Capítulo 2. Propuesta ¿inesperada?
Después de una hora, sonó el teléfono de Elena, quien, como era costumbre, tomó rápidamente el teléfono, esperando que fuera una llamada de su "amiga". Pero eso era imposible. Rápidamente recordó que eso ya no sucedería más: anoche había terminado su relación.
Elena: Qué estúpida soy. —Dejó salir un leve suspiro—. ¿Quién será? Dice doctora Kane... No recuerdo haber guardado este número. Hola, buenas tardes.
Al escuchar del otro lado aquella voz tan familiar, pero al mismo tiempo tan nueva, una pequeña sonrisa se apoderó de su rostro.
Elena: Profesora, ¿cómo consiguió mi número? Ah, cierto... Los tutores tienen los números de sus pupilos. Qué estúpida soy por preguntar.
Se escuchó un leve "mmm" de disgusto del otro lado de la bocina al escuchar que Elena se había llamado estúpida a sí misma, pero la profesora no dijo nada al respecto. Solo tomó nota mentalmente.
Valeria: Elena, ¿ya comiste algo? ¿Fuiste a cambiar la receta que te di? ¿Has estado tomando agua?
Elena: ¿La receta? Sí, claro, ya iba a ir.
(¿Dónde habré dejado esa maldita receta?, se preguntó. Pero no había respuesta, porque no había receta. Era una prueba que Valery había hecho para comprobar algo).
Valery: Claro, ya ibas. ¿Y todo lo demás que te pregunté?
Elena: Bueno, este... Oye, ¿por qué mi teléfono tiene registrado tu número como doctora Kane?
Valery: Porque soy médico. Así fue como te di la receta, ¿no recuerdas?
Tenía una leve sonrisa, disfrutando de aquella broma que solo ella entendía.
Valery: Jajaja, lo siento, nena. Guardé mi número en tu teléfono por si necesitabas algo, pero te dije que me llamaras si lo necesitabas y en ningún momento me pediste mi número. Jovencita, muy mal de tu parte. Señal de que no planeabas pedir ayuda, por lo que veo. Pero lo pasaré por alto por ahora porque estás enferma. Ahora baja y ábreme la puerta.
Elena no tenía que bajar, puesto que se había quedado tirada en el sofá de la sala. Solo caminó hasta la puerta y la abrió, sorprendida de verla tan pronto.
Valery se veía con una mirada aún más radiante que cuando Elena chocó con ella por primera vez. Ese brillo en los ojos era el de una mujer que acababa de descubrir un diamante que podía y debía ser pulido.
Después de pasar con comida y medicinas, Valery le pidió a Elena que subiera a su habitación a descansar y que ella subiría la comida.
Al llegar a la habitación, Valery se encontró con Elena de pie junto a la cama, escondiendo ropa debajo de ella.
Valery: ¿Qué haces? ¿Por qué no estás en la cama?
Elena, ruborizada y nerviosa, contestó:
Elena: Nada, nada. Ya estoy.
Se subió a la cama.
Elena: Sabe, es algo extraño que un tutor haga todo esto. Bueno, eso creo. Es la primera vez que tengo uno, pero tengo entendido que solo es para asesorías académicas.
Valery: Pues, en teoría, sí. Pero yo soy diferente. Me preocupa tu salud. Digamos que es por el juramento hipocrático que me tomé la libertad de cuidarte así. Pero si te molesta, puedo irme y puedes pedir que te cambien de tutora si te sientes incómoda conmigo.
Elena: No, no, para nada. Es un lindo gesto. —Dijo sonrojada—. Y lo agradezco. Solo me pareció curioso, más porque no nos conocemos aún.
Después de un rato, terminaron de comer y Elena tomó su medicina y se quedó dormida.
Valery quería revisar el lugar, pero pensó que ya había tomado demasiadas libertades por un día. Al final, las señales que buscaba estaban ahí, justo frente a ella, y había una demasiado evidente.
Sobre la mesita de noche, junto a la cama, había un libro de spanking. Valery justo acababa de dejar unos libros para Elena cuando, por la mañana, se dio cuenta de que no había podido sacarlos porque ella tenía su credencial.
Al leer la palabra spanking, Valery sonrió mientras decía:
—No hay señal más clara. Y creo que esto será más interesante de lo que había imaginado.
Sus ojos brillaron de emoción. Tapó el libro colocando los de psicología encima.
Rápidamente transcurrieron unas semanas. Elena ya se encontraba mejor de salud y había comenzado con las visitas a su tutora, pero algo la tenía inquieta. Se preguntaba si Valeria había visto el libro cuando dejó los otros encima para que ella pudiera hacer sus tareas.
No quería preguntarle, porque si no lo había visto, sería incómodo. Pero si lo había visto, sería aún más incómodo hablar del tema, pues Elena nunca le había contado a nadie, en persona, nada sobre aquello.
Esa tarde se verían en un restaurante cercano a la universidad. Valery la había invitado a comer mientras platicaban sobre la universidad.
