Ir al contenido principal

Cap 7 Valery y Elena: Un día de Sí.



Elena se encontraba, como cada viernes, en la oficina de su tutora. Después del chistesito del cigarro del otro día, no tenía ninguna intención de meterse en más problemas.

Estaba sentada frente al escritorio de Valery, mientras su tutora caminaba de un lado a otro por la oficina, revisando una carpeta que sostenía entre las manos.

—Cada fin de mes, los profesores reportan cualquier anomalía que observen durante sus clases. Si se trata de algo urgente, lo comunican de inmediato. Pero parece que tu historial está limpio. Veo que todo marcha muy bien en la parte académica.

—¿Pero...?

—No hay ningún «pero». Siempre has sido muy responsable con tus clases y con tu trabajo. A veces, incluso demasiado.

—Nunca es demasiado cuando se trata de ser responsable.

—Qué bueno que lo dices, señorita Responsabilidad, porque también hay otros aspectos en los que debes ser más responsable, y no me refiero precisamente a lo académico.

Elena levantó las cejas.

—¿Ahora qué hice? Te juro que ya no me acerco a Sara ni a sus amigas.

—No, nena, no es eso. Quiero que me digas qué te ha dicho tu médico durante todo este tiempo. Hace meses fuiste a hacerte unos estudios y, hasta ahora, no me has contado qué pasó cuando revisaron los resultados.

Elena bajó la mirada.

—Bueno... de eso no pasó nada, básicamente. Me dijo  lo mismo que tú. Así que no vi el caso de hablar del tema. Tú eres médico, así que no vi necesario ahondar en detalles y robarte de tu valioso tiempo.

Valery dejó caer con firmeza la carpeta sobre el escritorio.

Valery: Elena del Ángel, eso no lo decides tú. Y mi valioso tiempo, como dices, es valioso porque lo invierto en las personas que son importantes para mí. O sea, tú.


Hizo una breve pausa, mirándola fijamente.


—Así que me cuentas ahora mismo qué pasó en esa consulta. Porque, por el tonito que traes, detecto que algo me estás ocultando.

Hubo un breve silencio.


 Elena se puso nerviosa y desvió la mirada.


Valery: Te estoy esperando. No me hagas repetirlo.

Elena: No fue nada. De verdad, no era nada grave. Solo me dijo que tenía que cuidar más mi alimentación para que no se volviera un problema. También sugirió que, por mis horarios entre el trabajo de medio tiempo y la escuela, tomara vitaminas. Aunque dijo que es mejor consumirlas directamente de los alimentos, las pastillas también podrían ayudarme.

Valery: Bien. Muéstrame las vitaminas que te dio.

Elena sacó el frasco de su mochila y se lo entregó. Valery lo revisó detenidamente y, al notar que estaba prácticamente lleno, abrió los ojos con sorpresa.

Valery: Elena del Ángel... esto está casi lleno. ¿Cuántas veces te las has tomado?

Elena: No lo sé. Igual es mejor consumir las vitaminas en los alimentos, así que no veo cuál es el problema.

Valery: Elena... Elena... Elena...

Valery suspiró y se masajeó el tabique nasal.

Valery: ¿Qué voy a hacer contigo, niña? Levántate.

La tomó suavemente del brazo y la llevó hasta una báscula que tenía en su oficina.

Valery: Súbete.

Elena obedeció.

Valery observó el número en la báscula y después la miró a ella.

Valery: Ahora sí, ¿ves el problema?

Elena: Ya sé que no te gusta que pese menos de cuarenta kilos por mi estatura y esas cosas, pero de verdad ya no me salto las comidas.

Valery: Pero sigues pesando exactamente lo mismo. Y eso es porque tu cuerpo no está recibiendo los nutrientes que necesita debido a que tu alimentación no es lo suficientemente balanceada. Seguro la receta dice que debes tomarlas todos los días. Por eso las cargas contigo. Pero tú, señorita, nada más las andas paseando por todo el campus.

