Ir al contenido principal

Mommy, mi deporte de riesgo favorito.

 Laura, entre oleadas de placer imaginaba cosas impuras.

Laura, apunto de llegar al éxtasis gritó un nombre.

REBECA.

Rebeca, no sabía lo que imaginaba Laura entre sus sábanas.

Pero ahora... Rebeca, descubrirá las impurezas mentales de su niña, puesto que le debía unas letras, y ella, decidió dejar rienda suelta a su mente llena de deseo.

" Estábamos en casa y Mommy me pidió que le trajera nuestra libreta. Nuestra libreta de redacciones, castigos, normas y reglas.

Me dijo que esperara en el rincón mientras ella lo leía.

Había sido mala durante muchos días y iba a pagar por ello.

Yo, en el rincón, a la espera de un gran regaño y una gran zurra, con mis brazos en la espalda, jugueteaba nerviosa con mis dedos mientras sentía que cada vez me mojaba más y más.

Me puse roja al pensar que ella se pudiera dar cuenta, notaba mis jugos bajar por mi pierna deslizándose lentamente.

Mommy tardó un rato en venir hacia mi. Se puso detrás y me susurró al oído:

  • Vaya, parece ser que mi pequeña no ha sido buena y Mommy tiene que castigarla.

Me estremecí. Me mordí el labio inferior hasta notar el sabor a oxido de mi sangre.

Temblé de placer. Nervios. Deseo.

Mommy se dió cuenta.

Me cogió del pelo y me llevó sin decir nada hasta una silla que había preparado ella previamente en medio del salón.

Antes de soltarme, me echó la cabeza para atrás de un tirón y me mordió el cuello. Sus dientes sobre mi piel hicieron que soltara un leve gemido. No quería que esa sensación acabara nunca. Desee en ese instante que existiera la eternidad.

Me tumbo sobre sus rodillas y empezó a azotarme con sus manos. Eran azotes suaves, al principio, y poco a poco fue aumentando el ritmo y la fuerza.

Cuando creyó que era conveniente, me bajó el pantalón con el tanga y, directamente sobre mi piel rosada, comenzó a azotar con una fuerza que me dejaba sin respiración.

Mientras azotaba, me regañaba por todo lo que no debí o si, hacer.

Mis gemidos eran de dolor y placer.

Quería bajarme de sus rodillas y a la vez, estar de forma perpetua.

Cuando se cansó de usar la mano, cogió el cepillo.

Hizo que se me escaparan mis primeras lágrimas y empezaran mis pataleos entre súplicas.

  • Ya Mommy..sniff sniff... Seré buena...

  • Ve lo que le pasan a las niñas que no son obedientes?

  • Si Mommy...sniff yaaa...

Pero no paró hasta romperme. Hasta verme descrebajada sobre ella.

Una vez rota, me levanto y me sentó sobre ella. Me abrazó haciendo que sintiera que me volvía más pequeña y frágil que nunca. Me acarició lentamente mientras me susurraba que todo había pasado.

Recompuso lo roto. Curó mis cicatrices con caricias y besos. Acarició mi alma entre susurros.

Reparó mi todo para poder romperlo otra vez.

  • Tuya... susurré.

  • Mía... Contestó apretándome una nalga.

Cuando ya las dos estuvimos más tranquilas, me levanto de su regazo y, cogiéndome de la cintura, me condujo hasta la cama.

Se sentó en ella y yo quedé enfrente suya, de pié.

  • De rodillas, ordenó.

Obedecí. Me arrodillé delante de ella mostrando mi sumisión absoluta, cabizbaja, suplicando sus órdenes..."

Querida Mommy. Gracias una vez más por éstos días y por los que vendrán. Por darme tu mano para caminar juntas. Por ser Tú.

De tu pequeña, Laura.

Comentarios

  1. Me encanta! Enhorabuena por haberse encontrado chicas y que vivan todas las experiencias, sean felices y disfruten mucho más.

