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Capitulo 4 Valery y Elena:La Importancia de la alimentación

 


Ya habían pasado algunos días desde el primer castigo que Elena había recibido de su tutora.

Como parte de su acuerdo, habían establecido verse cada viernes, sin falta, en la oficina de Valery, alrededor del mediodía. Ambas terminaban sus labores temprano, así que podían aprovechar ese momento para revisar avances, hablar de cualquier asunto pendiente y organizar lo que vendría durante la semana.

Elena se encontraba ansiosa. Era su primera reunión desde que Valery había aceptado ser su spanker. Respiró profundamente, soltó un largo suspiro y finalmente se animó a tocar la puerta.

—Adelante.

—Buenos días, profesora —dijo Elena mientras se acercaba para saludarla con un beso en la mejilla.

—Buenos días, pequeña. ¿Qué tal estuvo tu día?

—Bien —respondió, sonrojándose—. Pero no me digas pequeña. Está bien que sea chaparrita, pero no soy una niña —añadió, haciendo un pequeño puchero.

—Sé que no eres una niña, aunque a veces te comportes como una.

—¿Lo dices al tanteo o es que sabes algo que yo no sé?

Valery levantó una ceja y la miró expectante.

—¿Tú qué crees?

—Que me estás tendiendo una trampa, pero no pienso decir nada.

—Bueno, vamos. Toma asiento, que tenemos que hablar.

Elena estaba a punto de sentarse cuando recordó algo. Rápidamente sacó de su mochila una pequeña caja cuidadosamente decorada. Sobre ella había una tarjeta hecha a mano.

—Se me estaba olvidando. Te traje esto. Son solo chocolates, pero espero que te gusten —dijo mientras extendía las manos para entregarle el obsequio.

Valery tomó la caja y sonrió.

—No parecen ser solo chocolates. Espero que esto no sea un soborno —bromeó.

—¡Para nada! Yo sería incapaz. Es solo para… ya sabes. Bueno, mejor lee la tarjeta.

Valery desató el listón que mantenía unida la tarjeta a la caja y la abrió. Dentro encontró una nota y un pequeño dibujo hecho a mano. La sorpresa consiguió arrancarle una sonrisa sincera.

Leyó la nota en voz alta:

—«Gracias por ser mi spanker». Jajajaja… ¡y hasta trae tu firma!

—No. Firma la que me dejaste el otro día en el trasero —respondió Elena, riéndose.

Valery soltó una carcajada.

—Hablando de eso, tengo que hablar muy seriamente contigo. Así que toma asiento. Me encantó el obsequio y el dibujo también. Un lindo recuerdo de nuestra primera sesión, supongo. Debería colgarlo justo detrás de mí para que todo el mundo lo vea.

—¡No! —protestó Elena, completamente avergonzada—. Es solo para ti. No quiero que nadie más lo mire.

—Pero si es un dibujo, no una fotografía, cariño. Está bien, lo pondré junto a mi cama y solo se lo mostraré a gente que realmente entienda el bello arte de la disciplina doméstica y de mi bella pequeña —dijo con una sonrisa.

—Bueno, está bien… solo porque a ti no puedo negarte nada —respondió Elena con un suspiro.

—Con que no puedes negarme nada… Lo tendré anotado para futuras referencias. Aunque, si mal no recuerdo, sí me negaste colgarlo en mi oficina.

—¡Eso es diferente!

—Jajaja. Tranquila, solo estaba bromeando. No colgaría algo tan hermoso aquí, exponiendo nuestra relación de spanking. Eso es privado y hay que tener cuidado con quién hablamos de estas cosas.

Valery dejó la caja a un lado y su expresión se volvió un poco más seria.

—Pero ya no desviemos más el tema principal de la reunión. Tú y yo tenemos un asunto pendiente.

Elena se sentó frente a Valery, aunque no pudo evitar hacerlo con cierto nerviosismo.

—Quiero asegurarme de que tu salud esté bien. A simple vista luces más delgada y se nota que últimamente no estás durmiendo bien. El día que te conocí te desmayaste, y eso no es algo que deba tomarse a la ligera. Además, te enfermaste poco después y eso me hace pensar que quizá no estás cuidándote como deberías.

Valery hizo una breve pausa antes de continuar.

—Así que necesito que hagas una cita con tu médico personal para que te realicen unos estudios generales y puedan revisar tu estado de salud actual. ¿Cuándo fue la última vez que fuiste a un chequeo de rutina?

—Pues… es que…

—¿Elena? ¿Cuándo fue? Y no me mientas.