Elena: No es intencional. Se me olvida tomarlas. Pero ya me siento mejor de salud. Además, ya no peso lo mismo. Ahí dice que ya llegué a los cuarenta kilos.

Valery: No, pues te felicito. El peso mínimo requerido... ¡la meta más grande del mundo!

Lo dijo con evidente sarcasmo.

Valery: ¡Pues no, señorita! ¿Cuándo vas a entender que los valores mínimos son una referencia, ni una señal de que estés saludable?

Valery tomó la mochila de Elena y se la entregó.

Valery: Toma tus cosas. Vamos a continuar esta conversación en tu casa.

Ambas subieron al coche. De camino, Valery se detuvo en una farmacia y le pidió a Elena que se quedara en el auto.

Unos minutos después, ya se encontraban en la casa de Elena, en la sala. La joven se dejó caer sobre el sofá y soltó un largo suspiro.

Elena: Qué día más cansado...

Valery: Y todavía no termina, señorita.Ponte boca abajo con las nalgas descubiertas.


Elena se quedó mirándola, incrédula.— Creo que estás exagerando un poco. No deberías castigarme por esto. El peso lo recuperaré poco a poco, no es para tanto.


Valery la miró con severidad. — No me hagas repetirlo, Elena.


El tono más firme y autoritario de Valery hizo que Elena finalmente obedeciera. No pudo evitar soltar un largo suspiro mientras se acomodaba en el sofá.


Elena: De verdad creo que estás exagerando...


Valery dejo de hacer lo que estaba haciendo y se acercó a darle tres nalgas  fuertes.


Valery: Eso no lo decides tú. Y no vuelvas a llamarme exagerada. Llevas semanas ignorando algo que sabes que debes hacer y todavía tienes el descaro de decirme que no es importante.

Elena guardó silencio.

Valery: Deja de cavar tu propia tumba y empieza a hacerte responsable de tu salud.

Valery se apartó y continuó preparando las cosas que había comprado en la farmacia.

Pasaron unos momentos. Entonces, el olor a alcohol llegó hasta Elena.

La joven se puso nerviosa y giró la cabeza para mirar a Valery.

Elena: ¿Por qué huele a alcohol?

Al comprender lo que Valery estaba preparando, Elena comenzó a angustiarse.

Elena: No, no, eso no, Val... Ya me voy a tomar mis vitaminas.

Su voz comenzó a quebrarse.

Valery: No, señorita. Tuviste muchas semanas para hacer las cosas bien y no lo hiciste. Incluso hace unos segundos continuaste diciendo que no era importante.

Valery dejó lo que estaba haciendo y la miró fijamente.

Valery: Así que ahora voy a asegurarme de que cumplas con el tratamiento que te indicaron. Colócate como te indiqué y deja de discutir conmigo.


Elena: Pero es que no es justo. Además, las vitaminas son mejores cuando se obtienen de los alimentos. Y, a falta de estos, en teoría sería mejor ingerirlas en pastillas que recibirlas mediante inyecciones.

Valery: ¿Me vas a decir a mí, que soy médico, qué es lo mejor para tu salud?

Valery la miró con severidad.

Valery: ¡Date la vuelta, ya!

Elena negó con la cabeza y se aferró al respaldo del sofá.

Elena: No. No quiero. Y no puedes obligarme.

Valery se quedó en silencio durante unos segundos, mirándola fijamente.

Valery: ¿Ah, no?

Elena tragó saliva, comenzando a arrepentirse de haberla desafiado.

Elena: Val...

Valery: No, Elena. Escúchame bien. Puedes estar molesta conmigo, puedes pensar que estoy exagerando e incluso puedes discutir mis decisiones. Pero no voy a quedarme de brazos cruzados mientras ignoras algo que puede terminar afectando seriamente tu salud.Si te vas a comportar como una niña, no me dejas de otra, (dejo la jeringa sobre la mesita que está frente al sofá y se acercó a Elena para tomarla por el brazo y acomodarla en su regazo, hubo mucho forcejeo pero finalmente logro colocarla, luego puso una de sus piernas sobre las piernas de Elena para asegurar que no se escapara ni moviera demasiado). No te voy a dejar ir , así que coopera, ya no eres una niña. 


