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Valery y Elena

 

Capítulo 1. El inicio



Todo comenzó en su primer día de su segundo año, en la Universidad, aquella chica delgada, de anteojos, de baja estatura, algo friki y malhumorada, iba corriendo por los pasillos. Cerca de las escaleras se topó con alguien y frenó de golpe antes de chocar.

Era un día de lluvia y el piso estaba mojado, así que, al intentar detenerse, se resbaló y estuvo a punto de caer. Sin embargo, una hermosa chica alcanzó a sostenerla entre sus brazos, sujetándola de la cadera, tal cual película de romance.

Era una lástima, pues lo único bueno de su día era aquella escena romántica que había esperado toda su vida y no pudo disfrutarla. Se disculpó y salió corriendo escaleras arriba.

Valeria Kane: No corras —le gritó la chica—. ¡Es peligroso!

Contestó rápidamente:

Elena: Sí, lo siento.

Y siguió hasta su destino. Ella odiaba llegar tarde; nunca llegaba tarde, así que, torpemente, le dio prioridad a llegar apenas a tiempo.

Mientras tanto, la chica del pasillo miró en el piso un objeto que se le había caído a la chica que, segundos antes, había tenido entre sus brazos.

Valeria Kane: Elena De Angel... Con que es estudiante de psicología. Interesante.

Más tarde, en la biblioteca...

Este definitivamente no había sido su día. Comenzó a llover cuando esperaba el autobús, por lo cual pasó tarde. La bañó un coche que iba pasando justo cuando llegó a la universidad y, para colmo, casi atropelló a una persona.

Sumado a eso, no había estado durmiendo bien durante los últimos días, a la espera de poder chatear con una "amiga".

Una hermosa persona...

Rayos, Elena, ¿en qué estás pensando? —se dijo a sí misma, algo ruborizada de la cara—. Con tu suerte, seguramente ni siquiera volverás a verla en la vida y, si de milagro pasa... ¡qué vergüenza! Casi la atropello. No podría darle la cara, aunque seguro ni me recuerda.

Elena: Bueno, me llevaré estos libros prestados, señorita.

Bibliotecaria: Claro, permítame su credencial.

La buscó por todos lados sin encontrarla y, al final, se rindió. Fue mejor a buscar algo de comer. Compró unas papitas y un refresco para pasar el rato.

Elena: Lo que me faltaba... Perdí mi credencial y creo que me he resfriado. Me duele la cabeza. Me iré a comprar una Aspirina o algo.

Muy cerca de ahí, una chica alta, delgada y de cabello rizado, que usaba una bata como si fuera estudiante de medicina, se le quedó viendo y se dio cuenta de que era la chica de la credencial. Intentó acercarse para entregársela, pero no logró alcanzarla a tiempo.

El tiempo transcurrió y, finalmente, terminó su última clase.

Ahora solo debía ir a buscar a su tutora asignada para conocerse y ponerse de acuerdo en el método de trabajo.

Elena: Qué extraño... Me llegó un mensaje que dice que me han cambiado de tutora y pidió verme en la entrada de la biblioteca.

Al llegar al lugar, nuevamente resbaló y cayó en unos brazos ya algo conocidos.

Elena: Ay, disculpa, yo sie...

Valeria Kane: Nos volvemos a ver, señorita Elena De Angel, pero veo que sigues corriendo por los pasillos sin hacerme caso...

Se quedó mirándola unos segundos. Esa mirada mutua quizá las cautivó a ambas por dentro. Elena sintió una sensación inusual recorrer su cuerpo. Hubo un pequeño silencio mientras Valeria incorporaba a Elena.

Valeria Kane: ¿Oye, sí me escuchaste? ¿Estás bien? ¿Quieres que te revise?

Elena: ¿Revisarme? ¿Qué cosa? —dijo nerviosa y cautivada por aquella mirada al mismo tiempo—. No, no, todo bien. Perdona. Yo debería preguntarte si tú estás bien. Lamento chocar contigo. Espera... ¿cómo sabes mi nombre?

Valeria Kane: Esto —dijo mientras le entregaba su credencial—. Y que soy tu nueva tutora. Valeria Kane, un gusto conocerte, señorita Angel. O... ¿prefieres Elena?

De pronto, se nubló su vista y se desmayó.

Despertó en una cama en la enfermería de la universidad...