Elena bajó la mirada.

—Nunca.

Valery se quedó mirándola, incrédula.

—¿Cómo que nunca?

—¡No, espera, espera! Ya me acordé. Sí fui… cuando lo solicitó la universidad para el registro.

Valery soltó un suspiro y negó con la cabeza.

—Elena del Ángel, eso y nada son prácticamente lo mismo. Un chequeo de rutina se hace periódicamente, no únicamente cuando alguien te lo solicita. Ese registro fue cuando comenzaste la universidad; llevas dos años sin revisarte. De verdad que, a veces, sí que pareces toda una niña. La salud no es algo que debas descuidar.

—Pero es que, si uno se siente bien, no veo la necesidad de ir al médico.

Valery levantó una ceja y la miró con incredulidad.

—¡Bonita cosa! Entonces, ¿solo vas a ir al médico cuando te estés muriendo?

—Pues… muriendo, muriendo, no tanto así —respondió Elena, intentando defenderse—. Pero ¿por qué tendría que parar todo para ir al médico si me siento bien?

Valery la observó durante unos segundos, claramente tratando de contener su frustración. Finalmente, se puso de pie, rodeó el escritorio y tomó a Elena del brazo para hacerla levantarse.

—De pie, señorita. Aquí se te acabó el chistesito. No tiene nada de gracioso estar jugando con tu salud —dijo Valery con firmeza.

La tomó del brazo para ayudarla a ponerse de pie y apartó la silla para que no estorbara.

—No, Valery. No era un chiste —respondió Elena, algo nerviosa—. No estaba jugando ni lo decía por hacerme la graciosa. Solo digo que estás siendo un poco extremista con el comentario.


Elena se tapaba la retaguardia con la mano que tenía libre mientras hablaban, pero finalmente Valery sujeto su mano y bajo su pantalón y ropa interior, para dejar sus nalgas al descubiertas. De pronto se escuchó el primer azote fuerte y claro seguido de otros tres aún más fuertes.


—Tu salud es muy importante, y el chequeo de rutina se llama así por algo. No es para esperar a estar enferma; no es para ir cuando tú quieras. Es para revisar que tu salud esté en buen estado o prevenir cualquier problema, así como detectar si hay algo que debas modificar en tus hábitos. ¿Me entendiste?—El regaño duro apenas unos veinte azotes, se hizo un pequeño silencio.—Pregunté si me entendiste.


Elena se encontraba llorando, con la respiración entre cortada, pero se esforzó por responder —Si profe. 


Finalmente Valery termino el castigo (por el momento).


Valery: Muy bien. Ahora llama al médico y haz una cita para esta misma tarde, si es posible, y asegúrate de que hoy mismo te manden a hacer los estudios. Después de tener los resultados, ya veremos por dónde va a continuar esta conversación pendiente. Por única ocasión nos veremos en un día diferente de la semana, y será en cuanto tengas los resultados del estudio.


Elena: Sí, Valery.

Elena marcó a su doctora y, afortunadamente, había un espacio disponible a las seis de la tarde ese mismo día.


La doctora le entregó un documento para que le tomaran una muestra de sangre el lunes por la mañana, temprano y en ayunas. Durante la consulta también le hizo un chequeo general y anotó todo en el registro de su paciente.

El fin de semana, Elena estuvo ocupada entre sus clases y su trabajo de medio tiempo, así que no pensó demasiado en el dichoso examen. El lunes por la mañana fue al laboratorio a sacarse la muestra. Allí le dijeron que podría pasar por los resultados esa misma tarde y que, después de recogerlos, debía sacar una cita con la doctora para que pudiera interpretarlos.


Elena se retiró para ir a sus clases y le envió un mensaje de WhatsApp a Valery, acompañado de una foto en la que aparecía con una carita triste. Le contó que la enfermera del laboratorio era una sádica porque la había lastimado.


Valery: Creo que estás exagerando. Desayuna algo y después entra a tus clases. Si es necesario, falta a la primera, pero no estés con el estómago vacío. O te va a pesar. ¿Entendido?


Elena: Sí, profe. Nos vemos luego. Hoy será un día muy pesado.


Los lunes, ambas tenían horarios bastante ajustados, así que acordaron verse hasta el martes. Además, Elena no podría recoger los resultados sino hasta después de las cuatro de la tarde, justo cuando terminaba su última clase.

Más tarde, Elena volvió a enviarle un mensaje.

Elena: Querida tutora, le informo que no soy una exagerada. Adjunto la evidencia...