Valery tomó el algodón y preparó la zona mientras Elena la observaba con evidente nerviosismo. La joven apretó los dedos contra el sofá y trató de mantenerse quieta.


Valery: ponte floja (le dió una nalgada) . Si te tensas, será peor.

Elena respiró profundamente, aunque estaba demasiado nerviosa para obedecer del todo.

Elena: Val... no quiero. Me da miedo.

Valery: Ya lo sé. Pero tienes que confiar en mí.

Elena cerró los ojos con fuerza.

El procedimiento apenas duró unos instantes, pero para ella pareció una eternidad. Se estremeció y las lágrimas comenzaron a correr por sus mejillas mientras repetía entre sollozos que le dolía.

Valery terminó rápidamente y apartó todo.

Valery: Listo. Ya pasó.

Elena abrió los ojos poco a poco, todavía llorando.

Valery: Respira. No fue para tanto.

Elena: Para ti no...

Valery suspiró al verla tan afectada y suavizó un poco la expresión.

Valery: Está bien. Ya terminó. No tienes que preocuparte más por esto.


Elena: Eres una sádica de lo peor —dijo la joven con un pequeño puchero y los ojos todavía llenos de lágrimas.

Valery: Ya pasó, mi bebé llorona.

Valery la atrajo hacia ella y la abrazó, depositando un beso en su frente.

Valery: No fue para tanto.

Elena: ¿Cuántas de esas cosas horrendas del diablo compraste?

Valery: Poquitas, ya. Deja de hacer berrinche, acomódate la ropa y vamos a comer. Ya es tarde.


El resto del día se lo pasaron conversando y viendo películas. Fue una tarde tranquila y agradable. Al final, se despidieron con un beso y Valery prometió regresar al día siguiente por la tarde para que pudieran comer juntas.


Al día siguiente, Elena llegó de su trabajo de medio tiempo y, apenas entró en casa, corrió a buscar las dichosas vitaminas. No quería volver a verlas en su vida, así que las escondió en un lugar donde estaba segura de que Valery no las encontraría.

Después se metió a bañar antes de que su tutora llegara.

Sin embargo, cuando salió de la regadera, se encontró con Valery sentada en su cama, esperándola con los brazos cruzados.

Elena se alegró al verla y se acercó para darle un beso en la mejilla, pero Valery no correspondió al gesto.

Elena: Hola, hermosa. ¿Cómo estás? ¿Por qué tan fría? ¿Sucedió algo en el hospital? ¿Quieres darte una ducha?

Valery: Nada de eso, querida. Más bien cuéntame tú... ¿tienes algo que decirme?

Valery levantó una ceja.

Elena tragó saliva.

Elena: No que yo sepa. Acabo de salir de bañarme. Si me esperas unos segundos, estaré lista.

Valery: No, señorita. De "lista", nada.

Valery señaló con gesto serio.

Valery: Te quieres hacer la lista conmigo, pero no va a funcionar. Dime dónde están.

Elena: ¿Dónde está qué cosa?

Elena intentó hacerse la desentendida, aunque su voz la delataba.

Valery: Sabes perfectamente a qué me refiero.

Elena guardó silencio.

Valery: Las vitaminas, Elena. ¿Dónde están?

(le sube la bata del baño y le da una fuerte nalgada, así de pie). No me hagas repetirlo.


Elena: las tire (agachando la mirada y más nerviosa).


Valery: con que las tiraste.  (Se pone de pie pero está vez para acomodar a Elena sobre la cama recostada boca abajo, le levanta la bata para dejar al descubierto sus nalgas, y cae la primer nalgada). Y se puede saber ¿dónde?porque  sabes perfectamente que los suministros médicas no van a la basura común. (Comienza a repartir varias palmadas firmes, intercalando las entra ambas nalgas).