Elena: ¿Dónde estoy? ¿Cómo llegué aquí? ¿Por qué hace tanto calor?

Valeria: Es la enfermería de la universidad. Yo te traje. No hace calor, tienes fiebre. Te desmayaste y ahora yo te pregunto: ¿sí sabes que una Coca con papitas no es alimento, verdad? —dijo levantando una ceja y con tono firme.

Elena: ¿Qué? ¿Y eso qué tiene que ver con lo otro?

Sara: Bueno, al menos parece que ya estás en tus cinco sentidos, pero esa no es la respuesta correcta. Debiste decir: "Sí, profesora", o "Sí, tutora", o "Sí, Valery". Lo siento, tendré más cuidado en mi alimentación.

Esta frase no pasó desapercibida en la mente spanka de Elena y activó algo en ella.

Elena: ¿Por qué me tendría que disculpar? Si no hice nada malo, excepto chocar dos veces contigo, pero ya me disculpé por eso. Además, ¿cómo sé que eres quien dices ser? Te ves demasiado joven para ser profesora o tutora. Más bien me pareces una estudiante de medicina o química.

Valeria: Las apariencias engañan, pequeña. Tú te ves demasiado joven para ser universitaria y te comportas demasiado infantil para ser estudiante de segundo grado de psicología.

Elena: Eso no es cierto —dijo con una mueca de puchero en la boca—. Espera... La credencial no dice el grado. Entonces, esa información la sacaste...

Valeria: Sí, así es. De tu informe escolar, junto con otra información. Y ya que sabes que soy tu tutora, deberías disculparte por cómo me hablaste, jovencita.

Ese "jovencita" llevaba un tono que hizo que los instintos de Elena sintieran una pequeña corriente eléctrica recorrer su cuerpo.

Valeria: Pero por hoy lo pasaré por alto. Lo mejor será que te lleve a tu casa. En ese estado de salud no creo conveniente dejarte ir sola.

Elena estaba muy avergonzada y arrepentida de cómo le había hablado a su nueva tutora. Pensó que había dado una pésima primera impresión. No sabía qué le estaba pasando; nunca había contestado así a nadie en su vida, por lo menos no en persona, pero, por alguna razón, había algo en Valeria Kane que activaba su lado borde, rebelde o como desearan describirlo.

Llegaron finalmente a casa de Elena. Valeria abrió la puerta para la joven estudiante y la ayudó a bajar, preocupada de que tuviera alguna recaída. Luego le preguntó si necesitaba ayuda para entrar o subir a su habitación.

Elena se negó a aceptar esa ayuda y le dijo que ya estaba bien.

Valeria Kane: ¿Segura? Te veo algo roja de la cara.

Puso su mano sobre su frente. Elena se hizo para atrás por reflejo, pero Valeria la sujetó del brazo de forma firme y cuidadosa.

Valeria Kane: Parece que la fiebre bajó, pero lo mejor será que tomes tu temperatura en un rato. Toma mucha agua, come algo saludable y descansa. Si necesitas algo, llámame cuando sea. Sé que vives sola, así que, si te sientes mal, llámame sin dudarlo. Para eso soy tu tutora, ¿entendiste?

Hubo un leve silencio.

Valeria Kane: ¿Pregunté si entendiste?

Elena: Sí, señorita Kane. Disculpe tantas molestias. Que tenga buena tarde.

Rápidamente, entró a su casa y cerró la puerta sin pensarlo.

Valeria Kane: Esa chica se ve que es todo un caso. El reporte escolar no dice mucho, en realidad; solo que tiene buenas notas. Pero mi instinto y lo que observé esta mañana me dicen que le falta algo de disciplina en otras áreas. Solo por eso pedí ser su tutora. Aunque es algo extraño... Tiene un excelente historial de puntualidad. Me pregunto qué habrá pasado para que hoy llegara corriendo así. Además, parecía haber llorado toda la noche...

Valeria Kane: Ah, es verdad. Olvidé darle la receta médica... O quizá no lo olvidé. Al final, es la excusa perfecta para volver a su casa —dijo con una leve sonrisa— y confirmar algunas cosas...

Esta historia continuará...

Comentarios

  1. La gente de psicología siempre la están liando, tienen que tener algún gen maligno o algo.

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  2. La ironía de la vida jajjaaj pero que te puedo decir si que pasa y si debe ser un gen por ahí

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