Junto al mensaje envió una fotografía de su brazo, donde se apreciaba un moretón que le había quedado después de la extracción de sangre. Valery sonrió al ver el mensaje. Le pareció graciosa la forma en que Elena había redactado su queja, como si estuviera presentando una denuncia formal.


Valery: Querida pupila, le informo que eso no habría pasado si no tuviera el mal hábito de tomar refresco en lugar de agua. La deshidratación hace más difícil que las enfermeras encuentren las venas. Ahora deje de estar lloriqueando y vaya a comer algo rico y saludable. O si no, ya sabe cómo va a terminar.

Elena sonrió, divertida. Después de eso, fue a comer. Luego pasó por la biblioteca por unos libros y, finalmente, se dirigió a casa.

Se sentía muy agotada. Al día siguiente pasaría por los resultados temprano, antes de ir a ver a Valery. Habían quedado de encontrarse alrededor del mediodía, en un restaurante cuya dueña era amiga de Valery. Tendrían algo de privacidad para hablar antes de que el lugar abriera al público.


Elena llegó y una señorita muy elegante la recibió en la puerta.

—Tú debes ser Elena, ¿verdad? —preguntó la joven.

Elena asintió.

—Mucho gusto. Soy Alicia, pero puedes decirme Ali. Soy amiga de Valery. Adelante, pasa; ya te está esperando. Pueden platicar tranquilamente. Aún es temprano, así que el lugar está prácticamente vacío.

Elena se sintió algo nerviosa.

—Mucho gusto… y disculpa las molestias. Con permiso.

Valery estaba trabajando en su computadora cuando levantó la cabeza, como si hubiera sentido la presencia de aquella joven. Al verla, sonrió y se puso de pie para saludarla.

—Hola, pequeña.

Le dio un beso en la mejilla. Elena se sonrojó y no dijo nada; simplemente correspondió al beso.

—Gracias, Ali. Si necesitamos algo, te llamamos.

—Se quedan en su casa —respondió Alicia antes de retirarse hacia la cocina para darles privacidad.

Valery volvió su atención hacia Elena y la observó con una pequeña sonrisa.

—¿Por qué tan nerviosa, nena? Ni que fuera a comerte. Ya sé… ¿estás así por los resultados?

Elena la miró, confundida.

—Algunos de los parámetros de tus análisis están por debajo del mínimo esperado. El colesterol HDL está por debajo de lo recomendado y tu hemoglobina está apenas en el límite inferior: 12.2 g/dL. Además, tienes la presión arterial baja. Estabas a nada de tener anemia.

Elena abrió los ojos, sorprendida.

—¿Qué? Pero ¿cómo sabes eso si apenas te iba a dar los resultados? Acabo de ir por ellos.

Valery arqueó una ceja.

—Yo me entero de todo lo necesario. Y debiste ir por ellos desde ayer. Pero no cambies el tema, señorita.

Elena suspiró.

—En mi defensa, todo lo demás salió bien. Mi colesterol y mis triglicéridos no están altos, y tampoco mi nivel de glucosa. Así que, en lo que respecta a mi salud, estoy perfectamente bien.

Valery la miró fijamente durante unos segundos.

—¿Perfectamente bien? —repitió, con una expresión que dejaba claro que no estaba de acuerdo—. Eso es lo que tú quieres creer, pequeña. Pues no, señorita. En lo que a ti respecta, no estás perfectamente bien. Eso no lo decides tú. ¿Te parece correcto que una jovencita universitaria pese menos de cuarenta kilos? ¿Para que llegaras a este punto sabes cuánto tiempo tuvo que pasar? Tienes suerte de no tener anemia, pero estuviste a nada de tenerla. Ya no eres una niña, Elena. Deberías cuidar mejor tu salud.

Elena bajó la mirada por un instante, aunque enseguida intentó restarle importancia al asunto.

—Bueno, pero ve el lado positivo. De algo me sirvieron las papitas de las que te quedaste tanto el otro día. Aunque lo que no se compensa con comida, lo compensé con la grasa de las papitas. ¿No crees?

Valery la miró incrédula.

—¿Te parece chistoso?

Elena sonrió tímidamente.

—Un poquito…

—No estoy jugando, Elena —la interrumpió Valery, todavía seria—. Ese otro día que tú dices te desmayaste. ¿De verdad crees que eso es normal?

La sonrisa de Elena desapareció poco a poco.

—Yo…

—Eso no pasaría si estuvieras bien alimentada. Tu cuerpo te está diciendo que algo no está bien y tú sigues tomándotelo a broma.

