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11. Mónica y Nora - El jueguito de móvil

Estaban siendo unas semanas las cuales Mónica tenía mucho trabajo. Llegaba muy cansada del trabajo, estaba preparando las nuevas canciones para el nuevo álbum y eso le hacía  tener que trabajar horas extras, además de levantarse tempranísimo. Las normas estaban siendo más relajadas ya que en ocasiones la vida se imponía y era difícil estar pendiente. Sin embargo, esta vez Nora no tenía tanta carga laboral y como se aburría un poco decidió descargarse un videojuego para el móvil. Era un juego muy simple pero adictivo. Iba sobre una granja dónde tenía que cuidar a las ovejas, regar los tomates, plantar calabazas, ordeñar vacas, vender huevos… Era un juego muy tranquilo y a Nora se le pasaban las horas muertas jugando sin darse cuenta. Mónica se había percatado de esto porque al llegar la noche, estando las dos en la cama la había pillado varias noches jugando.


Mónica: Amor, ¿estás últimamente jugando mucho a ese juego o me lo parece a mí?.


Nora: Es que es súper mono, mira, cariño. Mira qué bonita es la ovejita, qué carita tiene jajajaja.


Mónica: La verdad que se ve un juego muy bonito, pero por favor, no te acuestes tarde, no te quedes enganchada - dijo en un bostezo.


Nora: Sí, no te preocupes, termino de cultivar el trigo y me duermo ya. 


Mónica: Gracias amor. Llevo unas semanas de mucho trabajo y no estoy tan pendiente de ti. 


Nora: Está todo bien, no te preocupes de verdad, aprovecha y descansa.


Ambas se dieron un beso y Mónica se echó a un lado y a los pocos minutos estaba durmiendo profundamente. Estaba agotada. Nora aprovechó para jugar un rato más. Cuando terminaba de cultivar una cosa le salían otras misiones para hacer y eso hizo que se le pasara la hora pactada para irse a dormir. 


Nora: Bueno, por una noche no pasa nada - pensó.


Los días siguientes fueron prácticamente iguales. Iba subiendo de niveles fácilmente y eso hacía que cada vez tuviera más misiones que hacer en el juego. Cada noche llegaban rendidas a la cama.


Mónica: nena, quiero pensar que te estás durmiendo a tu hora. Deja el móvil a las 23:30, sin faltar un minuto, por favor.


Nora: Que siiii, tú descansa. Yo sé lo que tengo que hacer, no hace falta que cuides de mí.


Mónica: Ese tono no me gusta nada. En pocos días tendré ya descanso, y ya hablaremos. Buenas noches.


Nora: te preocupas por todo, pero es sólo cansancio tuyo. Duérmete ya. Buenas noches.


Como estaba agotada esa noche de nuevo y se levantaba a las 6 de la mañana, Mónica se echó a dormir pero desconfiada de su mujer, algo le decía que no estaba cumpliendo con el horario, además de las ojeras que tenía. Como a medida que iban pasando los días Nora estaba más enganchada al jueguito, esa noche no fue ninguna excepción. Esa vez le dieron pasada las 3:00 de la madrugada jugando cuando al día siguiente tenía que trabajar temprano. 


Mónica se fue a las 7 de la mañana de casa a trabajar. A las 7:30 sonó el despertador de Nora y ella se quería morir del sueño. Estaba agotada y no le apetecía nada ir a trabajar. Se le ocurrió una idea. Abrió su WhatsApp y escribió al trabajo.


Nora: Buenos días, sintiéndolo mucho, hoy no puedo ir a trabajar. Me estaba vistiendo y me ha pegado un tirón en la espalda que no me puedo mover. Voy a tomarme algo. Lo siento mucho.


Trabajo: No te preocupes, mejórate pronto.


Nora: Gracias de verdad, porque estoy fatal.


Tuvo la sensación triunfal que se había salido con la suya. Tendría la mañana entera para dormir y poder seguir jugando tranquilamente. Su mujer llegaría por la tarde y no se enteraría de nada. Jugó un rato más a la granja y se volvió a dormir. 


A las 3 horas sonó el teléfono de Nora, era del trabajo. Tenía una duda importante sobre un cliente. Estaba completamente dormida y ni lo escuchó. Volvió a sonar el teléfono y nada. Su jefa preocupada por si le había pasado algo decidió llamar a su mujer para asegurarse. Mónica estaba en el estudio con un productor haciendo unos cambios y unos arreglos musicales. 


Trabajo: Mónica, buenos días, perdona que te moleste. ¿Sabes si Nora está bien? 


Mónica: Buenos días, sí, ¿por qué? ¿Ha pasado algo?


Trabajo: Es que nos avisó esta mañana que no podía venir a trabajar por el dolor de espalda que tenía. Un cliente necesita hacer una consulta rápida y la estoy intentando localizar pero no coge el teléfono y me he preocupado, por eso te he llamado. 


Mónica: qué raro, no sabía que no había ido a trabajar. Voy a intentar localizarla y si no, me llego a casa. Muchas gracias por avisarme.