Elena: Pues si las tire, en un hospital de regreso del trabajo y ya, auch me duele ya no me castigues, aún tengo las pastillas, me las tomaré todos los días, así que ya cálmate.


Valery: ¿Que me acabas de decir? A mí no me vas a hablar así jovencita, ya se te acabó el chistesito, levántate y colóca un par de almohada  en el centro de la cama bajo cuando regrese te quiero  ver recostada boca abajo encima de ellas. ¿Entiendo?


Elena: si señora (Elena trago saliva, se armó de valor y se colocó).


Valery regreso de la ducha con el cepillo, está un poco mojado pero en ese momento no importaba mucho. Se acercó a la cama puso el cepillo sobre las nalgas desnudas de Elena y dejo caer el primero azote, la joven dió un grito tan fuerte que podía oírse hasta la siguiente cuadra, luego callo otro más y un tercero.


Valery: me vas a decir donde están esa inyección?


Elena: Ya no están, ya olvidalas ¿si? (Otro azote aún más fuerte callo y por supuesto Elena grito y pataleo) Para que me duele.


Valery: deja de mentirme (le dió otro cinco azotes) bien no quieres hablar entonces iremos directo a la farmacia a comprar más y ahí mismo entraremos al consultorio para que te pongan una.


Elena: no eso no, no quiero que nadie más me inyecte.


Valery: ¿Entonces qué? Quieres que le diga doctor disculpe me presta su camilla, nececito ponerle una inyección a esta malcriada.


Elena se puso roja de la vergüenza solo de imaginarlo —Yaaa, bien tu ganas, ya entendí, te voy entregar las estupidas agujas del diablo.


Estaba a punto de pararse para ir por ella pero Valery puso la mano sobre su espalda para colocarla nuevamente en posición, dándole una tanda de 10 azotes con el cepillo, cinco  en cada nalga, seguidos y contundentes.


Valery: Bien ahora sí ve por ellas y no te tardes.


Elena salió de la habitación y entro a una habitación en la que solo tenía objetos que coleccionaba desde figuras y cómicas hasta tazos y calcomanías promocionales de las papitas que compraba desde que tenía memoria.  Tomo de entre los estantes las dichosas vitaminas y segundos después se las entregaba en las manos a Valery. 


Valery: muy bien, ahora dime, ¿que te hizo pensar que esto era una buena idea? (La joven se encontraba con la mirada en el piso y solo pudo mover los hombros en una seña de no sé). Mírame cuando te hablo y contesta con palabras.


Elena: no lo pensé, solo lo hice, no me gustan esas cosas, me vas a dejar las pompis como coladera ( se cruzo de brazos e hizo un puchero).


Valery: no importa si te gustan o no, por lo general a nadie le gustan, pero es por tu bien y tú salud es lo más importante, te dije la vez pasada que no es cosa de juego.


Elena: pero no estaba jugando, yo.. suena tonto (se puso roja de la cara antes de poder decir lo siguiente) pero esperaba que de verdad lo cambiarás por las pastillas. (Valery sonrió, pues definitivamente esa lógica suya era más la de una niña).


Valery: amor, solo van a ser unos paquetitos, si te portas bien tu salud va mejorar y ya no tendré que usarlas, ahora ven aquí nena caprichosa, le da un beso en la boca. A veces me sorprende lo infantil que puedes llegar a ser. 


Elena: y eso que no te ha mostrado mi cuarto de colección. (Dijo sonriendo).


Valery: pues me gustaría verlo y luego yo te mostrare el mío, pero por ahora debemos ir a comer (Elena sonrió) pero no cantes victoria, de regreso te pondré tu inyección, te las voy a colocar en la noche para que puedas caminar cómodamente en el día (Elena puso una cara de puchero por qué al final no se salió con la suya) anda dame un besito y cámbiate para irnos.