Elena guardó silencio.

Valery suspiró.

—No te estoy regañando por molestarte. Estoy preocupada por ti, pequeña. Hay una diferencia. Pero no pareces entender la seriedad del asunto.


Valery se puso de pie y se acercó a Elena tomándola del brazo para levantarla e  inclinarla un poco sobre la mesa. 


—Te voy a enseñar a no tomar a broma tu alimentación. (Callo la primer nalgada).


Elena: no Valery espera que estamos en un lugar publico.


Valery: ni espera, ni lugar público, ni nada (continuo los azotes, con más fuerza y firmeza).


Elena: Vale, para. Tu amiga puede venir. ¿Y si llegan los empleados? ¿No te da vergüenza?


Valery: Vergüenza debería darte a ti. Eres tú la que está trayéndole estas preocupaciones a la gente que te quiere. ¿Qué habría pasado si yo no hubiera estado ahí para ayudarte? ¿O si te hubieras desmayado en mitad de la calle? ¿Has pensado en eso?


Elena: ya,  Vale no tan fuerte, tu amiga va escuchar. (Intenta meter la mano).


Valery: Te estoy haciendo una pregunta, Elena. Contesta y no metas la mano. Hoy vas a aprender a no jugar con la comida.


Elena: Ayyy, para. Suéltame, que me duele. Ya entendí, no voy a jugar con la comida, pero es que…


Valery: Es que nada (continuo dandole con la misma fuerza y ritmo, se detuvo por unos segundos y rápidamente le bajó el pantalón y las bragas).


Elena: no Valery porfa, eso no, ya aprendí la lección. De verdad que no es a propósito, son los horarios... (Comenzó a escucharse los azotes más fuerte, Elena intentaba no quejarse ni hacer ruido, no quería que Alicia se asomara a ver).


Valery: Los pretextos sobran. No contestaste mi pregunta. ¿Qué habría pasado? Piénsalo bien.


Elena tragó saliva. Sabía que la respuesta parecía sacada de una película de terror. Se imaginó a sí misma en mitad de la calle, tirada en el suelo, y sacudió la cabeza para deshacerse de aquella terrible imagen.


Elena: Lo siento… Ya entendí. Pudo haber sido mucho más grave que solo un desmayo. Lo siento. Me cuidaré mejor.


Valery: No, cariño. Aún no lo sientes, pero lo vas a sentir. Y me aseguraré de que no vuelvas a desear estar en una situación como esta.

Valery se quedó quieta por un segundo y tomó a Elena del brazo para conducirla hacia otra parte del restaurante, que todavía permanecía cerrado.


—Sígueme, jovencita. —Elena intento subirse la ropa, pero Valery la detuvo. —Ni se te ocurra que aún no terminamos.


Al final Elena camino como pudo y logro llegar  con lo ropa hasta las rodillas, ahora se encontraba en la sala de descanso de los empleados, se encontraba vacía pues aún no era su hora de entrada.


Valery: Bien colócate sobre el brazo del sofá con la cola bien paradita. 


Elena solo se quedó observando a Valery  mientras veía como se quitaba el cinturón 


Elena: Valery porfa, ya no más, ya entendi. Alicia podría entrar en cualquier momento. Prometo portarme bien. ¿Podemos ir a tu oficina? Si quieres hablamos allá.


Valery: no señorita, usted no decide, ni como ni cuando, ni dónde.  Así que colocate en donde indique si no quiere empeorar la situación. Y nada de Valery. Hablame con más respeto  que ahorita soy tu tutora no tu amiga ¿Entendido?


Elena: si señora 


Resignada se recostó sobre el brazo del sofá como le indico y no tardó mucho en escucharse el primer golpe. Elena grito sin poder evitarlo, la ardía como no tenía idea, la primer marca del cinturón se reflejaba fuertemente en sus nalgas.  Elena rápidamente tomo un cojín para asegurarse de ahogar los gritos, por si no podía contenerse de nuevo, no quería que la amiga de su tutora entrara a ver qué sucedía.


Valery continuo con otro par de azotes más  espaciados y firmes, Elena comenzó a patalear como por el cinturonazo número 10, algunas lágrimas comenzaron a brotar de sus ojos en parte por el castigo y en parte por la palabras de Valery. 


