
Mónica dio un paso hacia ella, despacio, firme.
—No te estoy preguntando y además, ahora mismo estás actuando como tal.
Nora sostuvo la mirada unos segundos más… intentando mantener ese aire chulo.
—Pues yo te estoy diciendo que no.
Silencio.
Mónica no discutió. No se enfadó. Simplemente se acercó, la tomó con firmeza por el brazo y la guió hasta el sofá.
—Apóyate.
—Que no —insistió Nora, intentando zafarse—. Mónica, en serio…
—Nora.
Solo su nombre. Dicho con esa calma firme que no dejaba espacio.
Algo en el tono hizo que Nora dudara.
—No me mires así… —murmuró, ya menos segura.
—Apóyate. Ahora.
Un segundo más de resistencia… y finalmente, bufando, Nora se inclinó sobre el brazo del sofá.
—Eres insoportable, de verdad…
Mónica cogió el cinturón de cuero marrón.
—Treinta. Cuéntalos.
Nora giró la cabeza.
—¿Treinta? ¿Tú estás loca?
El primer azote cayó, firme, seco.
Nora se tensó.
—Uno.
—¡Ay! Joder, Mónica…
—Dos.
—Vale, vale, ya está, ¿no? —intentó incorporarse.
La mano de Mónica en su espalda la mantuvo en su sitio.
—Tres.
El ritmo fue constante. Sin prisas. Sin perder la calma.
Nora pasó del tono desafiante a quejarse, a intentar negociar.
—Vale, ya lo he pillado…
—Cuatro.
—Cariño, en serio…
—Cinco.
El cuero marcaba cada golpe con precisión.
—¡Que me duele, joder!
—Seis.
—Qué mala eres…
—Siete.
A mitad, Nora ya no vacilaba. Respiraba hondo, apretando las manos contra el sofá.
—Mónica… por favor…
—¿Vas a ir mañana?
Silencio.
Azote.
—Ocho.
—Ay…
—Nueve.
—Vale, vale… lo pienso…
—No.
Diez.
—Lo haces.
—¡Vale! —soltó Nora, entre queja y rendición—. Vale, voy… voy…
Mónica no paró inmediatamente. Terminó la cuenta, firme, constante, hasta los treinta.
Cuando acabó, dejó el cinturón a un lado. Su mano volvió a la piel de Nora, ahora en caricias suaves, calmando. Nora respiraba entrecortado, con la voz más baja, sin rastro de desafío.
—Me da vergüenza ir… —murmuró, pero sin fuerza.
Mónica se inclinó un poco hacia ella.
—Pero vas a ir.
—Sí… —susurró—. Jo…
Mónica la ayudó a incorporarse y la abrazó, sosteniéndola cerca.
Al día siguiente se despertaron, desayunaron tranquilas y Mónica le comentó que se iba a vestir ya para ir a la tienda, que Nora debía hacer lo mismo. Nora se empezó a tensar. Dejó en el salón a Nora recogiendo las cosas y Mónica se fue a su habitación a buscar su ropa.
- Amoooooooooor, ¿de verdad que tenemos que ir a la tienda? ¿No prefieres mejor que te haga un masaje?
Mónica desde el otro lado de la habitación suspiró profundamente, cogió la lexan y con paso decidido se fue hacia Nora.
- Espera que te voy a sacar dudas.
Estaba Nora de pie, la cogió de la muñeca y desde ahí le dio un giro y desde la misma posición le arreó 5 azotes bien fuertes, con el pantalón puestos que hizo que Nora empezara a pegar saltitos y a quejarse.
- Como te vuelva a escuchar una sola queja más, te enteras. Y más te vale que estés pensando una buena disculpa para el chico de la tienda, porque como sea una disculpa falsa, te juro por quién tu más quieras, que te saco de la tienda, te llevo al parking y dentro del coche te pongo el culo morado con la lexan y te hago entrar en la tienda de nuevo a disculparte. ¿Me he explicado claro?
- Si, sí, súper claro. Cero dudas. Perdón.
El trayecto hasta la tienda fue silencioso. Nora caminaba despacio, notando cada paso, con esa molestia que le recordaba perfectamente la noche anterior, la lexan de hace un rato y la amenaza de Mónica. Pero no era solo eso.
Era la vergüenza.
—No me mires —murmuró.
Mónica sonrió levemente.
—No te estoy mirando.
—Sí, sí que lo haces…
—Nora.
Ese tono otra vez. Suave, pero firme.
Entraron en la tienda.
El mismo dependiente estaba allí.
Nora se quedó un segundo quieta, dudando. Mónica se colocó a su lado, sin presionar… pero presente.
—Venga —dijo en voz baja.
Nora respiró hondo, dio un paso al frente.
—Hola…
El chico la reconoció, pero no dijo nada.
Nora se removió, incómoda.
—A ver… que… —se pasó la mano por el pelo—. Ayer… me puse un poco borde.
Mónica no dijo nada. Solo estaba ahí.
—Bueno, un poco no… bastante —añadió Nora, con una media sonrisa nerviosa—. Y no era para eso. Así que… lo siento.
El dependiente sonrió, amable.
—No pasa nada, de verdad. Nos pasa a todos.
Nora bajó un poco la mirada, aliviada.
—Gracias… y… eso, que lo siento.
—Gracias a ti por venir a decirlo.
Salieron de la tienda.
En cuanto estuvieron fuera, Nora soltó el aire.
—Madre mía… qué vergüenza he pasado.
Mónica la miró, con suavidad.
—Pero lo has hecho.
Nora la miró de reojo.
—Ya… —pausa—. Gracias.
Mónica alzó una ceja.
—¿Por?
Nora se acercó un poco más a ella.
—Por no dejarme ser una imbécil cuando me pongo así… —dijo, medio en broma, medio en serio—. Y por estar ahí.
Mónica sonrió, llevándose su mano a la cintura.
—Para eso estoy.
Nora apoyó la cabeza un segundo en su hombro, más tranquila.
—Y no te acostumbres… pero… te quiero.
Mónica soltó una pequeña risa.
—Anda, vamos.
Y salieron juntas, dejando atrás la tienda… y también el mal momento.
Me ha gustado mucho mi amor, somos nosotras en el Game, 🤣🤣🤣 ya sé que hacer cuando te pongas tonta si vamos de compras. Me está gustando la idea dela saga. Te quiero
ResponderEliminarQue chula que chula que chula!!
ResponderEliminarMás!!! Quiero más!!! 😚
Gracias por tu tiempo y por remover cositas en el interior.
Un super abrazo y un mega beso, prima/escritora favorita ❤️
Me encantó Patty! creo que la idea de la saga es espectacular y nos da la oportunidad de ir conociendo cada vez más a los personajes e involucrándonos más en su historia, y ver cómo funciona la pareja en una relación de dd en los momentos más cotidianos. Y como menciona Ejune cualquier parecido con la realidad es pura coincidencia.
ResponderEliminarQué bueno Patty que estés escribiendo a full. Tal vez logre además a mover la conversación grupal y la escritura de alguna otra (o incluso algo más).
Escribir activa, compartir es vida
Hubiera preferido que me mataran a cepillazos que ir a pedir disculpas
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