Habían pasado ya unas semanas desde aquel incidente y, lógicamente, Elena se había vuelto mucho más cooperativa con respecto a su salud. Al final, ambas habían acordado que Valery sería su médica a partir de entonces, así que, si necesitaba alguna consulta, ya no tendría que esperar tanto tiempo para recibir atención.

Era viernes al mediodía y, como de costumbre, la reunión semanal tenía lugar en la oficina de Valery.

Valery: Bueno, pues parece que ya estás mucho mejor. Tu presión volvió a la normalidad, te ves más descansada y, además, has recuperado un poco de peso. Ya no estás tan pálida.

Elena: Entonces... ¿al fin terminó la tortura?

Valery: No seas exagerada. Solo fueron unos cuantos piquetes. No me pasé todo el mes inyectándote. Además, después de eso comenzaste a dormir y a comer mejor. Las vitaminas también ayudaron a recuperar tu apetito.

Elena: No fueron las inyecciones. Fue porque me quitaste mis papitas y mis golosinas. ¡Tenía que comer algo! (hizo cara de puchero). Pero lo bueno que ya se terminaron, porque me dolían las nalgas y no del modo bonito


Valery puso una sonrisa maliciosa en su rostro. —¿Con que modo bonito eh?


Elena: No Valery, no quise decir eso, (se tapo las nalgas en un acto reflejó y se sonrojo).


Valery: tranquila se que no lo dices por qué vayas por ahí descuidando tu salud intencionalmente, para poder estar sobre mis rodillas, si fuera así de nada serviría nuestro acuerdo y tampoco habría mejoras.


Elena: pues claro, no lo hago a propósito, digo del "modo bonito" porque es muy lindo tener a alguien que me cuide así, se siente bonito saber que no estoy sola y que si la riego no te vas ir solo porque me equivoco, si no que podemos arreglarlo, aún que eso implique no poder sentarme cómodamente algunos días. Bueno ahora que me he portado súper bien, me he ganado un premio.


Valery: ¿Un premio? Pero si cuidar de tu salud es tu responsabilidad —dijo con expresión seria.

Elena: Anda, no seas así. Mi salud emocional también necesita un poquito de reforzamiento positivo. Anda, dame un premio, ¿sí? Si hay castigos cuando me porto mal, también debería haber premios cuando me porto bien.

Valery: Mmm...

Valery se llevó una mano al mentón y lo pensó durante unos segundos.

Valery: Muy bien. Por ser la primera vez, te dejaré elegir tu premio. ¿Qué te gustaría?

Elena: Mmm... déjame pensar.

Elena se quedó pensativa unos segundos hasta que una sonrisa traviesa apareció en su rostro.

Elena: ¡Ah, ya sé! Un día de sí.

Valery: ¿Un día de sí?

Valery entrecerró los ojos.

Valery: Creo que me voy a arrepentir de haber preguntado, pero... ¿qué es exactamente un "día de sí"?

Elena: Un día entero en el que no podrás decirme que no. 😇

Valery: Eso me parece demasiado excesivo... y bastante arriesgado.

Elena: ¿Qué pasa? ¿Tienes miedo? ¿Acaso no confías en mí?

Valery: Confío en ti tanto como una spanker puede confiar en una brat.

Elena: ¡Oyeee! No es justo. Yo ni siquiera soy una brat... ¡aún!

Elena sonrió, intentando contener la risa.

Elena: Pero de verdad te prometo que no es nada malo. Mira, si me paso de la raya, tan simple como pararme el carro y ya está. Tampoco soy tan inconsciente.

Valery la observó en silencio durante unos segundos, claramente reconsiderando si acababa de cometer un grave error al darle a Elena la oportunidad de elegir su propio premio.


Valery: (suspira) bien por esta vez accederé sólo porque se lo mucho que te esforzaste en cambiar varios de tus malos hábitos y se que no fue sencillo, pero que no se te olvide que si te excedes soy capaz de castigarte incluso si estamos en la calle.


Elena: ¿Qué? No eso no! De verdad que me portare bien.