Cuando Elena llegó, ambos platillos ya estaban servidos. Valery sabía que Elena era muy puntual, pero también sabía que era muy mala para comer, así que decidió pedir por ella para obligarla a comer bien.
Elena: Lo siento. ¿Llegué muy temprano? ¿Tenías otra cita y me equivoqué de fecha?
Valery: Para nada. Siéntate. El plato es tuyo. Lo pedí porque sé que después tienes clase y, si no comes ahora, no podrás comer más tarde. Además, ¿qué es una invitación a comer sin comida? Y que ni se te ocurra decir que ya comiste, porque no te lo creo, jovencita. Te conozco bien y, además, sé tus horarios escolares.
Elena: Pero, Vale, es que...
Valery: Pero nada. Te sientas y te lo acabas. No creas que me tienes muy contenta con los estudios médicos que te hicieron ayer.
Elena: ¿Qué? Pero si apenas te los iba a mostrar, me los acaban de entregar. Además, si no te tienen muy contenta, no es mi culpa. ¿Para qué me mandas a hacérmelos?
Ese tono desafiante ya la caracterizaba bastante en sus conversaciones con Valery durante aquellas semanas en las que se habían estado reuniendo. Elena intentaba ver si el anzuelo picaba; si era así, podría confirmar si había visto el libro. Pero ambas estaban intentando jugar el mismo juego. Solo que Elena era nueva en esto y no se daba cuenta de si las señales eran reales o si Valery simplemente se preocupaba porque era una buena persona, además de una buena médica y tutora responsable.
Valery: Muy graciosa, Elena, pero se te olvida que soy tu tutora, así que deja ese tonito y termina tu comida, que veo que nada más estás jugando con ella.
Finalmente, Elena comenzó a comer, pero no terminó el platillo, así que lo pidieron para llevar, ya que debía ir a su próxima clase.
Valery decidió citar a Elena en su oficina al terminar sus clases para poder hablar de manera más privada.
Al final de la tarde, ambas ya se encontraban a solas en la oficina de Valery.
Valery: Elena, no puedes seguir así de descuidada. ¿Te parece bien haber bajado tanto de peso? Además, no has estado durmiendo y, aunque llevo poco tiempo de conocerte, hay días en los que te veo a lo lejos y luces algo desanimada. ¿Qué pasa? ¿Has tenido problemas con alguna persona, un profesor o algún alumno?
Elena: No es eso. Todo va bien en la Uni, no te preocupes. Ya comeré mejor, solo he estado algo desorganizada, es todo.
—Le dijo mientras desviaba la mirada hacia otro lado.
Valery: No mientas y mírame cuando estemos hablando. —Le dijo con un tono más firme—. Aunque sea poco tiempo, te conozco bien y me parece que tenemos suficiente confianza para hablar de todo, ¿no te parece?
Se hizo un leve silencio.
Valery: Bien. Si no quieres contarme, lo respeto. Te daré tu espacio hasta que tú desees hablar de ello. Pero lo que no voy a negociar es tu salud y, por la misma confianza que tenemos, me tomaré el atrevimiento de hacerte una propuesta. Algo inusual, quizás, pero necesario.
Elena se quedó intrigada y la miró a los ojos.
Valery: Es evidente que esta "desorganización", como tú la llamas, es por falta de disciplina y estoy segura de que estamos a tiempo de corregirla. Quizá sea poco ortodoxo lo que te diré, aunque a mí no me lo parece, y espero que a ti tampoco. Pero creo que va siendo hora de enderezar ese camino.
Elena: ¿Qué quieres decir, Valery? No entiendo.
Valery: Que, a partir de hoy, yo voy a asegurarme de que haya más disciplina en tu vida y, si tengo que corregirte para lograrlo, lo haré. Esto significa que, si debo castigarte, así tenga que ponerte sobre mis rodillas como si fueras una niña malcriada, lo haré. ¿Dime, eso te parece suficientemente claro?
Elena se puso nerviosa y emocionada al mismo tiempo. Eran varios sentimientos encontrados. Sabía que era lo que necesitaba, pero también sabía que era necesario tener a alguien que la frenara cuando ella se descuidaba o si en algún momento se salía del carril.
Valery: Contesta, Elena.
—Sí, profe —se escuchó decir a Elena.
Valery: Y una cosa más importante: ¿estás de acuerdo?
Elena contestó que sí, claro y sin dudarlo, aunque quizá se arrepentiría de ello más adelante.
¿O no?
Seguido de aquel "claro", Valery y Elena hablaron de los acuerdos que tendrían, cómo sería la disciplina, qué aspectos abarcaría, etc.
Y, una vez pactados los acuerdos, Elena suspiró, pensando que ya todo había terminado por ese día.
Pero la realidad era que aquello apenas estaba comenzando..

No me fío de Valero, tiene pinta de tener la mano muy larga jajajajajja. Gracias por escribirlo, cariño
ResponderEliminarGracias Patty por leerme y tienes buen instinto, no es de fiar jajajaj
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