    ResponderEliminar
  2. Gracias Vic! Espero que disfrutemos siempre a vuestro lado, compartir chismes y dar ideas y consejos que hagan querer morder a más de una... 😋

    ResponderEliminar
  3. Me gusta mucho la historia, tía. La verdad que es increíble la quimica que ha surgido entre ustedes. Tienes muchas cosas en mente para hacer y ojalá las hagáis realidad. Un abrazo, cariño

    ResponderEliminar

Publicar un comentario

Entradas populares de este blog

Ejune y Patty - Tres días de castigo en una semana (súper injustos, como siempre)

Martes Estaba yo en el trabajo y tenía un antojo grandísimo de chocolate, pero por las normas pactadas no podía comerlo porque me sentaba mal al estómago, el médico no me lo recomendaba, soy intolerante a la lactosa, blah, blah, blah… Total, que como estoy optando al premio a mejor comportamiento del mundo mundial, le escribí a la Jefa, que también estaba en la oficina. Copio el whatsapp literal. Patty: Jefa, puedo pillarme algún dulce de chocolate? Que tengo antojo?. Ejune: No. Patty: Por fi. Ejune: No. Patty: Para un día que tengo hambre. Ejune: No. Patty: Es para acompañar mi segundo café del día. Ejune: Come comida. Patty: He comido pollo asado….  Procedo a enviarle una foto de la estantería de la cafetería dónde están todos los chocolates: Kinder Bueno, Oreo, Kit Kat, Happy Hipo, Huesitos, Filipinos, Croissants de chocolates… Ejune: Muy bien, nada de chocolate. Patty: Por fiiiii. Ejune: No Patty: Vale, está bien. Ejune: Luego te duele la barriga o te da diarrea ...

4. Mónica y Nora - Vuelta a la rutina

Ya habían vuelto de las pequeñas vacaciones y aquella mañana olía a café recién hecho. La casa estaba recogida (milagrosamente), la luz entraba por la ventana, y Mónica ya vestida, organizada, en modo “vida real”. Nora, en cambio, seguía en pijama, sentada en la mesa, sin prisa ninguna. —Buenos días, persona responsable —dijo Nora, removiendo su café. Mónica alzó una ceja mientras se ajustaba el reloj. —Buenos días, persona que claramente no ha vuelto de vacaciones. —Estoy en proceso de reintegración y asimilación —respondió Nora—. Esto requiere tiempo, cariño. No quiero que me quede trauma post vacacional. —Son las diez. —Exacto. Demasiado pronto para ser adulta. Mónica dejó las llaves sobre la mesa. —Tienes cosas que hacer hoy. —Sí —asintió Nora—. ¿Puedo ignorarlas? Nora sonrió. Además, creo que deberíamos replantear esto. —¿El qué? —El reparto de responsabilidades. Mónica cruzó los brazos. —Ajá. —Sí, porque yo aporto cosas muy importantes a esta casa, mi amor. —¿Como cuáles? Nora se...

6. Mónica y Nora - Elegir un mal momento

Uno de los hobbies principales de Nora era que le encantaba molestar a su mujer. Sabía que tenía que ganar puntos para Bratnia, pero principalmente lo hacía porque era su momento de desconexión, de risas, de gamberreo. Tenía un trabajo exigente dónde le exigía seriedad y sin duda esta era una buena forma de vincularse con su pareja desde la relajación. Esa tarde no tenía trabajo, lo tenía todo hecho, estaba la casa recogida, no había informes, ninguna serie de la tele convencía, no le apetecía leer mucho… así que fue en busca de su mujer para ver qué hacía. Mónica estaba en el despacho, trabajando con el portátil, concentrada. Ese silencio de teclado, de foco, de “no molestes”. Nora apareció en la puerta, apoyándose en el marco. —Amor… —Mmm —respondió Mónica sin levantar la vista. —¿Sabías que cuando trabajas te pones muy seria? —Estoy trabajando. —Y también te pones muy guapa cuando te concentras. Silencio. —Nora… —¿Qué? Solo te quería avisar por si no te habías dado cuenta. Mónica su...