Valery: tu vida es más importante que los estudios o los deberes, debes cuidar mejor de ti y de tu salud, sabes el dolor que nos causaría saber que sufriste algún accidente porque te desmayaste quien sabe dónde, o saber que estás en el hospital por culpa de alguna enfermedad causada por la desnutrición, hay mil razones por las cuales  esta mal descuidarte así, y hay un millón de consecuencias que puedes causarle a tu cuerpo por ello. Prefiero dejarte el culo ardiendo hoy que enterarme mañana que estás en una clínica grave por un descuido que pudo evitarse. 


En este punto ya iba como por el azote número treinta y Elena no dejaba de patalear y llorar, ya ni si quiera recordaba donde estaban, solo podía imaginarse todas las cosas horribles que podían pasar por algo tan simple como no comer, quizá las predicciones de Valery eran exageradas, una probabilidad de una en un quintollon que sucedieran, pero eso ahora no importaba, la conciencia le remordía a Elena y ese remordimiento solo la soltó a llorar amargamente mientras recibía su castigo y se disculpaba.


Lo siento, profe,  de verdad, seré cuidadosa y responsable, decía en voz tenue y algo tartamuda, pues le costaba trabajo hablar.


Finalmente Valery disminuyó el ritmo hasta terminar por completo el castigo, llegaron a ser solo 40 cinturonazos pero sus nalgas quedaron al rojo vivo y Elena estaba echa un mar de lágrimas. 


Valery se acercó cuidadosamente a Elena y tocó suavemente su espalda, de forma afectuoso intentando tranquilizarla. 


—Tranquila cariño, ya pasó, todo esta bien, estás aquí y estás a salvo. (Le dió un beso en la cabeza). Se que duele, pero me importas mucho y no quiero perderte, espero que con esto recuerdes comer a tus horas. (Elena solo asintió con la cabeza mientras intentaba recomponerse un poco).


Valery tomo un poco de crema de una de las mesas que estaba en la sala de descanso (este lo había dejado ahí desde antes de que Elena llegara claro, Valery tenía todo fríamente calculado como todas las spanker del mundo). 


Unto cuidadosamente la crema en las nalgas  color rojo carmesí de su joven alumna. Ella se removía y chillaba un poco pero se sentía reconfortada y por supuesto agotada, pero en su interior estaba más que feliz de contar con alguien que la cuidara tanto.


Después de la tormenta, llegó la calma ambas pasaron a la mesa en que había encontrado al inicio de la plática y sobre ella ya se encontraba, servida la comida y Alicia esperando con una sonrisa.


Bienvenidas de vuelta, espero que les guste la comida, la hice con mucho cariño en especial para cierta jovencita que debe cuidar su alimentación dijo mientras le gitana un ojo a Elena.


Elena por supuesto se puso roja de la vergüenza.


Valery: Tranquila cariño, es una amiga de confianza, por eso te cité aquí, y porque queda cerca de la universidad, necesitas comer antes de tu próxima clase.


Es un gusto conocerte aún que ya me había presentado. Me encanta conocer a la artista de tan tremenda obra de arte spanka. Me encantó ver tu dibujo. (Elena se puso como un tomate, su cara estaba casi tan roja como sus nalgas).


Valery: lo siento pequeña, estaba tan emocionada que tenía que presumir le a alguien el hermoso obsequio que me diste (le beso la frente). Ahora a sentarnos que la comida se enfría.


Elena se sentó sin poder evitar hacer muecas de dolor pero al final logro quedarse en el asiento y comer sus alimentos antes de ir a la siguiente clase.  Las tres comieron tranquilamente pues ese día el restaurante estaría cerrado, lo cuál molestó a Elena.


—Porque no me dijeron que estaría cerrado, me la pasé muerta de miedo pensando  que entraría alguien, son unas sadicas de lo peor. (Ambas mujeres se rieron un poco, pues lo que la mente piensa también es parte del castigo).



Nota: Si lo sé, suena a titulo de ensayo mandado a hacer  por una de las señoras Spanker, pero para las spankees que aman ver el mundo arder les comento que no ha llegado ese dia, no es un ensayo voluntariamente a fuerzas, espero lo disfrutarán 😁

Comentarios

  1. Me encantó!!! Historia divertida, dinámica, con mucha vergüenza, con autocuidado. Para mí, de momento, es la mejor de la saga!! Gracias por escribir

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    Respuestas
    1. Gracias por leer 😘

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    2. Me quedo muy largo y me constó algo de trabajo escribirlo como habrás notado este era el 4 y ya voy en el 7, si me salte un poco, antes de retomar este capítulo, y bueno lo de dibujo también se me complicó por qué no es lo mío, pero me alegra mucho que disfrutes la historia ☺️

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