Trabajo: Espero que no sea nada. Gracias y perdona de nuevo por molestarte. 


Mónica: Nada, muchísimas gracias.


Acto seguido llamó a Nora, nerviosa por si le había pasado algo. Nada, el teléfono daba señal pero no cogía la llamada. Siguió insistiendo, mandó WhatsApps… sin rastro de su esposa. 


Mónica: Perdonad, pero no consigo localizar a mi mujer y me voy a llegar a casa por si le ha pasado algo. Mañana continuamos por donde lo dejamos. 


Productor: Sí, claro, no te preocupes, ojalá no sea nada y la encuentres pronto, si podemos ayudarte, avísanos. 


Mónica: Gracias, mañana nos vemos.


Cogió el coche y mientras conducía iba marcando el teléfono para ver si daba señales de vida. Aparcó, entró en casa, dejó el bolso. Tenía el corazón en un puño. 


Mónica: NORAAAAAAA, ¿estás aquí? - gritó.


Ni rastro de sonido. Fue directa a su habitación y encontró a su mujer con el móvil en la mano, con la granja encendida y a ella roncando. Suspiró de alivio porque estaba bien, pero decidió despertarla por el tremendo susto y porque sabíq


Mónica: Cariño, despierta - le dijo mientras la zarandeaba.


Nora: Mmmmm, ¿qué hora es? ¿Ya estás aquí? 


Mónica: Me han llamado de tu trabajo que nos ha ido porque te dolía mucho la espalda. ¿Qué te ha pasado? 


Se incorporó, se sentó en la cama y empezó a fingir que le dolía la espalda.


Nora: Sí, es verdad, que me he levantado con un dolor terrible. 


Mónica: Ya… claro. Y que tengas el jueguito encendido no tiene nada que ver, ¿verdad?

Nora se puso roja de la vergüenza, le habían pillado.


Mónica: ¿Quieres intentarlo de nuevo y contarme qué te ha pasado?


Nora: Es que te vas a enfadar…


Mónica: Ya estoy enfadada, nena. He tenido que salir del trabajo, aún sabiendo que estoy a tope porque pensaba que te había pasado algo, así que, que mínimo que me digas la verdad. 


Nora: Pues verás… anoche había un evento especial para conseguir una calabaza dorada… y lo mismo me he quedado despierta un poquito más tarde de lo normal… - dijo sin mirarla a la cara.


Mónica: Veamos. Entonces te has saltado tu horario de sueño, además que intuyo que estos días atrás también te ha pasado. Además has estado jugando, a pesar que te pedí que no echaras tantas horas y has llamado esta mañana fingiendo que estabas enferma para no ir a trabajar. ¿Me equivoco?


Nora: Técnicamente… digamos que si, que ha sido así. Perdón.


Mónica: Ven aquí. 


Nora: Ufff


Nora, normalmente tan desenvuelta, pareció reducirse ante la autoridad de su mujer. Con pasos lentos, se acercó a donde su esposa había tomado asiento en el borde de la cama. El contraste entre ellas era palpable: Mónica, con su porte de cantante profesional, sus vaqueros ajustados, camiseta rockera pero con su elegancia natural incluso en casa; Nora, con su pijama infantil de patitos amarillos y su cabello rebelde por la falta de cepillado.

Mónica: Sabes lo que esto significa - dijo colocando una mano sobre su propio regazo.

Nora asintió resignada.

Mónica la guió para que se colocara boca abajo sobre sus rodillas, la posición familiar que ambas conocían demasiado bien.

Los primeros azotes llegaron con mucha calma, palmas abiertas que resonaban contra la tela de los patitos. Uno, dos, tres... cada impacto marcaba un ritmo pausado.


Mónica: ¿De verdad pensaste que no me daría cuenta? - preguntó entre azote y azote.


Nora: Pensé que con la reunión con el productor hoy no volverías hasta—¡ay! - Un azote más fuerte interrumpió la explicación.


Mónica: Esa es precisamente la cuestión, Nora. No se trata de si te descubro o no. Se trata de tus valores, de ser responsable. 


Mónica detuvo momentáneamente los azotes y le bajó el pantalón hasta las rodillas y como siempre, sin bragas.


Los azotes continuaron, ahora piel contra piel, cada impacto dejando una marca rosada que gradualmente se intensificaba. La mano de Mónica, aunque cuidadosa, era firme y decidida.


Nora: Lo siento, cariño, de verdad -  gimió Nora después de una serie particularmente fuerte.


Mónica: Lo sé, mi vida. Pero las disculpas vienen después de la lección, no durante.


Otro azote, esta vez en el mismo lugar que el anterior, hizo que Nora se estremeciese.


Nora: ¡Al menos las gallinas estaban contentas! - soltó Nora entre risas a pesar del dolor.


Error. Mónica detuvo su mano en el aire. 


Mónica: ¿Tienes ganas de bromas aún? Pues eso vale extras, Nora. Y más fuertes.