Valery: bien pues concedido tú premio, pero será hasta el siguiente fin de semana, mañana tengo un día muy acelerado en el hospital y casi no estaré este fin de semana, ahora dame un beso y vamos a tú casa.


El fin de semana por fin llegó y Elena estaba feliz. Irían a desayunar juntas, darían un paseo y, por si fuera poco, había una feria en la ciudad. Tendrían la oportunidad de divertirse y, para Elena, sería su primera cita de verdad.

Valery abrió la puerta principal de la casa de Elena. Tenía su propia llave desde que ambas habían acordado que sería su spanker. Vestía de manera casual y se veía hermosa. El negro le sentaba especialmente bien, aunque el blanco también le quedaba perfecto cuando llevaba su bata. En realidad, Elena estaba convencida de que aquella mujer se veía bien con cualquier cosa.

Valery: Buenos días, solecito. ¿Dormiste bien? Apuesto a que te quedaste despierta hasta tarde por la emoción.

Elena: ¿Tan temprano ya va a comenzar el interrogatorio? Hoy es mi día, no me regañes.

Elena hizo un pequeño puchero.

Valery: Vamos, deja los berrinches y dame un beso. Te conozco perfectamente y sé que te quedaste dando vueltas en la cama hasta tarde. Pero por hoy lo pasaré por alto... como única excepción.

Elena: Ya entendí. Tampoco me lo remarques tanto. Vámonos a la Casa del Waffle y luego de ahí a la plaza. Después podemos ir a la feria. Este día eres toda para mí, así que nada de teléfonos ni emergencias médicas.

Valery: Lo mismo te digo. Nada de celular.

El día comenzó bastante bien. Primero disfrutaron de un delicioso desayuno; después hicieron algunas compras en el centro comercial y, más tarde, fueron a comer a un restaurante muy bonito.

Finalmente llegó la hora de ir a la feria.

Elena estaba especialmente emocionada, aunque, para sorpresa de Valery, parecía interesarle mucho más recorrer los puestos que subirse a los juegos mecánicos.

Compró un algodón de azúcar y después se dirigieron al puesto de tiro al blanco. Elena demostró que tenía bastante buena puntería y terminó ganando un enorme peluche.

Se lo entregó a Valery con una sonrisa.

Elena: Es para ti. Para que tengas un recuerdo de nuestra primera cita.

Valery sonrió y abrazó el peluche contra su pecho.

Valery: Entonces tendré que conseguirte uno a ti.

No tardó demasiado en encontrar la oportunidad. En el puesto de globos, Valery tomó los dardos, apuntó con cuidado y consiguió derribar los suficientes para llevarse otro premio.

Esta vez, el peluche terminó en brazos de Elena.

Elena: ¡Qué lindo gatito! Está hermoso y enorme. Lo voy a poner en mi cama.

Sonrió encantada mientras abrazaba su premio.

Elena: Vamos por unas papitas. Ya me dio hambre.

Valery: Si te dio hambre, mejor vamos a cenar.

Elena: Quiero unas papitas. Y todavía es el día de sí, así que no puedes negarte.

Valery: Claro que podemos ir. Después de cenar.

Elena: ¡Eso es trampa!

Elena volvió a hacer un puchero.

Valery: No es ninguna trampa. Ya comiste algodón de azúcar, helado, desayunaste un waffle y, a la hora de la comida, también comiste papas con tu platillo. Así que las papitas ya tuvieron su oportunidad. Ahora toca cenar algo de verdad. Si después todavía te queda espacio, entonces veremos.

Elena: Pero no es justo. Me quieres llenar de comida para luego decirme que no a las papitas. ¡Y dijiste que hoy no ibas a decir que no!

Valery: Y no lo he hecho. Estoy cumpliendo mi palabra. Tú también tienes que cumplir la tuya y cuidar un poco lo que comes.

Elena la miró con expresión de inconformidad durante unos segundos.

Elena: Está bien... a cenar pues. Pero quiero ensalada, porque quiero dejar espacio para mis papas.

Valery soltó una pequeña risa.


