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Micro Relatos I

 Provocación




- ¡Espera! Me faltó lavarme los dientes.

- ¡Vamos tarde! – dijiste exasperada mientras desaparecía por el corredor hasta el baño al costado de mi habitación. ¿Íbamos tarde o simplemente no íbamos a llegar antes de tiempo? Lo pensé pero no me atreví a decirlo. Cogí la pasta de dientes y me tomé mi tiempo. Quizá un poco más de lo usual porque cuando estaba enjuagándome apareciste en el umbral de la puerta, apoyada en el marco y con los brazos cruzados además de mirada amenazante.

- ¿Ya terminaste?

- Mmmm…. Un segundo, voy a lavarme las manos.

- ¿Lo estás haciendo apropósito, no?

- ¡Me estoy lavando las manos! – exclamé fingiendo indignación, y si solo por el tono de voz no te dabas cuenta, la sonrisa que me fue imposible de ocultar te dio la pista que necesitabas. Desapareciste en ese segundo y aproveché para secarme las manos con toda la paciencia del mundo.

Volviste, pero está vez traías la paleta de madera en la mano.

- Es hora de irnos – me miraste directamente mientras hacías un ligero movimiento con la muñeca, usando la paleta para indicar la dirección en la que querías que me moviera.

- ¡Tu primero! – me reí nerviosamente, adivinando lo que pasaría si te daba la espalda.

- No estoy jugando, no quiero que lleguemos tarde. Es tu oportunidad si quieres cambiar la dirección de esto.

- Vale ...vale… ya terminé… pero ve tu primero… - me diste una última mirada, calculando supongo si creerme o no. Diste un suspiro largo y dejaste la paleta sobre el mueble del lavamanos.

- Espero verte justo detrás de mi – escuché tus pasos alejándose y salí. Sentí un cosquilleo en el estómago y antes de que pudiera detenerme a mi misma, de pensar que quizá no era esto lo que quería, me di media vuelta y corrí en sentido opuesto a ti.

- ¡Voy a ponerme un manga larga que hace frío!

Corrí al clóset y me cambié lo más rápido que pude. Sentía un hormigueo recorriéndome todo el cuerpo, la adrenalina de saber que estaba sobre una línea demasiado fina. Y la certeza de que iba a lograr pasarla sin romperla. Fui demasiado rápida, pensé. Pero la realidad es que ya había tomado de más de tu paciencia. Al salir estabas nuevamente allí, en el marco de la puerta del baño, paleta en mano.

- ¡ No demore nada! -me defendí

- Pasa al baño.

- ¿Para qué?

- Para hacer lo que debí haber hecho hace un rato.

- Vamos llegar tarde… -una cosa es provocar sin el riesgo inminente y otra hacerlo cuando la amenaza se vuelve real.

- ¿Ahora te importa? – señalaste el baño con la paleta- si tengo que llevarte yo, no te va a gustar.

- Tenía frío… - me excuse una última vez mientras entraba a enfrentar mi destino. Me seguiste apenas entre al baño y me señalaste el lavamanos. Sabía bien lo que significaba.

- Apoyada y saca bien el culo. Y ambas sabemos que lo que querías era provocar. Pues para tu mala suerte hoy, no tengo la paciencia para esto.

El primer azote cayó sobre mis jeans apenas asumí la posición. Nueve más le siguieron tan rápidos que temí de abandonar la posición en cualquier momento.

- Bájate los pantalones.

- Perdón…. – aparentemente las ganas de provocar me habían abandonado nueve azotes atrás.

- Vamos a ver si con diez más logramos mejorar tu comportamiento el resto de la tarde.

Me baje los pantalones, y aunque no tenía ninguna prisa por hacerlo mi lado más razonable me instó a hacerlo rápido. Volví a asumir la posición y sentí como apoyabas la paleta sobre mi culo.

- ¿Te vas a portar bien?

- Si, señora.

- Eso espero, porque además por cada minuto que lleguemos tarde va a ser un minuto sobre mis rodillas cuando regresemos – la promesa o quizá debería decir amenaza llegó acompañada del siguiente azote. Te tomaste tu tiempo, los espaciaste y los aplicaste con fuerza sin contenerte, o al menos así lo sentí yo. Los últimos tres los sentí en mis muslos y necesite de toda mi concentración para no gritar ni perder la posición.

- Ufff…. – exclamé mientras me sobaba el culo, una vez terminado el último azote. Dejaste la paleta nuevamente sobre el lavamanos y te volviste a apoyar sobre el marco de la puerta, está vez con una sonrisa en el rostro - ¡Te estás riendo!

- Para nada… ¿Algo más que te gustaría hacer antes de irnos?

- ¿Ya no te importa llegar tarde?

- Y si, pero cada minuto que pase me las voy a cobrar cuando volvamos.

- ¡Ah!¡ Vámonos! -me subí la ropa, rápido.

- ¿Sabes? Me acaba de entrar sed.

- ¡Compramos agua llegando!

- ¿Y si paramos por algo de comer?

- ¡Ahora tú me estás provocando!

Apague la luz del baño, la paleta se quedaría allí hasta nuestro regreso.


Comentarios

  1. Me encanta este concepto de los microrrelatos, aunque es cierto que dejan ganas de más. Creo que tiene mucho que ver con cómo se lee y se escribe ahora y además sos tan buena escribiendo ese momento justo de la interacción! Eso de "y antes de que pudiera detenerme a mi misma, de pensar que quizá no era esto lo que quería" complejo, complejo... tema para discutir. Y claramente las tops tenemos que no dejar pasar estas cosas, ¿no?

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  2. "Por cada minuto que lleguemos tarde va a ser uno sobre mis rodillas cuando regresemos"...me encantó. Hay una forma bastante fuerte de poner en palabras este tipo de situaciones acá en mi país, pero lo diré en lenguaje apto para todo público: si la mente de la spankee es maquiavélica y creativa, no se imaginan la de la spanker.
    Me he reído con el final. Esto de los micro relatos me parece super práctico, y ciertamente adictivo, porque pica la curiosidad, los lees "en tres patadas" (no literales, pero ajá), y ya estás que se te queman las habas por leer el siguiente.

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