Los siguientes azotes llegaron con renovada intensidad, concentrados en el área donde el muslo se encontraba con la nalga, el lugar que ambas sabían que dolía más. Nora apretó los puños alrededor de las sábanas, le dolió montón.


Cuando finalmente Mónica detuvo la mano, el culo de Nora mostraba un color rojo uniforme, cálido al tacto. 


Mónica: Levántate.


Nora obedeció, tambaleándose ligeramente mientras se ponía de pie. 


Mónica: Ahora, cara a la pared. Y piensa en por qué estamos aquí.


Los minutos que Nora pasó frente a la pared fueron largos y aburridos. Escuchó los pasos de Mónica salir de la habitación y al regresar trajo algo en la mano.


Mónica: Nora


Al escuchar su nombre, Nora se volvió. Mónica sostenía el cinturón plegado por la mitad.


Mónica: Apoya las manos en la cama. Cincuenta. Por mentir sobre tu salud para faltar al trabajo, y por descuidar tu descanso jugando hasta horas que sabes que no puedes estar estar despierta.


Nora: Ayyy ¿Cincuenta? ¿No podrían ser veinte y prometo…?


Mónica: Apoya las manos, ahora.


Nora apretó los dientes y obedeció. Apoyó los manos que se hundieron antes de que se inclinara sobre el colchón, agarrando la colcha entre sus dedos.


El primer impacto del cinturón hizo que contuviera la respiración. El segundo sacó un pequeño grito. Para el décimo, se le humedecieron los ojos y apretó con más fuerzas la colcha. Mónica mantuvo un ritmo constante, alternando ambos lados, repitiendo golpes en exactamente en el mismo lugar y asegurándose de que toda el área recibiera atención.


Durante el castigo, ninguna de ellas habló. Solo el sonido del cuero contra piel, los jadeos contenidos de Nora, y la respiración medida de Mónica llenaban la habitación.


Cuando el número cincuenta resonó por última vez, Nora permaneció en posición, su cuerpo un poco sudado y el pantalón de los patitos estaba en los tobillos.

Mónica: Ya terminó, cariño.


Nora se incorporó lentamente, su rostro marcado por los ojos humedecidos  pero también por el arrepentimiento verdadero. 


Nora: Perdón. Perdón por mentir, por faltar al trabajo, por todo - dijo mirando al suelo.


Mónica: Lo sé - la abrazó, evitando cuidadosamente las áreas doloridas. - Ahora, dame tu teléfono.


Nora lo recuperó de la mesilla de noche y se lo entregó. Con unos pocos toques, Mónica desinstaló el juego de la granja, eliminando no solo la aplicación sino también todos sus datos.


Nora: Ayyy, ¡Mis ovejitas!" protestó Nora, pero se cruzó la mirada de Mónica - Quería decir… adiós, ovejitas virtuales. Fue bonito mientras duró.


Mónica no pudo evitar una pequeña sonrisa.


Mónica: Anda ven, que tu trasero debe dolerte horrores.


Nora: no sé porqué lo dices…  


Después de aplicar una crema calmante en las áreas enrojecidas, se acomodaron juntas bajo una manta suave en el sofá.


Mónica: Bueno, al final resulta que las dos tenemos el día libre al fin y al cabo… ¿Qué película te apetece? preguntó, pasando un brazo alrededor de los hombros de Nora.


Nora: Algo que no tenga animales de granja - respondió con una sonrisa tímida, apoyando la cabeza en el hombro de su esposa.


Mónica rió suavemente, seleccionando una comedia romántica que ambas disfrutaban. Mientras los créditos iniciales comenzaban.


Nora: ¡De nada! por hacer que tengas el día libre jajajaja

Mónica: Te echaba de menos, cariño, pero estas no son las formas. No lo hagas más, ¿vale?


Nora: Sí, perdona, estaba de broma. Yo también te he echado de menos, cariño.


Nora se acurrucó más cerca. El castigo había terminado, la lección había sido impartida, y en el suave abrazo del sofá, el equilibrio de su peculiar dinámica había sido restaurado una vez más.






 





Comentarios

  1. Buah prima que pasote! (Yo estoy enviciada a dos juegos a falta de uno... Son las 2:03 y acabo de leer el relato porque me he quedado jugando) Me ha encantado, como todo lo que escribes.
    Un besito a las dos 💕

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    1. Prima, a ti te hace falta que te ponga en su sitio!! Yo me tuve que quitar el jueguito jajajajaj

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  2. Me encanta es una historia que le puede pasar a cualquiera, con Mónica tan estresada le pudo haber ido mucho peor, tuvo suerte, y me da gusto jaja

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    1. Es que Mónica está haciendo horas extras con Nora siempre jajajajaja

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  3. Como la vida misma , es que no la pueden dejar sola. Nora no aprende y Mónica tiene demasiada paciencia. La próxima vez no se sienta en una semana lo menos. Me ha encantado amor. Un besito

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    1. Sí, no es cierto?, tan real que duele. Mónica le tiene paciencia porque así somos, nos comanda el amor. Pero después de leer esto dudo que Nora instale un jueguito en el teléfono muy pronto.

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