Al final, la noche transcurrió tranquilamente y Elena se portó mucho mejor de lo que Valery había esperado. Ambas disfrutaron de la feria, entre risas, juegos y pequeños momentos que hicieron de aquella una noche especial.

La velada terminó bajo un cielo iluminado por fuegos artificiales y con un beso apasionado que hizo que Elena sintiera que su primera cita había sido perfecta.

Ya era bastante tarde y las dos estaban agotadas. Como la casa de Valery quedaba más cerca, decidieron que esa noche Elena se quedaría a dormir con ella.


Continuará...


Comentarios

Entradas populares de este blog

14. Mónica y Nora - La grabación

Estaban en la cocina bien temprano. Mónica se estaba preparando una infusión para la garganta ya que tenía el día con grabaciones y tenía que tenerla perfecta para cantar.   Nora: Mi amor, ¿hoy te toca trabajar todo el día? Mónica: Sí, cariño, así que necesito empezar la mañana bien tranquila. Que además tengo que tener la cabeza despejada.  Nora: ¿Por qué me miras directamente al decir la palabra “tranquila”? Mónica: La fama que te precede y te has ganado a pulso señora brat.  Nora: ¿Yoooo? Todo eso son exageraciones. Mónica: Anda, dame un beso, que me voy a la ducha y me voy al estudio. Nora aprovecha que se escuchan los grifos del agua y le coge el móvil de Mónica. Quería hacer una travesura para reírse. Conocía al equipo con el que su esposa trabajaba y se llevaban bastante bien. Se habían ido a comer juntas todas alguna vez. Abrió el chat donde estaban el grupo de producción y decidió mandar un audio. Nora (con voz firme y seria): Buenos días señoras. ...

13. Mónica y Nora - Día de piscina

Era fin de semana, las chicas habían tenido una semana con mucho lío laboral, así que decidieron tener estos dos días más tranquilos. Mónica tenía muchas ganas de leer un libro que se compró hace un mes pero no había tenido oportunidad de leerlo. Nora en cambio le apetecía plan de piscina. Ambas se pusieron el bañador y salieron al patio de su casa, en su piscina privada. Mónica se puso debajo del parasol con sus gafas de sol negras, enormes y en su hamaca con un té helado. Abrió su Kindle y empezó a leer. En cambio Nora se tiró a la piscina a nadar un rato. Todo era un remanso de paz y tranquilidad. Mónica: mmm, estaba deseando que llegara este momento - pensó. A los 15 minutos Nora decidió llamar la atención de su esposa. Nora: Mi vida, qué buena está el agua… Mónica: Me alegro por ti. Nora: ¿Y si entras? Mónica: No, cariño, estoy leyendo. Déjame tranquilita, por fa. A los pocos minutos, Nora salpicó unas gotas a los pies de su mujer. Mónica: Cariño, no quiero que me ...

Ejune y Patty - El castigo que hizo que me enamorara de ti

HISTORIA REAL Dedico este capítulo a mi preciosa mujer, que me aguanta, me soporta, me complementa pero sobre todo hace que la ame con todo mi ser. También se lo dedico a la sádica, paciente, no-tan-divertida y maravillosa Jefa. Gracias por haberte involucrado tanto en el mundo de la Disciplina Doméstica y dejarme ser yo, la presidenta de Bratnia, con todas sus luces y oscuridades que conlleva. La historia comienza hace más de 10 años. Nos conocimos en una fiesta, nos besamos (no recuerdo el beso, lo sabes) pero te llamé la atención por lo exhibicionista que era y el aguante que tenía hacia los azotes. Nos agregamos en las redes, pero no me acordaba ni de tu nick. Ya después empezamos a hablar y no sabía aquel entonces cuánto me iba a cambiar la vida. Nos llevamos 8 años de diferencia, Ejune mayor que yo (me encanta). Ibamos a coincidir en las siguientes fiestas y quería conocerte un poco más para ver qué me iba a encontrar, para saber cómo eras y a qué acatarme. Yo que me aco...